Este artículo (extracto) forma parte del volumen 7 de las Obras Escogidas de León Trotsky. Fue escrito por la sección española de los bolcheviques-leninistas (IV Internacional) el 19 de julio de 1937.
Martes 19 de julio de 2016
19 de julio de 1936-19 de julio de 1937
Ha pasado un año desde las gloriosas jornadas de julio. Un año lleno de entusiasmo pero también de profunda decepción para la clase obrera.
Julio de 1936
Los obreros, casi sin armas, aplastan la rebelión militar-fascista en los centros industriales más importantes. Allá donde los obreros han fracasado, como Oviedo, Zaragoza, Sevilla, etc., se debió a que los representantes del “Frente Popular” se habían negado hasta el último momento a armar al proletariado. En Cataluña los obreros improvisan y derrotan al enemigo a pesar de que era superior en armas, y más experimentado en la técnica de la guerra.
Julio de 1937
Badajoz, Irún, Toledo, Málaga, Bilbao: ¡una cadena de traiciones! Pero las heroicas columnas de la CNT-FAI y el POUM fueron disueltas; y en su lugar existe el “ejército popular”, con el código militar de la antigua monarquía putrefacta. El entusiasmo de nuestros milicianos ha desaparecido junto con la igualdad entre oficiales y soldados. ¿Dónde están las gloriosas hazañas de nuestra armada roja? Han desaparecido, con las banderas rojinegra y roja.
Julio de 1936
Los obreros se apoderan de las fábricas, los campesinos de las tierras. Expulsan a los explotadores y a los terratenientes, y establecen el nuevo principio: ¡a igual trabajo, igual salario! A pesar de la inexperiencia de los obreros y de los actos de sabotaje, la nueva economía comienza a funcionar bien con la gestión de los comités de fábrica y de los sindicatos. No hay abundancia, pero tampoco hambre.
Julio de 1937
El PSUC (partido estalinista) lleva adelante una feroz campaña contra las empresas de la CNT. Exige la “municipalización”, que no es otra cosa que un ardid para devolver sus beneficios a los accionistas en fuga y a los capitalistas extranjeros, y reintroducir la propiedad privada. Los ayuntamientos ya han comenzado a indemnizar a los propietarios de los inmuebles. Los salarios son bajos, pero los especuladores se enriquecen. Falta el pan, pero una nueva capa privilegiada encuentra en las tiendas todo el lujo que quiere.
Julio de 1936
Los obreros dominan la calle, los pequeñoburgueses se esconden aterrorizados. Los obreros con su instinto de clase depuran la retaguardia de fascistas y de politicastros “liberales”. Los tribunales populares ejercen la justicia proletaria. Los calumniadores no se atreven a levantar la cabeza. La prensa es libre para la clase obrera, ningún hombre honesto tiene miedo de expresar francamente su opinión.
Julio de 1937
Las víctimas del 3 de mayo aún están presentes en las memorias. Las tropas de ocupación de Valencia, mandadas por oficiales reaccionarios y provistos de fusiles rusos, patrullan por las calles. La CNT fue expulsada del gobierno, la FAI de los tribunales populares. Una ola de calumnias sale de las oficinas y de las imprentas del PSUC para hundir al POUM, cuyos dirigentes -veteranos militantes revolucionarios experimentados- son acusados de espionaje. Centenares de militantes del POUM, de la CNT, de la FAI se encuentran encerrados en las celdas de la antigua monarquía.
El 19 de julio de 1936 vio desvanecerse el gobierno traidor del “Frente Popular”. Los verdaderos representantes del pueblo se encontraron en el Comité Central de Milicias Antifascistas, organizadas de improviso y con todas las deficiencias propias de esta improvisación. Pero el 19 de julio de 1937, los partidos del “Frente Popular” han conseguido volver a tomar el poder, después de haber apartado a la CNT, que representa a la mayoría y a lo mejor de la población del país. En julio de 1936, el gobierno del “Frente Popular” había intentado negar las armas a los obreros. En julio de 1937, intenta hacerlo de nuevo.
¿Quién tiene la culpa?
Todo revolucionario consecuente tiene el derecho de preguntarse cómo ha sido posible llegar a este triste resultado. Desde luego no ha sido culpa de las masas españolas y, ante todo, del proletariado que ha luchado con un heroísmo sin precedentes y que puso todo el poder en manos de sus dirigentes. Pero estos últimos, en lugar de ejercer el poder contra los restos de la burguesía, lo compartieron deliberadamente con ella, entregando a Companys, Tarradellas y Cía. parte de su fuerza y su prestigio. La CNT y el POUM entraron en el gobierno burgués, es decir, empezaron la colaboración de clases. Quisieron realizar la unidad entre los explotadores y los explotados, algo que es tan imposible como unir el agua y el fuego…
Los obreros anarquistas tienen horror a la palabra “poder”, así como a la palabra “política”. Pero sería preciso que abandonaran sus prejuicios y comprendieran que el “poder político” no significa otra cosa que la dirección del ejército, de la policía, de la administración, etc. El apoliticismo de la CNT no ha conducido a la eliminación de la política, sino solo a ceder la gestión de los asuntos públicos a los reaccionarios del PSUC, de la Esquerra u otros. El antiestatismo de la CNT no ha desembocado en la abolición del Estado, sino únicamente en que todas las fuerzas de coerción del Estado –la policía, el ejército, las prisiones– hayan pasado de manos del proletariado a las de la burguesía. El antimilitarismo de la CNT se ha revelado utópico. Toda la cuestión está en saber si el ejército está al mando de los generales burgueses o de los jefes dignos de la confianza del proletariado. Pero los ministros cenetistas, “antimilitaristas” en teoría, han firmado el decreto sobre la militarización burguesa. El antiautoritarismo de la CNT no ha hecho desaparecer a los tiranos, sino que ha contribuido en forma indirecta a que nuevos tiranos ocupen el lugar de los antiguos.
Resumiendo, la CNT está contra la dictadura del proletariado. Pero esta no es otra cosa que el ejercicio del poder por la aplastante mayoría de la población trabajadora contra una ínfima minoría de malhechores burgueses, a los que se debe privar de todo derecho político, ya que lo utilizarán para fomentar la contrarrevolución. La dictadura del proletariado no es otra cosa que la verdadera democracia obrera ejercida a través de los comités de obreros, campesinos y soldados. La nefasta teoría anarquista de oposición a “toda dictadura” ha tenido como desastroso resultado que nos encontremos hoy bajo la desenfrenada dictadura de la burguesía…
El POUM, en comparación con la CNT y la FAI, no ha jugado más que un papel secundario en la dirección del proletariado. El POUM se considera marxista, pero jamás lo ha sido, como tampoco ha sido trotskista. Sus dirigentes siempre han oscilado entre el marxismo revolucionario y el reformismo. Sus acciones siempre han estado en flagrante contradicción con sus palabras. En teoría, el POUM estaba por la dictadura del proletariado. En la práctica, entraba en un gobierno burgués. En las palabras, el POUM estaba por un ejército político revolucionario, pero en los hechos, también firmó el decreto de militarización. Ha celebrado, de la boca para afuera, los combates del 3 de mayo, pero, en el punto culminante de la lucha y sin que se hubiese obtenido aún ningún resultado, exhortó a los obreros a abandonar las barricadas, al igual que la CNT y la FAI. El POUM reconocía en sus tesis la necesidad de los comités de soldados, pero sus dirigentes expulsaban a los trotskistas porque querían crearlos en sus propias filas. El POUM se pronunciaba por una nueva Internacional, pero jamás convocó un congreso para debatir esta cuestión.
El POUM ha sido aplastado por la reacción sin que el proletariado haya reaccionado. Todo revolucionario, e incluso todo obrero honrado, tiene el deber absoluto de defender a todos los camaradas del POUM. Pero al mismo tiempo debe decirse: el POUM no ha sabido cumplir su tarea de guiar al proletariado. Siempre ha ido a remolque de los dirigentes de la CNT…
La lección más importante del año que ha pasado es esta: el proletariado, que tantas veces ha demostrado su heroísmo y su combatividad, no ha tenido una dirección capaz. Ha construido un heroico ejército, pero sin Estado Mayor, a falta del cual sus fuerzas se dispersaron de manera inevitable. Su tarea inmediata es crear en el propio curso de la lucha una dirección capaz, que no puede ser otra que un nuevo partido revolucionario verdaderamente marxista… Los elementos de este nuevo partido ya existen. Se encuentran entre los restos del POUM, en donde se había formado un ala izquierda que criticaba con mucha fuerza la pusilanimidad del Comité Ejecutivo, entre los anarquistas, sobre todo en “Los Amigos de Durruti”, y en las Juventudes Socialistas, en donde los camaradas se sublevan contra el curso contrarrevolucionario de los estalinistas. Estos camaradas animados por su espíritu revolucionario aún no han sacado las últimas consecuencias de su amarga experiencia. Dudan de colaborar en forma abierta con los trotskistas ya que, conscientemente o no, están influidos por las monstruosas calumnias de los estalinistas contra ellos. Por eso, es más necesario que nunca explicar a las masas qué es el trotskismo.
¿Qué queremos nosotros, los trotskistas?
1.- Acabar con el fascismo con los únicos medios eficaces, los de la revolución proletaria… Queremos terminar de una vez por todas con el régimen capitalista por la expropiación de los expropiadores y la total destrucción del antiguo aparato del Estado…
2.- Mientras que el proletariado no esté en condiciones de tomar el poder defenderemos, en el marco del régimen capitalista o transitorio, los derechos democráticos de los obreros. Por eso hemos reclamado públicamente, sin maniobras de ningún tipo, el frente único de lucha CNT-FAI-POUM; jamás consentiremos que el enemigo de clase destruya las organizaciones obreras, aunque sean las de nuestros adversarios políticos… Éramos y seguimos siendo partidarios de la democracia obrera.
3.- Estamos por la formación de juntas revolucionarias de obreros, campesinos y soldados. Estas juntas deben ser elegidas democráticamente, en todos los barrios, en los pueblos, en el campo. Los delegados deben ser revocables en todo momento si la mayoría lo decide. Durante las jornadas de julio se formaron juntas de este tipo… Estas juntas tendrán la tarea de la defensa de las conquistas de la revolución, el mantenimiento del orden público, el control de la economía y de la distribución. Cada partido propondrá sus soluciones, las masas decidirán.
4.- Estamos en contra del autodenominado gobierno del “Frente Popular”, que en realidad es un gobierno en el que la aplastante mayoría del pueblo no se encuentra representada. Nos oponemos a la colaboración de clases porque es una trampa para los representantes de la clase obrera… La única solución es constituir un gobierno en base a las juntas revolucionarias, convocar un congreso con los delegados de todas las juntas y elegir un Comité Central de las juntas de obreros, campesinos y soldados que tome en sus manos la dirección del país. No podrá haber traidores en una junta revolucionaria de este tipo y, por fin, será capaz de terminar victoriosamente la guerra.
5.- Nuestro objetivo es la completa expropiación de los capitalistas. Hasta ahora, los bancos no han sido tocados, el cambio está bajo el control gubernamental burgués… Nuestra consigna es la socialización completa y el establecimiento de un monopolio sobre el comercio exterior bajo la dirección de un Consejo Económico de la junta revolucionaria.
6.- Exigimos la nacionalización de la tierra, es decir, la abolición de la propiedad terrateniente. Los usureros ya no tendrán la posibilidad de quitar sus tierras a los campesinos. Estamos a favor de la colectivización de las empresas agrícolas solo allí donde los campesinos lo consientan sin coacción. La distribución de la tierra debe hacerse por medio de juntas de campesinos según el principio: la tierra para el que la trabaja.
7.- Pensamos que solo un ejército centralizado puede asegurar la victoria militar. Pero debe ser un ejército revolucionario, en donde todos los soldados gocen de sus derechos políticos y en el que los oficiales sean elegidos y revocables en una asamblea de soldados. ¡Sueldo igual para todos! Mando único bajo control de un Consejo de Guerra de la junta revolucionaria…
8.- Estamos por el derecho de las minorías nacionales a disponer de ellas mismas, y por la libertad absoluta del pueblo marroquí, incluido el derecho de separación. ¡Marruecos para los marroquíes! ... Estamos por la Federación de Repúblicas Socialistas, ya que será la que mejor corresponda a los intereses de la clase obrera. Debe ser constituida sin coacción, por la unión libre y fraternal de todos los obreros.
9.- Luchamos contra la burocracia estalinista que pretende construir el “socialismo” en Rusia saboteando la revolución socialista en España y en el mundo entero. Nuestra meta final es la revolución mundial, y el establecimiento del socialismo en todo el globo –única garantía contra la usurpación de las conquistas proletarias por una capa burocrática, como ha ocurrido en la Unión Soviética. Estamos en contra de la “no intervención”, practicada por los comisarios del pueblo de la III Internacional y por los ministros burgueses de la II Internacional. Llamamos a la intervención revolucionaria del proletariado y a la transformación de la revolución española en revolución europea.
10.- Las viejas organizaciones nos han llevado a un callejón sin salida. Profundamente convencidos de que la victoria contra los bárbaros fascistas y toda la clase capitalista solo depende de una dirección capaz, concentramos nuestros esfuerzos para construir, en la lucha, un nuevo partido revolucionario que esté a la altura de su tarea. Su base de granito será el programa del socialismo científico de Marx y Engels, desarrollado por Lenin y Trotsky. Ante la vergonzosa traición de la II y la III Internacional, uniremos a todos los revolucionarios consecuentes en una nueva internacional, la IV Internacional, que será el partido mundial de la revolución socialista. ¡El socialismo triunfará con su bandera sin manchas!
¡Camaradas! Sabemos, igual que ustedes, que nuestra primera tarea es derrotar a las bandas de Franco. Pero ustedes saben, igual que nosotros, que la victoria militar es inseparable de la revolución social. Combatimos abiertamente y sin maniobras una política que nos parece desastrosa. El avance de la revolución, lejos de debilitar el frente único en las trincheras, reforzará la combatividad de nuestros milicianos. Debemos despertar el espíritu de julio de 1936. Con el entusiasmo de entonces, las armas y la experiencia de hoy, ¡celebraremos el mes de julio de 1938 en una España socialista liberada del yugo capitalista!
Dirigimos este llamamiento a todos los revolucionarios que se sientan cercanos a nosotros: ¡vengan a reforzar nuestras filas! Aclararemos los puntos en divergencia sobre la base a una discusión fraternal. ¡Unidos en la lucha derrotaremos a nuestro enemigo común!
¡Abajo el fascismo y el capitalismo!
¡Viva la revolución proletaria española!
¡Viva la revolución mundial!