La importante movilización de este domingo volvió a expresar el descontento social ante el ajuste. Mostró además como se prepara la Iglesia para contener el mismo.

Eduardo Castilla X: @castillaeduardo
Lunes 8 de agosto de 2016 00:30
Fotos: Enfoque Rojo
Si se avanzaba desde el cruce de Avenida de Mayo y 9 de Julio hacia la Plaza de Mayo, caminando por la primera de esas arterias, se podía ver en cada esquina una larga bandera que cruzaba la calle con las consignas convocantes a la movilización: Tierra, pan y trabajo, contra el ajuste del gobierno.
Que las banderas se repitieran a medida que se acercaban al centro del poder político nacional no parecía casual. Hablaba de una manifestación política, claramente opositora, que tenía poco que ver que la celebración en sí misma, del día de San Cayetano.
Así se dejaría ver también en los discursos de cierre, que permitieron además revelar el importante peso de la Iglesia en la convocatoria, así como diferencias entre las organizaciones participantes.
De Liniers a Plaza de Mayo
A las 14 h, miles de personas ocupaban una franja que se extendía, de corrido, desde la esquina de 9 de julio y Avenida de Mayo hasta el Congreso de la Nación. En algunas cuadras la gente se encontraba más concentrada, en otras más dispersa, pero de conjunto se trataba de una enorme concentración. Los organizadores hablaron de la presencia de 100.000 personas. La estimación de La Izquierda Diario reduce la cantidad a la tercera parte de esa cifra, lo cual no niega la importancia de la misma.
Las columnas más numerosas fueron las de la CTEP (Central de Trabajadores de la Economía Popular), del Movimiento Evita y del Movimiento Popular La Dignidad, organizado dentro de la central. Barrios de Pie y la CCC, con columnas más reducidas, aportaron el resto de la movilización. Aquí y allá de veían carteles y banderas que daban cuenta de la procedencia territorial de los manifestantes: Almirante Brown, Lanús, Quilmes, Florencia Varela. Las identificaciones trascendían el Conurbano: Córdoba, Mendoza y otras provincias tenían su lugar en la movilización que, cerca de las 15 h, ingresaba en Plaza de Mayo.
Mostrando la amplitud de la movilización, se sucedían las banderas del Movimiento de Misioneros Franciscanos, el sindicato de los trabajadores motoqueros, la FUBA, la FULP, Patria Grande y el Sindicato de Comercio de CABA, éste con una pequeña delegación. Enormes carteles con la imagen del papa Francisco se veían aquí y allá, sin terminar de conformar un paisaje uniforme pero dando la tónica del peso de la Iglesia.
Si bien la movilización estaba marcada por la preeminencia de sectores populares y humildes, la presencia de personas de clase media también era un componente a tomar en cuenta.
Como ocurrió el pasado 29 de abril, en el acto convocado por las conducciones sindicales burocráticas en el Monumento al Trabajo, otra vez franjas de las clases medias progresista se hicieron presentes para protestar contra el Gobierno y su política de ajuste. Aplausos y cánticos de apoyo cuando las columnas del Evita y la CTPE entraban a la Plaza fueron parte del paisaje de este domingo soleado.
Como ocurrió en aquel entonces, la concentración funcionó como catalizador de una oposición política y social que no encuentra otros canales, en el marco de las divisiones del kirchnerismo y del llamado -casi permanente- de Cristina Fernández a “no hacer oposición”. Cabe resaltar que, aunque hubo presencia de dirigentes de ese espacio político, brillaron por su ausencia banderas de La Cámpora, Unidos y Organizados o alguna otra organización kirchnerista.
La presencia de Nora Cortiñas, Adolfo Pérez Esquivel y Osvaldo Bayer –que llegó ya iniciado el acto- evidencia que la concentración tomó un carácter claramente opositor.
Con la venia de Francisco
Por la mañana, en Liniers, durante la misa celebrada por la festividad de San Cayetano, Mario Poli -arzobispo de Buenos Aires- había citado las palabras de Francisco donde reclamaba “progreso, paz y justicia para todos” al tiempo que afirmaba que “cuando pedimos trabajo para llevar el pan a casa, estamos pidiendo dignidad”.
A pesar de la ambigüedad propia de cada discurso o documento papal, resulta evidente que funcionó como un aval a la movilización y una crítica a las políticas del Gobierno.
La influencia de la Iglesia terminó de mostrarse en el discurso de cierre del acto, a cargo de Esteban Castro, secretario general de la CTEP quien pidió, a poco de empezar a hablar, un ¡viva! para la Virgen de Luján, para más tarde afirmar que “somos parte del “pueblo de dios” y recordar que se habían encontrado con un papa que les propuso hacer “la reforma agraria” y entonces “cómo no vamos a reivindicar al papa”.
Antes de Castro hablaron Amancay Ardura (CCC) y Daniel Menéndez, por Barrios de Pie. El tono de los discursos fue claramente de oposición al gobierno de Macri.
“Acá estamos los agredidos del modelo económico” disparó Menéndez, para luego recordar las medidas implementadas a favor del gran empresariado. En el olvido del referente parece haber quedado el hecho de que Libres del Sur -fuerza ligada a Barrios de Pie- fue parte del Frente Cambia Mendoza que permitió el triunfo de Alfredo Cornejo en esa provincia, hoy uno de los “gobernadores ejemplares” para Macri.
Ardura, junto a la denuncia contra el ajuste, criticó al kirchnerismo recordando la “herencia recibida”. Después de reivindicar una excesivamente larga “tradición de lucha” que empezaba en Ongaro y los programas de Huerta Grande y La Falda, pasaba por Saúl Ubaldini y terminaba en la resistencia de estos años, fue el único en criticar la pasividad de las direcciones sindicales. “¿Quieren seguir esperando? Nos parece egoísta” lanzó. Su extenso discurso terminó mientras se escuchaba de fondo el famoso “vamos a volver, a volver, vamos a volver”. Seguramente fue también una forma de recordarle a Ardura el largo alineamiento de la CCC con todas las variantes de oposición patronal, cuestión que arrancó en 2008 junto a la oligarquía terrateniente.
La Iglesia y la crisis social
La movilización dio cuenta de la extensión de la crisis social como resultado del ajuste. En ese marco, la Iglesia, sin hacerlo de manera pública, fue parte impulsora de la convocatoria que estuvo protagonizada por las organizaciones sociales.
En un marco signado por la tregua que sostienen las organizaciones sindicales burocráticas y por la ausencia de una oposición real por parte del kirchnerismo al ajuste, resulta evidente que otras instituciones deben buscar el lugar de canales de contención frente al creciente descontento. La Iglesia, bajo la dirección de Francisco, parece proponerse jugar ese rol.
La historia de la Iglesia en las últimas décadas está ligada a la contención del descontento social en aras de garantizar, en última instancia, la estabilidad del régimen político capitalista argentino. Su labor en los meses previos y posteriores a diciembre de 2001 está ahí para testimoniar el rol de freno a las tendencias independientes de sectores de los trabajadores y el pueblo. A esa misma tarea parecen apostar ahora, de la mano de las organizaciones sociales que se movilizaron este domingo.

Eduardo Castilla
Nació en Alta Gracia, Córdoba, en 1976. Veinte años después se sumó a las filas del Partido de Trabajadores Socialistas, donde sigue acumulando millas desde ese entonces. Es periodista y desde 2015 reside en la Ciudad de Buenos Aires, donde hace las veces de editor general de La Izquierda Diario.