La DC es el partido más afectado por el periodo presidencial de Bachelet y las elecciones presidenciales 2017. Con una derrota aplastante, discusiones sobre la orientación interna y una fuga importante de militantes históricos, la alicaída falange busca ubicarse en el espectro político para no perder su peso.
Miércoles 1ro de agosto de 2018
Se trata de uno de un partido que ocupó un rol de peso durante los 60, pasando por el retorno pactado a la “democracia”, la Concertación y la EX Nueva Mayoría; el partido influenciaba a gran parte de la población, conquistando cientos de miles de votos a su programa político y que se encuentra sumido hoy en una crisis importante, donde pasaron de ser una falange con gran peso a tener un mínimo de votantes en las presidenciales y parlamentarias.
Y es que durante el fin del periodo de Bachelet y las presidenciales del 2017 la falange atravesó –y atraviesa- una crisis de la que aún no se puede recomponer. Un porcentaje mínimo de votos, y un retroceso de 21 a 14 parlamentarios, además de la fuga del sector “progresismo con progreso” del partido como Mariana Aylwin, marcaron la tónica de la crisis, a la que se le añade la reciente salida de Gutenberg Martínez. Sobre este último punto, cabe destacar que el diagnóstico común entre los militantes que se quedan y los que han renunciado es la falta de unidad estratégica, cuestión que se vio tensionada con los resultados electorales que marcaron una baja histórica, mientras emergía por la izquierda el Frente Amplio.
Vacilando entre la derecha, el centro y la centroizquierda del Partido Radical y del Partido Socialista, la Democracia Cristiana busca lo que será su ubicación en el espectro político durante los llamados “tiempos mejores”.
Sin embargo, a esta situación se le añade también la crisis que atraviesa la Iglesia Católica, en donde también la Democracia Cristiana deberá responder sobre si pasa a ser un centro político laico o mantenerse como un centro y portavoz político del Vaticano en el parlamento. Además de volver al espacio de la política, en donde la DC, según el historiador Alejandro San Francisco, en entrevista con El Líbero, afirma que: “Su mayor desafío práctico es superar la irrelevancia política en que quedó sumida tras la elección”.
Y es que la reconfiguración que abrió el resultado de las elecciones 2017, con la consolidación del Frente Amplio en el parlamento y el retorno de Piñera al sillón presidencial hizo que la política y los partidos tradicionales buscaran acomodarse a este cambio.
Es así que, de mantenerse en la “relevancia política”, pareciera que la falange presentara tres posibles escenarios:
1. Sumarse como partido de centro al espacio de la centro-derecha de ChileVamos, buscando así profundizar en sus raíces más religiosas y neoliberales en lo económico, teniendo como punto de encuentro la llamada “agenda valórica” del gobierno en materia de aborto, matrimonio igualitario, ley de identidad de género, entre otros.
2. Sumarse al llamado del Partido Socialista a realizar una oposición parlamentaria al gobierno de Piñera, arrastrando así al Partido Radical, funcionando como ala moderada y conservadora de la oposición.
3. Como el escenario más probable: mantenerse en acuerdos con ChileVamos por un lado como lo vimos con su aprobación al estatuto laboral juvenil y rechazo al derecho al aborto por un sector, y por otro con la oposición, buscando solidificarse como centro frente a los sectores de la población que no encuentran representación en la derecha ni en la ex Nueva Mayoría ni en el Frente Amplio.
La postura que tome la Democracia Cristiana, pese a verse sumida en una crisis en donde puede caer en la “irrelevancia política”, en donde el debate político reflejado en la prensa apunta más a la derecha y al Frente Amplio como escenario incipiente de polarización, marcará la configuración política de los próximos años.
¿Hacia un retorno de la configuración política de los tres tercios?
Como el Chile de los tres tercios se conoció al país durante la década de los 60 por su configuración política, expresados en derecha, centro e izquierda, quienes contaban con partidos y figuras políticas que influenciaban a una gran cantidad de la población. Se trataba de un escenario histórico de polarización y politización a nivel internacional.
Sin embargo, la situación dentro de la política actual ha cambiado respecto al periodo de Frei Montalva, en donde se podía apreciar a un centro fuerte que llegaba al gobierno como partido único, además de tener una gran inserción en sectores populares y sindicales, sobre todo por sus acciones de servicio religioso. Es más, hoy vemos a un centro político sumamente debilitado, sumido en una crisis histórica, buscando cuál será su ubicación en los próximos años.
A todo este clima, se le añade la incipiente polarización que se puede apreciar a nivel político, es decir, en la misma distribución de las bancas parlamentarias, en donde ningún sector tiene la mayoría de los votos, y una incipiente polarización político-social a través de movimientos sociales, tales como la demanda por el derecho al aborto, la lucha contra los despidos, y la emergencia de grupos ultra-derechistas y fascistas, respaldados y envalentonados por la figura de José Antonio Kast.
El escenario de polarización político-social no es ajeno al rumbo que tome la Democracia Cristiana, debido a que de sumarse a la derecha o al sector de la oposición, podría inclinar la balanza a uno de los dos sectores políticos que comienzan a acomodarse en miras de las próximas elecciones.
Mayores momentos de polarización requieren mayores niveles de organización. Es por esto que los trabajadores y sus familias que se ven amenazadas hoy por el creciente fenómeno de los despidos y de la tasa de desocupación, el movimiento de mujeres que se propone levantar un movimiento por el derecho al aborto legal, libre, seguro y gratuito, además de los jóvenes que se ven amenazados hoy por el trabajo esclavo al que empuja el estatuto de laboral juvenil, debemos apostar a la más amplia unidad de los trabajadores, estudiantes, movimiento de mujeres, organizaciones políticas de Izquierda, y sectores en lucha. No podemos conformarnos con los límites de una oposición meramente parlamentaria. Nuestros derechos podemos conquistarlos con nuestra propia fuerza organizados en las calles, tal y como lo han venido demostrando las miles de personas que se han movilizado por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito en la Argentina.