La Ley de Identidad de Género es un avance mínimo democrático que permite que las personas trans puedan cambiar el nombre y sexo registrado. Ahora queda preguntarse si esto basta para terminar con los problemas machistas, homofóbicos y estructurales que existen y por qué demandas debemos seguir luchando.

Mia Valdivia Cerda Auxiliar de aseo del Hospital Regional de Antofagasta, concesionaria Siglo XXI
Viernes 12 de marzo de 2021
La Ley de Identidad de Género tiene más de un año de vigencia, y hasta la fecha son 2.500 personas las que han podido cambiar sus nombres y sexo registrados en el Registro Civil. No solo se han podido cambiar las personas mayores de 18 años, sino que también les adolescentes (96 personas), entre 14 y 17 años, donde de este rango el 77% son mujeres trans y el 22% hombres trans, estando la mayoría en los 16 años de edad, que representan el 40%, mientras que el menor porcentaje de la adolescencia es de los 14 años, con un 9,4%.
En las personas mayores de 18 años se registraron 2.446 personas, por lo tanto, el 58% son hombres trans y el 41% son mujeres trans.
Donde más se han registrado cambios de nombres (+18 años), es la región Metropolitana con un 40%, seguida por la región de Valparaíso; y, en el caso de Antofagasta, se registran 103 personas mayores de edad, que es un 4,2%.
Como vemos, es un avance para que las personas puedan tener una cédula de identidad con su nombre y sexo que ellos deseen. Pero, al mismo tiempo, en una encuesta sobre la discriminación y salud afecto sexual 2020, que realizó el Movilh, el 93% han sufrido episodios de discriminación, 74,4% violencia psicológica, 39,4% violencia física, 25,6% abuso sexual. Al mismo tiempo, 51,1% de las personas encuestadas se autoinfringió algún tipo de daño luego de discriminación, y un 39% trató de suicidarse.
En el 2021 ya han habido suicidios, torturas y asesinatos hacia las disidencias sexuales. Las leyes que legislan los políticos del régimen de los 30 años se han encargado de entregar odio y migajas para nosotres, debiendo sobrevivir a este sistema patriarcal, arrojándonos a la oscuridad, sin trabajo, sin pan, sin salud, sin vivienda.
Las grandes fortunas del país han duplicado sus ganancias en medio de la pandemia, haciéndose más ricos aún, versus a la clase trabajadora que ha sufrido despidos, suspensiones, endeudamiento, confinamientos, y aumento de la violencia de género que se genera en los núcleos cercanos.
Estamos a puertas de un proceso constituyente, en el cual la derecha y los partidos de los 30 años querrán controlarlo a como de lugar, en un proceso que está lleno de trampas, incluso teniendo un tercio de la cámara podrían vetar una ley que sea a beneficio de nosotres. Es por eso que desde la Lista de las y los trabajadores revolucionarios, estamos peleando por entrar, pero no solo se quedará aquí, sino que tenemos que confiar en nuestras fuerzas y de la movilización para darlo vuelta todo.
Es por eso que lucharemos por un verdadero plan de emergencia contra la violencia hacia las mujeres y la diversidad sexual, que se debata en todos los lugares de trabajo, estudios y poblaciones, financiado con los impuestos a las grandes fortunas. Además se necesita que podamos repartir las horas de trabajo entre ocupados y desocupados, para generar nuevos empleos y asegurar cupos laborales trans, sin que nos perjudiquen nuestros sueldos. Todo esto lo podemos lograr con el movimiento de mujeres y diversidad sexual, con la juventud de la mano de la clase trabajadora organizada.

Mia Valdivia Cerda
Auxiliar de aseo del Hospital Regional de Antofagasta, concesionaria Siglo XXI