A pesar de la probable abstención de Juntos por el Cambio, que reclama un ajuste mayor, el Frente de Todos cuenta con los votos para la media sanción. Recortes en salud, fin del IFE y bajo crecimiento, algunas de las claves. El Frente de Izquierda planteará su rechazo.

Javier Nuet @javier_nuet
Miércoles 28 de octubre de 2020 01:18
Este miércoles se trata en Diputados el presupuesto 2021 en una sesión particular. Va a ser la más concurrida desde que empezó la pandemia y, para mantener el distanciamiento social, los legisladores ocuparán hasta el tercer piso de los balcones.
El proyecto fue presentado por Martín Guzmán a mediados de septiembre y discutido largamente en reuniones de comisión. A pesar de la probable abstención de Juntos por el Cambio (insaciables del ajuste), el oficialismo cuenta con los 137 votos que necesita para obtener la media sanción, sumando su bancada y las de sus aliados del Interbloque Federal (Lavagna) y de Unidad Federal para el Desarrollo (Ramón).
Recortes
La propuesta representa un ajuste considerable. Los gastos primarios se van a reducir un 9,5 % en términos reales respecto de 2020. Este recorte será fundamentalmente por la eliminación del IFE y de la ATP, que son parte hoy en día de las partidas extraordinarias del Fondo Covid-19.
Trabajadoras y trabajadores vieron durante estos meses cómo sus condiciones de vida empeoraron. Mientras los precios de los alimentos subieron abruptamente, millones de despidos, suspensiones y rebajas de salarios se registraron en el país empeorando la situación catastrófica que dejó el macrismo el año pasado.
El IFE fue un paliativo absolutamente insuficiente de esa situación. Representó $ 5000, por mes, por grupo familiar y se entregó solo tres veces desde que empezó la pandemia, con un posible cuarto pago hoy en duda. El presupuesto para el año que viene descuenta que no va a continuar, incluso cuando se había coqueteado con la idea de mantenerlo como un “ingreso ciudadano”, una especie de “renta universal”.
También se va a recortar el presupuesto en salud un 9,4 % respecto del 2020, en un momento tan crítico como se está viviendo, donde cada vez aumentan más los casos y las muertes por coronavirus, no solo en Argentina sino en todo el mundo. La pandemia no parece estar ni cerca de terminar, como presupone el Gobierno a su conveniencia.
El gasto previsto para las jubilaciones, que después de la suspensión de la movilidad sufrieron un ajuste durante todo el año, crece más o menos a la par de la inflación. Lejos del 20 % de aumento prometido para el día siguiente de su asunción; mucho más lejos de la famosa frase de “entre los jubilados y los bancos, me quedo con los jubilados”, el presupuesto 2021 convalida los 20 puntos de recorte a los jubilados durante la era macrista.
Pronósticos
Las proyecciones que hace el Gobierno sobre el dólar, la inflación y el crecimiento, no solo son poco creíbles sino que, incluso si se cumplieran, el panorama que plantean es lacrimógeno.
En cuanto al PBI, se proyecta una caída del 12,1% en 2020, un crecimiento del 5,5% en 2021, del 4,5% en 2022 y del 3,5% en 2023. Si todo va a tono con lo que dice Guzmán, dentro de tres años vamos a estar un punto por debajo del nivel de actividad de 2012. Una década entera de estancamiento y decadencia.
Además, el texto plantea, en su página 42, que el objetivo no es estimular demasiado el crecimiento para no fomentar el aumento de importaciones y aumentar las reservas. O sea que la estimación es una economía estancada y sin desarrollo, que apueste a la exportación de recursos primarios como el agronegocio y la producción de energía, con el único objetivo de seguir sometidos al plan “estratégico” de pagarle dólar por dólar a los especuladores con los que se cerró un acuerdo hace algunas semanas. En sintonía con esto, el Gobierno considera un escenario de exportaciones de bienes y servicios por U$S 74.432 millones contra importaciones de bienes y servicios por U$S 59.346 millones.
Sobre la inflación, el ministro de economía calcula que el 2020 cerraría en 32 % y en 2021 un 29 %. Pero parece un escenario muy poco probable, solo con pensar en la presión devaluatoria que se está viendo en el país hace semanas. El aumento del dólar, que el Gobierno pronostica para fin de 2021 en $ 102, los tarifazos de los que ya se habla y la emisión monetaria, son todos factores que por sí mismos pueden disparar la inflación.
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Además los pagos de deuda externa tendrán un peso importante en el presupuesto. Si bien el propio acuerdo con los bonistas pateó la mayor parte de los pagos para adelante, solo por intereses al FMI se le destinarán U$S 1.339 millones.
Acuerdos
La semana arrancó con una carta de la vicepresidenta, Cristina Fernández, en la que llama a un “acuerdo”, una especie de “pacto social” para salir de la crisis. Es la propuesta que le hace a los mismos empresarios que hoy presionan por una devaluación, que día y noche dan la pelea sin cuartel contra la clase trabajadora para que sean las grandes mayorías quienes paguen la crisis y no ellos, que fueron los grandes ganadores del macrismo.
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La vicepresidenta les recordó en su texto que durante su gestión, los grandes empresarios “se la llevaron en pala”, en señal de moderación y de pedir tregua. En el mismo sentido podría haber incluido un detalle sobre todos los beneficios que se llevan con el presupuesto 2021. No por nada Juntos por el Cambio va a abstenerse en vez de votar en contra: es el reconocimiento de que no les alcanza, pero ajuste hay.
También se podría recordar que el famoso impuesto a las grandes fortunas volvió a ser cajoneado en las negociaciones del presupuesto, lo que muestra que para afectar los intereses de las grandes mayorías, al Gobierno no le tiembla el pulso, pero para afectar a los ricos lo piensa diez veces y después se arrepiente.
Hacer un presupuesto a la medida del FMI recuerda al país del que venimos pero también habla del país al que vamos. No hay un Fondo bueno y renovado. En cada lugar donde actúa el organismo en la actualidad, se hunde a la población. Hay ejemplos en latinoamérica que muestran que se puede enfrentar los planes de ajuste.
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En Ecuador y en Costa Rica se vienen movilizando hace semanas. Es la única manera de cambiar, de una vez por todas, la orientación política y social que hace décadas viene manteniendo al país en la decadencia y a las grandes mayorías empobrecidas.