La precariedad, el modelo laboral del capitalismo español impuesto por los gobiernos del PP y PSOE, viene siendo el motor de lucha y organización de sectores de la clase trabajadora. Algunas propuestas para acabar con ella.
Federico Grom Barcelona | @fedegrom
Miércoles 7 de febrero de 2018

Aunque se recuperaran las ganancias patronales a niveles pre crisis, no ha sido así con otros indicadores que hacen a la vida de las mayorías como los salarios, el paro y la calidad del empleo.
A seis años de la reforma laboral del gobierno del PP, saldrán a las calles la plataforma NO + PRECARIEDAD en más de 22 ciudades del Estado español. Diferentes sectores de trabajadores y trabajadoras en situación de precariedad o que vienen protagonizando luchas o procesos de autoorganización, colectivos sociales, sindicatos alternativos y organizaciones de izquierda, han adherido a esta plataforma. El hartazgo de millones que viven en la pobreza comienza a mostrar su músculo en el Estado español a través de procesos de lucha y organización.
El Estado español está a la cabeza de las cifras europeas de pobreza y precariedad, no solo como una de las consecuencias de la crisis, sino como uno de los motores de la recuperación tan festejada.
El programa del “mal menor” sostenido por las direcciones burocráticas de los sindicatos mayoritarios es un cómplice necesario en el brutal retroceso de derechos que sufre nuestra clase.
Es necesario oponerle claramente un programa que dé respuesta a las necesidades de las inmensas mayorías sin titubear a la hora de hacerlo en detrimento de las ganancias milmillonarias de la minoría capitalista. Algunas propuestas para debatir y reflexionar al respecto.
1) Igual trabajo Igual salario
Igualdad salarial entre hombres y mujeres. Prohibición de las tablas salariales “b”, del fraude de los contratos temporales, las ETTs, los falsos autónomos, las externalizaciones, las contratas y subcontratas así como todos los mecanismos de precarización del trabajo. Basta de becas y contratos en prácticas para la juventud. Pase a planta permanente de todos los trabajadores ya sea en el sector público o privado. Remunicipalización de los servicios públicos.
2) Impuestos progresivos a las grandes fortunas para financiar “el salario
indirecto”: educación y sanidad
Hoy pagan menos impuestos quienes más tienen. Incluso muchos no pagan, o bien porque evaden con total impunidad o bien porque están exentos como la iglesia, una de las mayores propietarias de todo el Estado. Incluso la propia banca fue “auxiliada” con dinero público que no pretenden devolver ni se lo pretenden reclamar, y que pasó a engordar la deuda pública y sus intereses. Al mismo tiempo se ha aprovechado la crisis para desmantelar toda una serie de conquistas sociales como la sanidad y la educación. Por esto, la lucha por servicios públicos gratuitos, de calidad y de carácter universal, financiados en base al no pago de la deuda ilegítima y el aumento progresivo de impuestos a las grandes fortunas es una cuestión de vital importancia para combatir la precariedad.
3) Basta de secretos contra los trabajadores. Apertura de los libros de contabilidad
Siempre se alega a “pérdidas” para atacar las condiciones de los trabajadores, aumentar los ritmos de trabajo y deshacerse de nosotros como material descartable. Un verdadero chantaje amparándose en el secreto industrial y comercial, mediante el que esconden sus verdaderas ganancias. Convierten así a la economía en una timba en la cual “la casa siempre gana”.
4) Expropiación por el Estado sin pago de toda empresa que cierre o despida bajo control de sus trabajadores
Ahora bien, si abiertos los libros de contabilidad las empresas tienen efectivamente pérdidas, es por los malos negocios de los capitalistas y no por responsabilidad de sus trabajadores, a los cuales se les debe garantizar los medios de subsistencia. El Estado debe expropiar estas empresas y garantizar su continuidad poniendo su producción al servicio de las necesidades sociales, mientras los trabajadores llevan adelante su gestión.
5) Reparto de las horas de trabajo sin rebaja salarial ¡Trabajar menos, trabajar todos!
Toda la riqueza social es creada por el trabajo. Es por ello que la batalla librada por los tiempos de trabajo y sus ritmos es de larga data y no tiene cuartel. Para la patronal significa aumentar sus ganancias. Para la clase trabajadora significa su vida misma. Por ello la reducción de la jornada laboral es una demanda de honda tradición en la historia del movimiento obrero internacional.
Los enormes saltos en los procesos de robotización y automatización de la producción y el comercio, que han traído un aumento extraordinario de la productividad del trabajo, no se han reflejado en un descenso de las horas de trabajo. Por el contrario, mientras estos procesos generan ingentes ganancias para unos pocos, se acentúa la creación de una masa de parados permanente, una presión a la baja de los salarios y la extensión del trabajo sumergido.
Repartir las horas de trabajo entre todas las manos disponibles sin afectar el salario. La reducción de la jornada, por ejemplo, a 6 horas de trabajo y el tope de una semana laboral de 5 días, sin rebaja salarial y con un salario acorde a las necesidades de la vida, permitiría la creación de cientos de miles de puestos de trabajo en todos los sectores.
6) Expropiación de las viviendas vacías
Cientos de miles de familias perdieron su vivienda durante la crisis, y esta cuestión sigue siendo uno de los problemas más agudos entre las familias trabajadoras. Otro de los rasgos distintivos de la precariedad que rodea todos los aspectos esenciales de la vida. Para combatir esta situación es necesaria la expropiación de todos los pisos vacíos en manos de la banca y los especuladores para la creación de un parque público de viviendas accesibles que representen un pequeño porcentaje de un salario. Lo que serviría para combatir la gentrificación que expulsa hacia la periferia a los sectores con pocos recursos y dar una solución radical a este problema.
Unidad de los trabajadores para pelear
La consecución de un programa de este tipo no será fruto de una negociación con las patronales sino de una dura pelea, como ha sido siempre que la clase trabajadora han conquistado o defendido efectivamente algún derecho.
Para esto es necesario desarrollar la más amplia unidad de acción en los centros de trabajo poniendo nuestros intereses más elementales como clase por encima de las diferencias de aparatos sindicales. Es de vital importancia que los trabajadores con mejores condiciones y más organización tomen la defensa de los sectores más precarios, -la juventud, las mujeres y las personas inmigrantes- como si de ellos mismos se tratase. Y las organizaciones sindicales, que vienen hace décadas no sólo firmando EREs, sino abandonando a estos sectores, deben ponerse manos a la obra en su organización.
Por ello acciones como las planteadas para el próximo 10F por la plataforma “No + precariedad”, es un aspecto relevante a 6 años de la implementación de ésta durante los cuales la burocracia sindical ha mantenido el más criminal silencio.
Movilizaciones como la del próximo sábado deben servir como primera piedra para poner en marcha un verdadero movimiento organizado que levante un plan de lucha común, más allá de siglas sindicales, sectores o intereses corporativistas.