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Red Internacional
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Reforma Energética. A propósito de la consulta popular ante subasta de hidrocarburos

Cuauhtémoc Cárdenas, hijo de Lázaro Cárdenas, el ejecutor de la expropiación petrolera de 1938, denunció la Ronda Uno como “la consumación de un crimen de lesa patria”. Abrimos aquí un debate con una de sus propuestas frente a esta nueva expoliación: la consulta popular.

Bárbara Funes

Bárbara Funes México D.F | @BrbaraFunes3

Viernes 17 de julio de 2015

Foto: Plumas Libres

Cárdenas fue uno de los principales dirigentes del Partido de la Revolución Democrática (PRD) hasta el 25 de noviembre de 2014. Ese día renunció al partido ante la crisis abierta por la masacre de Iguala y la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Fue entonces cuando salieron a la luz pública los vínculos del gobierno perredista del estado con los cárteles del narco de la región.

Ahora Cárdenas insiste en “preparar una amplia consulta popular vinculatoria sobre las reformas, principalmente, al artículo 27 constitucional en materia energética y a construir, con la sociedad y sus organizaciones” (La Jornada, 15/7/2015).

Está reciclando la misma propuesta que hizo ese partido (y también Andrés Manuel López Obrador) ante la votación de la reforma energética en el Congreso. Pero la consulta popular ya fue frenada por Enrique Peña Nieto, quien alegó que “la Constitución prohíbe el ejercicio de democracia directa en asuntos relacionados con los ingresos y gastos del Estado, y la reforma energética tiene que ver con la fuente de un tercio de los ingresos públicos.”

Además, el carácter “vinculatorio”, según analistas, es una definición que, aunque figura en la ley de consulta popular, resulta una generalidad que nadie entiende y que no tiene aplicación práctica.

En el antidemocrático y corrupto régimen mexicano –que con innumerables requisitos muy difíciles de cumplir impide que los trabajadores y la izquierda tengan partidos políticos con registro que puedan participar en procesos electorales– es totalmente utópico considerar como una vía para frenar la venta de los recursos energéticos (una gran ofensiva imperialista) con una consulta popular, desvinculada de la movilización y de la población trabajadora. Es el mismo método impotente que, en base a firmas intentó aplicar Cuauhtémoc Cárdenas en los 90s para frenar el TLC junto a algunos grupos de la izquierda.

Ahí tenemos el ejemplo de Grecia, donde el gobierno de Syriza, encabezado por Tsipras, convocó a un referéndum para que la población respondiera “¿Debe ser aceptado el proyecto de acuerdo presentado a Grecia por la Comisión Europea, el Banco central Europeo y el Fondo Monetario Internacional en el Eurogrupo del 25 de junio de 2015?”.

En esa ocasión, 61.31% de los griegos respondieron “¡No!” contra 38.69% que votaron “Sí”. Luego el gobierno de Tsipras firmó un acuerdo leonino que incluye más ajuste y coloniajes para el pueblo trabajador, como señalamos aquí. Y no contento con eso, ante las manifestaciones que repudian el curso que está tomando el “izquierdista” Syriza, descargó la represión sobre las decenas de miles que se manifestaron en la Plaza Syntagma contra la austeridad. El saldo es de al menos 35 detenidos. Así reveló su traición a los trabajadores y el pueblo griego que venía de luchar en la calle imponiendo 30 paros generales en los últimos años.

El caso griego, pese al gran rechazo a la exigencia de la Troika, evidenció así las limitaciones que conlleva no levantar un programa de ruptura con los capitales internacionales y los países imperialistas (como el no pago de la deuda externa), y restringirse al marco de legalidad de los ricos y los poderosos. El referéndum, que no planteaba una salida anticapitalista, implicaba un método que termina siendo pasivo en el que la mayoría del pueblo griego depositó su confianza, los llevó a un callejón sin salida.

Como vemos, no existen las medias tintas: para frenar la expoliación es necesario romper con el imperialismo y eso sólo lo puede imponer la fuerza de los trabajadores, que generan la riqueza en todos los países, en alianza con los sectores populares.

Detener la injerencia imperialista

En México, las reformas estructurales son parte de la ofensiva de recolonización de Estados Unidos sobre América Latina. Su finalidad: abaratar aun más el costo de las fuerza de trabajo y entregar a las trasnacionales los recursos naturales de lo que considera es su patio trasero.

Enfrentar esta ofensiva imperialista exige el fin de la injerencia estadounidense en el país –y también en Centroamérica y América del Sur. Eso es algo que Cárdenas no se propone. Implica desconocer los compromisos adquiridos por los gobiernos mexicanos a lo largo del tiempo con los organismos internacionales, empezando por renacionalizar las áreas privatizadas en Pemex, nacionalizar la banca, la minería, los puertos, limitar el porcentaje de inversión extranjera en las empresas, entre otras medidas.

Lo que está a discusión es qué fuerza social tiene la capacidad para hacerlo, quiénes no pierden ninguna prebenda por romper con el amo del norte y los capitales internacionales.

Son los trabajadores, que hace décadas, con la apertura a la inversión extranjera, vienen dejando su vida en las refinerías, en las líneas de producción, en el trabajo informal.

Los trabajadores pueden frenar el saqueo

Para el día 16 de julio trabajadores petroleros de Coatzacalcos, Veracruz, habían convocado la toma de tres complejos petroquímicos en el sur del estado –Morelos, Pajaritos y Cangrejera– contra la reforma energética y el cambio al Contrato Colectivo de Trabajo.

Esto puede ser el preludio de que se ponga en pie una resistencia activa de las y los trabajadores petroleros.

Si ellos se levantan para enfrentar la subasta de los recursos energéticos, los despidos y la precarización de sus condiciones de trabajo, trabajadores de otros sectores que están en lucha se pueden unir a sus reclamos y frenar la entrega la capital imperialista.

Sin ir más lejos, en esa región, los maestros democráticos, al igual que en otros puntos del país, están movilizados contra la reaccionaria reforma educativa que pretende flexibilizar sus condiciones laborales y socavar aun más la educación pública para el pueblo.

¿Qué sucedería si los miles de petroleros y maestros se unieran en las calles para enfrentar las reformas estructurales? Todo podría cambiar.

Podrían buscar también la alianza con los pueblos originarios que residen en zonas donde puede haber reservas de hidrocarburos, que están en riesgo de ser desplazados por las compañías petroleras.

Y juntos, pueden alzar la voz también por los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa y por los presos políticos.

A esta unidad temen el gobierno, los magnates como Slim y las trasnacionales. La unidad de los de abajo es su principal pesadilla ante los intentos de aplicar hasta el final las reformas estructurales.