En la víspera del Día Mundial del Medio Ambiente, la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ) llama la atención de las consecuencias de la contaminación del aire en el Estado español.
Jaime Castán @JaimeCastanCRT
Martes 4 de junio de 2019
Hace unos meses un estudio realizado por la European Heart Journal, así como por los informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) o de la Agencia Europea de Medio Ambiente señalaban los peligros para la salud generados por la contaminación, calculándose en 8,8 millones el número de muertes escala mundial causadas por este problema y en 790.000 en el marco europeo. Así la contaminación superaría las muertes causadas por el tabaquismo, cifradas en 7,2 millones de personas al año.
A pocos días del Día Mundial del Medio Ambiente, la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) vuelve a poner sobre la mesa el debate, al señalar que la contaminación sería la responsable de 10.000 muertes al año en el Estado español, un número muy superior a las 1.700 causadas por accidentes de tráfico.
Según el SEPAR las partículas más contaminantes serían el dióxido de nitrógeno (NO2), que es el que más muertes provoca en España (en torno a 6.000 al año), seguidos de las partículas en suspensión (2.600 muertes anuales) y el ozono troposférico (más de 500) y otros como el dióxido de azufre, el monóxido de carbono o el plomo. Unos datos que van en la línea de lo planteado por los informes de la European Heart Journal o de la OMS.
Las partículas en suspensión serían causadas por la combustión de los vehículos que circulan por las ciudades y, en especial, por los motores diésel. Un problema que a la fuerza a entrado en el último tiempo en a agenda de los ayuntamientos de las grandes ciudades por la gravedad del asunto. De hecho, los vehículos contaminarían en la misma proporción que las plantas industriales o productoras de energía, un 32’5% para los primeros y un 32,4% para las segundas respectivamente.
Así, en las ciudades, debido a los gases generados por los tubos de escape, se generan y acumulan estas partículas en suspensión consideradas un carcinógeno de primer orden y están muy asociadas a tumores pulmonares, de mama y digestivos.
En un programa emitido por la cadena SER, Isabel Urrutia, neumóloga y coordinadora de medio ambiente de SEPAR, planteaba que “hay evidencia científica que en los días de más contaminación hay más infartos de miocardio, hay más ingresos en urgencias por enfermedades pulmonares y estructura crónica, por ataques de asma, etc.”. La especialista concluía que “es fácil de comprobar la relación de estas enfermedades y muertes porque concuerdan con los días de más contaminación”, por lo que se mostraba en la entrevista partidaria de cerrar las ciudades al tráfico.
El capitalismo en la encrucijada
La degradación del ambiente es uno de los principales problemas que afronta hoy la humanidad a escala global. El capitalismo, responsable del descalabro ecológico que amenaza al planeta, demuestra día a día su incapacidad para llevar a cabo un “desarrollo sostenible”. La lógica de la anarquía capitalista, movida por la sed de ganancias a cualquier costo y esencialmente ecodestructiva, es un callejón sin salida.
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El “capitalismo verde” -un nuevo nicho de valorización del capital que se ha desarrollado de la mano de nuevas industrias “verdes”- muestra constantemente su incapacidad para cumplir siquiera los acuerdos mínimos, ya de por sí insuficientes, que se establecen en las cumbres climáticas internacionales.
Del mismo modo que lo muestran las “transiciones ecológicas” impulsadas por los Estados capitalistas cuyos costos tratan de cargar sobre las espaldas de la clase trabajadora y de los sectores populares. Indefectiblemente, el capital termina arrastrando consigo a la sociedad en un espiral de ajustes, recortes, quiebras, despidos, guerras por recursos, expolios, etc.
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Los niveles de contaminación y destrucción de los ecosistemas exigen la transformación radical del modelo energético e industrial a escala planetaria, algo que nunca va a estar en la agenda política del “capitalismo verde”.
Una cuestión como la contaminación generada por los vehículos de transporte exige un replanteamiento radical, colocando en el centro la salud y el bienestar de las personas. La promoción de los coches eléctricos -reservados a los sectores más pudientes de la sociedad- o las limitaciones de circulación al tráfico en las grandes ciudades, resultan apenas pequeños “parches” que en modo alguno pueden dar respuesta a la crisis actual.
El actual sistema de transporte, fundamentado principalmente en el uso de vehículos privados, se ha transformado en un entramado cuyo único fin es beneficiar a las grandes industrias automovilísticas, de combustibles y de infraestructuras y carreteras, en detrimento de la clase trabajadora y los sectores populares.
Frente a la farsa de las cumbres climáticas y las promesas de un “capitalismo verde” dirigido por las corporaciones imperialistas, es necesario desplegar un programa transicional orientado hacia una completa reorganización racional y ecológica de la producción, la distribución y el consumo.