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Historia. 100 Años de la aprobación del Retiro Obrero en el Estado español

El 11 de marzo de 1919, se implantó el Retiro Obrero, el primer intento de crear un sistema público de pensiones.

Jorge Calderón

Jorge Calderón Historiador y Profesor de Secundaria, Zaragoza

Miércoles 13 de marzo de 2019

Los derechos que tenemos los trabajadores y trabajadoras, como las pensiones, las 8 horas, vacaciones pagadas, salario mínimo y otros tantos fueron conquistas arrancadas con gran esfuerzo y lucha por el movimiento obrero. Por ello, hoy que quieren recortar al máximo, es más necesario que nunca recordar los muertos, las movilizaciones, la gran lucha obrera que costó conseguirlos.

Un gobierno conservador se ve obligado a aprobar el Retiro Obrero
En 1919, en plena crisis del régimen de la Restauración y de la Monarquía de Alfonso XIII el gobierno conservador de Antonio Maura, aprobó el llamado proyecto de ley del Retiro Obrero Obligatorio. Esta ley, promovida curiosamente por uno de los principales nobles y empresarios del país, el Conde de Romanones, contemplaba la edad de retiro del trabajador en 65 años y la pensión que cobraría el mismo sería de una peseta diaria.

Para costear la medida se establecía crear un fondo con aportaciones de diez céntimos mensuales de los trabajadores, de una peseta al mes del Estado y de tres de los patronos, para que, al cumplir los 65 años, los obreros que cobraran menos de 4.000 pesetas anuales y hubieran cotizado más de 20 años pudieran retirarse y la pensión de 365 pesetas al año. Este fondo sería gestionado por el Instituto Nacional de Previsión, un organismo creado en 1908 con el objetivo de diagnosticar los graves y arraigados problemas sociales del país y ofrecer soluciones factibles a los gobernantes.

La medida contó desde su aprobación con el rechazo de los empresarios, que eran totalmente contrarios a pagar para proveer la vejez de sus empleados. Tampoco fue bien recibida inicialmente por muchos trabajadores y trabajadoras que no veían con buenos ojos que se les descontara de sus haberes cantidad alguna para dotar un sistema que muchos no alcanzaban a comprender. El diputado socialista Andrés Saborit lo expresó claramente en una de sus intervenciones parlamentarias al afirmar que: “Los trabajadores del campo, que no han visto la figura del Estado sino cuando ha ido al municipio un representante del poder central que no les ha dejado vivir, un caciquismo indignante, la Guardia Civil, las persecuciones personales. ¿Qué fe le van a tener a estas leyes?”.

Desde luego la clase obrera del país tenía motivos sobrados para desconfiar, ya que aunque positiva, esta ley de Retiro Obrero, se quedó “muy lejos” de las aspiraciones trabajadoras, tanto en su contenido como en su aplicación. La gran masa de trabajadores agrícolas quedó explícitamente excluida de la nueva cobertura y costó que obreros y patronos accedieran a pagar lo que les tocaba.

Además, al fijar en 4.000 pesetas anuales el tope para la percepción de la pensión, el derecho quedó limitado prácticamente a los peones, siendo excluidos la multitud de trabajadores que cobraban salarios por encima de esa parva cantidad. Por último al fijar la edad de jubilación en 65 años, hacía que muchos trabajadores no llegaran nunca a cobrar la pensión o solo pudieran disfrutar de la misma un par de años, ya que la esperanza de vida al nacer en 1919 era de poco más de 40 años. Los propios datos oficiales del organismo encargado eran reveladores. En diciembre de 1920, un año después de la puesta en marcha del Seguro de Vejez, había en toda España solo 282 personas que disfrutaban del mismo, de una población total de más de 21 millones.

Conquistas obreras conseguidas durante el Trienio Bolchevique

La implantación del Retiro Obrero no fue la única conquista obrera conseguida durante estos años. Hay que tener en cuenta, que el país estaba en medio del Trienio Bolchevique (1918-20). Este fue un gran periodo de movilización y lucha obrera y campesina que se inició con la gran Huelga General Revolucionaria de 1917, y donde las mujeres tuvieron un papel protagonista

La otra gran victoria obrera, fue la implantación de la tan ansiada jornada laboral de 8 horas, en abril de 1919, pocas semas después del Retiro Obrero. La misma se produjo como consecuencia de la huelga de “La Canadiense”, la huelga fabril más importante hasta entonces.

Luchemos por mantener lo conseguido y recuperar lo perdido

Como decíamos al principio, el sistema público de pensiones, que se inició con el Retiro Obrero y se consolidó en décadas posteriores, es uno de los tantos derechos que nos quieren arrebatar.

Nos cansamos de oír a economistas burgueses que nos dicen que el sistema actual es insostenible, que debemos trabajar más años, pagar más para al final cobrar menos pensión. Y además, que ya que vamos a cobrar una pensión tan baja, nos hagamos ya un plan de pensiones privada para completar la misma.

Lo único que pretenden es mantener las “pensiones de miseria” actuales, empeorarlas en un futuro y además que se conviertan en un gran negocio privado para la banca. Ante esto tenemos que gritar bien alto ¡Basta! ¡No les vamos a dejar! Por ello, la lucha de los y las pensionistas, que llevan más de un año luchando en la calle, reclamando unas pensiones dignas es el claro ejemplo de lo que debemos hacer como clase trabajadora.

Su lucha es la nuestra porque luchar por mantener y mejorar las pensiones de ahora y del futuro, es la también exigir desde ya de un aumento de los salarios al nivel del costo de vida, terminar con el paro masivo estableciendo jornadas laborales más cortas y repartiendo el trabajo, y acabar con la precariedad laboral y los trabajos a tiempo parcial.