Un total de 17.500 alumnos ha perdido el sistema escolar chileno en medio de la pandemia, lo que equivale a un 0,43% del total de los estudiantes a nivel nacional. Mientras el ministro de Educación Raúl Figueroa insiste con el retorno a clases “seguro”, la situación general que se vive en los establecimientos educacionales da cuenta de otra realidad completamente distinta.

Camilo Jofré Profesor, militante del PTR e integrante de la agrupación de trabajadores de la educación Nuestra Clase.
Domingo 18 de octubre de 2020
La crisis sanitaria, transformada en crisis social y económica, ha golpeado al sistema de educación chileno, y en particular los más afectados han sido docentes, estudiantes y sus familias que se han visto con problemas a la hora de costear los estudios. La perdida de más de 2 millones de puestos de trabajo, en donde existen aproximadamente 750 mil trabajadores con sus contratos laborales suspendidos, muestra la escalofriante realidad que han tenido que sufrir millones de trabajadores y trabajadores en el país.
En los colegios municipales y dependientes de Servicios Locales de Educación se ha perdido el 1,35% de la matrícula, lo que equivale a cerca de 17.500 estudiantes. Para el presidente de la Federación de Instituciones de Educación Particular (FIDE), Guido Crino: “presumiblemente haya una perdida de matricula por casos de deserción escolar”.
¿Era posible llevar adelante el año escolar durante la pandemia?
En medio de un ambiente de encierro y estrés, donde han aumentado los índices de violencia intrafamiliar, además de los problemas económicos cotidianos, se da cuenta de algunos aspectos que han tenido que enfrentar miles de estudiantes. La triste realidad a la cual nos ha arrojado el fracaso de la estrategia sanitaria del gobierno buscó mantener la continuidad de las clases presenciales y el año escolar, mientras en miles de hogares, sobre todo de los sectores mas precarizados, rondaba la muerte.
Todas estas son algunas de las razones que hacían al 2020 un año inviable para llevar adelante el año escolar. Incluso en las universidades públicas ocurre la misma situación, teniendo como ejemplo la Universidad de Tarapacá, con cerca de mil alumnos que tuvieron que dejar de estudiar este año.
Si antes existía el agobio laboral en el profesorado, hoy ha aumentado considerablemente. Incluso muchos docentes dan cuenta de las dificultades para poder enseñar, que en algunos casos resulta imposible por falta de recursos como internet o computadores. El solo hecho de intentar llevar adelante el currículum educacional ya es ridículo dado que es una educación completamente alejada de los problemas diarios que sufren miles de familias trabajadoras.
Incluso, muchos estudiantes plantearon el transformar en albergues o centros sanitarios a todos los establecimientos educacionales, como una forma de poner esa infraestructura al servicios de las necesidades de las grandes mayorías.
La lucha por acabar con la educación de mercado, uno de los pilares de la constitución pinochetista, tiene también como objetivo hacer una educación más sensible, que entienda y de respuesta a las verdaderas problemáticas a la que se ven enfrentada la juventud.