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Homenaje. A los caídos en Nochixtlán, asesinados por las balas de la policía

Se confirmaron ya ocho muertes de manifestantes como consecuencia de la represión desplegada en Oaxaca contra el magisterio que enfrenta la reforma educativa. Nos arrebataron a varios de los nuestros.

Sulem Estrada, maestra de secundaria

Sulem Estrada, maestra de secundaria Agrupación Magisterial Nuestra Clase y Pan y Rosas

Lunes 20 de junio de 2016

Fue la valentía. Fue el coraje, el hasta aquí de tantos agravios que nos hace el gobierno. Fue la convicción de que la mejor manera de educar a los niños es enseñarles a defender sus derechos, a no agacharse, a luchar.

No conocí personalmente a ninguno de los compañeros caídos. Pero sé que son mis hermanos, mis compañeros de lucha. A través de la distancia compartí con ellos la misma barricada, que cierra la calle pero abre el camino como decían en el Mayo Francés.

En el nombre de cada uno de los caídos, de los agraviados, de los presos políticos, seguiremos adelante la lucha contra la reforma educativa. Con la misma llama que ardía en su pecho.

A sus compañeras y compañeros de la sección 22 de Oaxaca, a sus familiares, les quiero expresar nuestra solidaridad, desde la Agrupación Magisterial Nuestra Clase, organización a la que pertenezco. Su dolor es nuestro dolor. Su lucha es nuestra, compañeros.

Fue el Estado, el mismo que desapareció a nuestros 43 compañeros de Ayotzinapa. Fueron los asesinos de la policía federal y estatal. Peña Nieto, Aurelio Nuño, secretario de Educación y Gabino Cué, gobernador de Oaxaca, son los responsables políticos de sus muertes.

A manera de homenaje, les dejamos aquí estos versos de un poeta peruano que cantó a los héroes anónimos de la Revolución Española, César Vallejo.

La masa

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: «No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron dos y repitiéronle:
«No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando: «Tanto amor, y no poder nada contra la muerte!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: «¡Quédate hermano!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces, todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporose lentamente,
abrazó al primer hombre; echose a andar.

Los caídos ¡presentes, ahora y siempre!

Óscar Aguilar Ramírez
Andrés Sanabria García
Anselmo Cruz Aquino
Yalit Jiménez Santiago
Óscar Nicolás Santiago
Omar González Santiago
Antonio Pérez García
Jesús Cadena Sánchez