El 30 de enero de 1969, los Beatles ofrecerían un concierto improvisado en la azotea de su compañía disquera, Apple Corps, mientras filmaban un documental. Tocando varias tomas de los temas que saldrían en Let It Be, sería la última vez que la banda tocaría en vivo.

Óscar Fernández @OscarFdz94
Miércoles 30 de enero de 2019
En 1969, los Beatles estaban en una etapa compleja. Por una parte, venían de haber sacado el año anterior el llamado Álbum Blanco, con varias canciones experimentales, desde lo que muchos consideran el preámbulo del punk con “Helter Skelter”, pasando por la creatividad de George Harrison con “While My Guitar Gently Weeps”, referencias a la primera ola del ska con “Ob-la-di, Ob-la-da”, hasta la mezcla extraña de sonidos de “Revolution 9” (que acompañaba la postura de John Lennon sobre el movimiento de protestas con “Revolution” y “Revolution 1”).
Pero por otra, esa experimentación estaba llegando a puntos tensos. Había discusiones constantes, además no ayudaba mucho la presencia de Yoko Ono, a quien Lennon había conocido poco antes; justamente él describiría que el Álbum Blanco sería la suma de las canciones de los integrantes y no un disco como los que habían sacado anteriormente.
Es en ese contexto que a Paul McCartney se le ocurrió la idea de "grabar un álbum con nuevo material y practicarlo para luego tocarlo frente a una audiencia en vivo por primera vez, tanto en el disco como en la película". Así surgió Let It Be, que se desviaría de las producciones fílmicas anteriores del cuarteto de Liverpool.
Si A Hard Day’s Night era una parodia documental de lo que pasaba en un día cualquiera de la banda en medio de la Beatlemanía, Help! era una parodia de las películas de James Bond, Magical Mystery Tour era una película de televisión de psicodelia y Yellow Submarine la única producción animada de la banda, Let It Be detallaría la producción de un álbum de principio a fin. Pero la tensión era palpable y en varias ocasiones se filmó a los integrantes discutiendo y abandonando el estudio; Lennon describió las sesiones de grabación como "el infierno ... el más miserable ... en la Tierra", y Harrison diría que estaban "en el punto más bajo de todos los tiempos".
Justamente para calmar los ánimos, Harrison invitaría al tecladista Billy Preston para que la relación fuera más amena en las sesiones de grabación. Para concretar la idea del concierto en vivo, se decidió tocar en el techo del edificio. Las fuentes varían en quién habría sido la mente detrás de la idea: según Ringo Starr, la idea habría sido de John Lennon, pero el ingeniero de sonido Glyn Johns afirma que la idea fue suya.
Cualquiera que sea el caso, lo cierto es que el cuarteto de Liverpool y Billy Preston terminaron tocando en la azotea junto con parte del equipo de sonido y de la película. Otros camarógrafos grabaron desde ventanas adyacentes y desde la banqueta, sorprendiendo a transeúntes mientras disfrutaban de su almuerzo.
Sería la última vez que los Beatles tocarían en vivo. Antes de la azotea, su último concierto había sido en el estadio de Candlestick Park (San Francisco) en 1966. Muchos fans especularon que el concierto anunciaba un regreso de las giras, pero tal cosa nunca sucedería.
Si bien después grabaron las sesiones de Abbey Road, éste salió primero que Let It Be. Con esto terminaba la historia de los Beatles, que poco después se separarían para nunca más tocar juntos. A pesar de ello, la influencia que habían puesto de manifiesto, para bien o para mal, inspiró a varios artistas que hasta hoy reconocen que la década de los 60 no habría sido igual sin los “Fab Four”.

Óscar Fernández
Politólogo - Universidad Iberoamericana