En el 2008 sucedió en la siderúrgica Acindar, ubicada en Villa Constitución, una terrible tragedia que se cobro la vida de dos jóvenes y nos dejó marcados a miles. Comparto un breve relato.

Luciano Molina Delegado en Acindar Villa Constitución, integrante del Movimiento de Agrupaciones Clasistas
Jueves 7 de febrero de 2019 11:17
Hace once años me tocó vivir uno de los hechos más tristes de mi vida, tener que socorrer a dos compañeros accidentados. Es el día de hoy que aún siento el olor al caucho de mis botines derritiéndose.
Un “plato” que servía como dispositivo de aislación entre los trabajadores y la solera (fondo) del horno reventaba. El agua en su interior no circulaba y la excesiva temperatura hizo que el vapor acumulado levantara presión hasta que la estructura no soporto más y reventó, voló por los aires. Parados arriba de este plato se encontraban dos jóvenes, Alfredo Dianda y Nicolas Correa, 22 y 23 años.
Pertenecientes a la empresa Serscay. Jóvenes con los cuales compartíamos un rato el aire acondicionado de la cabina del horno en medio de las agobiantes jornadas de trabajo, un poco de agua fresca, unas quejas por la mugre o algún chiste al pasar. Jóvenes que, al igual que el resto de sus compañeros, debían meterse a reparar el horno cuando aún no se había enfriado, gracias a los acuerdos que habían realizado la empresa Acindar, Serscay y el sindicato, dirigido por ese entonces por Victorio Paulon. Cuanto antes se terminara la reparación y se entregara el horno, más se cobraba, un plus por cada hora que se adelantara a lo estipulado. Los salarios en las empresas tercerizadas son lo suficientemente bajos como para “obligar” a los compañeros a aceptar estos acuerdos.
Se escuchó una gran explosión, el ambiente se llenó de humo y polvo, llovían pedazos de ladrillos refractarios que nos golpeaban en la cabeza y la espalda. Me pude acercar al horno y no dude en entrar junto a otros tres compañeros de Serscay, sacamos a uno, quede solo dentro del horno oliendo el caucho quemado de mis botines, cuando giro la cabeza veo a otro de los pibes, tapado de ladrillos, pido ayuda a los gritos, al aire, ante la mirada shockeada de muchos compañeros alrededor, nadie entendía nada, hasta que uno me ve y entra, lo arrastramos para sacarlo por el fondo del horno mientras nos decía "me está quemando". Los manguereamos para apagarlos, el servicio médico de la fábrica demoro varios minutos porque “estaban perdidos” y no sabían por dónde llegar al sector. Recién después de todo esto, llegaron los “técnicos” en seguridad e higiene de Acindar, a prepotearnos y decirnos que nos corramos y “los dejemos trabajar”, recuerdo que mi supervisor me agarro del brazo y evito que lo agarre a las trompadas ( yo estaba contratado). Los de RRHH, con su mejor cara de cínicos, vinieron a ofrecerme psicólogo y si necesitaba días para descansar, les conteste que lo que necesitaba es que me aseguren que mis compañeros y yo, íbamos a volver vivos a nuestras casas después de la jornada de trabajo, agacharon la cabeza y se fueron. Yo estaba cumpliendo mi segundo contrato para Acindar, luego de haber pasado por una tercerizada. El sábado 8 de febrero de 2008, los chicos fallecen. La noche del velatorio, se quisieron acercar hasta la sala los dirigentes gremiales, Paulon y su grupo bajaron de la 4x4 que estacionaron en diagonal a la funeraria, pero no pudieron terminar de cruzar la calle, los compañeros de Alfredo y Nicolas hicieron una ronda y dejaron en claro que no los iban a dejar pasar y uno de ellos se acercó y les aviso que se dieran media vuelta y se fueran. Así fue. Unos de los "históricos" Alberto Piccinini, se puso en la puerta cabizbajo repitiendo que ellos eran responsables de lo que había pasado. Claro, en ese momento Piccinini había pasado a ser opositor, luego de años de co-dirigir el gremio junto a Paulon. El lunes 10, Acindar “abrió sus puertas” como si nada hubiese pasado, inmediatamente los compañeros de todas las tercerizadas se concentraron en las puertas del sindicato y exigieron un paro para mejorar las condiciones de trabajo. El paro y la movilización desde Acindar hasta la plaza central de Villa Constitución fue el martes 11, donde miles de trabajadores salimos a repudiar estos asesinatos patronales. La movilización más grande desde el conflicto del 91.
La semana siguiente nos llamó prefectura a declarar, para que contemos como fueron los hechos. Es el día de hoy, once años después que no hay nadie cumpliendo ninguna condena, ni siquiera un responsable despedido. El jefe de turno (Acindar) que se encontraba al frente de ese trabajo, estuvo de licencia un buen tiempo y luego volvió a un puesto inventado a seguir cobrando un sueldo. La empresa Serscay sigue siendo la encargada de la reparación de los hornos.
Luego de estos sucesos, la gobernación de la provincia, el ministerio de seguridad e higiene y el de trabajo, las cámaras empresarias y los sindicatos montan la Ley de Comités Mixtos de seguridad e higiene. Un comité donde participan en partes iguales gremio y patrón, pero teniendo la presidencia este último. Es como si el lobo y los cerditos se juntaran a discutir como tendrían que construir sus casas.
Hoy once años después de este terrible hecho, tenemos que seguir lamentando accidentes y discutiendo con la empresa para que mejore las condiciones de trabajo. Pegan carteles con la consigna "que la seguridad la hacemos entre todos" que "te esperan en casa, cuidate" y cosas así, pero si paras un trabajo por considerarlo inseguro te tratan de vago y que te negas a trabajar. Eso lo vivimos los efectivos, en los contratados y tercerizados la presión aumenta exponencialmente.
Alfredo Dianda y Nicolas Correa serán una bandera de lucha contra la precarización laboral que siempre llevaremos en alto. Porque no queremos dejar nuestras vidas en sus fábricas ni cambiar nuestra salud por su ganancia es que seguiremos luchando para que no haya más muertes en los lugares de trabajo, que no haya más precarización ni tercerización. Para que podamos vivir una vida libre de explotación. Porque queremos una vida que merezca la pena ser vivida, lucharemos por terminar con este sistema que la oscurece día a día.