Bárbara Brito, dirigenta de Pan y Rosas y ex vicepresidenta FECh, debate con diputadas del conglomerado que llaman a fortalecer una "izquierda feminista" en el parlamento.

Bárbara Brito Docente y ex vicepresidenta FECH (2017)
Miércoles 21 de febrero de 2018

Hace algunos días se publicó un artículo en The Clinic de diputadas del Frente Amplio en el cual hacen un llamado a fortalecer la izquierda feminista del conglomerado.
Si para la Nueva Mayoría el slogan de fin de mandato (“defender lo conquistado”) buscaba capitalizar el acierto político que tuvieron tras la legislación del derecho al aborto en tres causales, desdeñando la lucha de las mujeres en la conquista por este derecho, pretendiendo quedarse con la titularidad del triunfo; el Frente Amplio pareciera tener menos claridades que certezas en su agenda de género, y un discurso político mohoso, encerrado en las paredes del parlamento.
Llama particularmente la atención que Camila Rojas y Gael Yeomans, autoras del texto citado, que tienen una historia en el movimiento estudiantil, no hablen en ninguna ocasión de la calle, de la organización de base de la mujer trabajadora y estudiante, o del propio 8 de marzo, frente al cual diversas organizaciones políticas y feministas, trabajadoras organizadas como las mujeres del centro cultural Gabriela Mistral, funcionarias del ex pedagógico o de Correos de Chile, nos preparamos para participar activamente, y llenar las calles bajo el grito de no más precarización.
Se limitan a hablar de “trabajo territorial” sin especificar a qué se refieren con eso y hacen un llamado dirigido exclusivamente a las mujeres del frente amplio con el fin de articularse para “incidir, presionar y fiscalizar” en los marcos de la labor parlamentaria, lo que permitiría un “avance estratégico”. Es un llamado dirigido hacia su conglomerado para poner la fuerza en la acción parlamentaria, pero como práctica política desligada de la organización de millones de mujeres que sufren en silencio las cadenas de la opresión y la explotación y que aún no se encuentran organizadas.
Si un primer problema del planteamiento de las diputadas del Frente Amplio tiene relación con el público al cual se dirigen y con los marcos en los que se circunscribe su acción, un segundo problema es la indefinición a la hora de hablar de “avance estratégico”. Cabe preguntarse entonces ¿a qué se refieren con “avance estratégico”? ¿avance hacia dónde?
El escrito es consecuente, pero hacia una estrategia de reformas parciales dentro de los límites del capitalismo, en la misma lógica de la Nueva Mayoría de la cual dicen diferenciarse. Cuestionan que el proyecto de aborto en tres causales es un derecho mínimo y está muy lejos de responder al grito en la calle de las mujeres que reclamamos el derecho al aborto libre, legal, seguro y gratuito. Eso es correcto, pero el Frente Amplio no ha puesto a disposición sus 21 parlamentarios en organizar en la calle la lucha por el aborto libre y gratuito e integrando los derechos de la mujer trabajadora. Esto pasa por fortalecer la Coordinadora 8 de marzo y transformarla en un espacio aglutinador de miles de mujeres inmigrantes, trabajadoras, dueñas de casa, estudiantes, levantando una ofensiva campaña de la mano de los trabajadores, para conquistar demandas como el derecho al aborto libre, igual trabajo igual salario, derecho efectivo a salas cunas, entre otras.
¿es posible la conquista de mayores derechos para las mujeres trabajadoras sin pensar cómo fortalecer la organización desde la base en los lugares de trabajo y estudio y el peso de la lucha en la calle? Es evidente que no.
Otra debilidad es que devalúan el debate con la derecha, no planteando que es un peligro que el próximo gobierno de Piñera pueda atacar las pequeñas conquistas que hemos obtenido, otra razón para fortalecer la organización y la lucha en las calles.
Entendemos que no se trata de desechar el espacio parlamentario, sino de pensar y plantear con claridad cuál es el centro de gravedad. Para las feministas revolucionarias y socialistas es la organización en los lugares de trabajo y estudio y la movilización en las calles de la mano de la clase trabajadora y otros sectores oprimidos como la diversidad sexual. A diferencia de las diputadas del Frente Amplio, nuestra prioridad está en la organización y fuerza de las mujeres en las calles
Kollontai escribe un folleto sobre el 8 de marzo, el Día de la Mujer Trabajadora en el cual relata la importancia de fortalecer la organización de la mujer trabajadora tomando esta fecha como excusa. En él sentencia la separación definitiva del camino emprendido por la mujer trabajadora y las sufragistas burguesas. La distancia se impuso en los objetivos de la acción política y en las condiciones materiales de supervivencia. Así, el feminismo liberal se centró en la conquista de mayores derechos políticos para vivir con mayor comodidad sin pensar en que una gran mayoría de la población de hombres y mujeres, pero sobre todo de mujeres, vive en la pobreza y sufriendo no sólo de la doble explotación sino de las miserias que el machismo impone en una sociedad levantada sobre los pilares de la desigualdad social por razón de sexo y género. “Para las mujeres obreras, los derechos políticos son un paso en el camino empedrado y difícil que lleva al deseado reino del trabajo”, afirmaba. Reino que está muy lejos de ser el paraíso de la igualdad, por el contrario, allí se sufren los salarios de hambre, enormes brechas salariales y precarización laboral en general para la mujer trabajadora. Entonces, no hay opción, la organización de la mujer trabajadora se transforma en un imperativo.
No se trataba de criticar la acción parlamentaria, sino de imprimir con sangre y fuego que quienes defendemos los derechos de las mujeres, para conquistar nuestra total emancipación, debemos mirar con desconfianza el parlamento y utilizar las diputaciones y senaturías para denunciar la propia institución y los intereses que defiende.
Lenin hablaba en el ¿Qué hacer? de “tribunos del pueblo” refiriéndose a que la política necesariamente debía pararse desde la defensa de los intereses de las y los trabajadores y sectores más oprimidos, así como dirigir su voz fuera de los problemas gremiales, transformándolos en problemas políticos generales, influyendo así a otras capas y sectores de la población. Cualquier intervención o conquista parcial debe hablar a mujeres, jóvenes, trabajadores, pero para conducirlos al combate contra la sociedad capitalista y por la conquista de la total emancipación de la mujer.
En este sentido los límites del congreso son claros: ¿podemos conquistar desde allí pequeñas reformas? Si, pero serán pan para hoy y hambre para mañana si cada paso que damos no se cimienta en un fuerte movimiento de mujeres organizadas en cada rincón del país y utilizamos las tribunas parlamentarias para fortalecer aquello.
Sin embargo, el Frente Amplio parece no querer avanzar hacia allá, su “avance estratégico” continúa encerrado en las paredes del parlamento y, con ello, de la tan bullada miseria de lo posible. Su objetivo, como las mismas diputadas escriben, lejos de buscar fortalecer la lucha en las calles para acabar con la explotación capitalista y acabar con la opresión a la mujer y la diversidad sexual, se reduce a “frenar la profundización del modelo neoconservador e impugnar la sociedad neoliberal”, lo que hace imposible cuestionar la sociedad patriarcal.
No basta con cuestionar al neoliberalismo, la aberración extrema de todo un sistema basado en la pobreza y en la explotación. La utopía antineoliberal del frente amplio esconde la extraña confianza en que otra salida (no neoliberal) es posible, pero en los marcos del propio capitalismo. De ahí su consecuencia: Si basta con la impugnación neoliberal, entonces se justifica la devaluación de la organización de las y los trabajadores y el centro de la acción política en “la disputa desde el congreso a través de propuestas y modificaciones legislativas” y “la articulación desde un programa común para incidir, presionar y fiscalizar” al interior del parlamento. La alianza, por omisión, estaría dada en la vieja lógica de los consensos con los partidos empresariales.
Ad portas de un nuevo 8 de marzo es esta una oportunidad más para debatir ampliamente sobre los derechos no conquistados, fortalecer la organización de las y los trabajadores para lo cual es necesario acercar a las mujeres a la lucha por una sociedad distinta. Así, muy lejos de lo que las feministas liberales y separatistas puedan creer, el 8 de marzo es un día de unidad de la clase trabajadora necesario no sólo en la lucha general por los derechos de las mujeres, sino como excusa para hablarle a millones de mujeres trabajadoras para que se unan a la pelea por la transformación revolucionaria de la sociedad, organizándose en comisiones de mujeres en sus lugares de trabajo y peleando hasta por la más mínima demanda en la medida que sirva para el fortalecimiento del movimiento de mujeres de conjunto con el objetivo de acabar con la explotación capitalista y conquistar la total emancipación de la mujer.