A partir de una lectura del libro de Vlado Mirosevic, abrimos algunas reflexiones en torno al liberalismo como corriente política y su historia, tanto en Chile como en el mundo.

Camilo Jofré Profesor, militante del PTR e integrante de la agrupación de trabajadores de la educación Nuestra Clase.
Viernes 1ro de diciembre de 2017

El 2015 se publica el libro Liberales plebeyos: El relato de un pipiolo del siglo XXI, de Vlado Mirosevic, diputado del Partido Liberal (PL), en donde en síntesis aborda en 4 capítulos: i) cómo surge el liberalismo, y algunos de sus representantes en la historia de Chile, ii) el rol que han jugado en el parlamento, iii) el resurgimiento del Partido Liberal, y la Internacional Liberal, y iii) las perspectivas del liberalismo en Chile y el mundo.
En la primera parte titulada: “Humanistas, pipiolos y liberales igualitarios”, comienza con un recorrido por diversas corrientes que han influido de alguna u otra forma, a la conformación del liberalismo como pensamiento filosófico y político.
Del humanismo renacentista, que en pleno medioevo librará una fuerte batalla contra la visiones conservadoras y teológicas de la iglesia católica y la monarquía, pasando por importantes referentes como Giordano Bruno hasta John Locke, padre del liberalismo moderno -este último, sentando las bases que luego influiría en el desarrollo del liberalismo inglés, haciendo que el liberalismo tome posturas frente a la propiedad privada, la libertad del individuo-. Esta relación pasará a configurar lo que será el derecho a la ciudadanía, esto con la idea de barrer los privilegios que tenía el clero y la nobleza.
El liberalismo en Chile
A diferencia de Europa en donde las ideas liberales llevaron a diversos procesos de revoluciones democrático-burguesas, en Latinoamérica el pensamiento liberal fue central para la lucha por la independencia política y contra el monopolio español.
En Chile, las ideas liberales empiezan a echar raíces entre 1820 y 1830, pero es con el surgimiento de la Sociedad Literaria en 1942, que el liberalismo vuelve a resurgir después de la política represiva que enfrentaron del gobierno de José Joaquín Prieto.
Si en Europa el liberalismo vino a representar los intereses de la burguesía industrial, en Latinoamérica fueron terratenientes, dueños de minas, y comerciantes, quienes tomaron estas ideas en sus manos para transformarlas en su programa político. En Chile la situación fue similar, las ideas liberales empiezan a ganar terreno dentro de la burguesía minera, la cual convierte este movimiento en su corriente política. Pero también dentro de quienes conformaron este movimiento, se encuentran representantes de la burguesía comercial y bancaria, e incluso terratenientes que corresponden a los nuevos sectores de la burguesía agraria en la zona centro-sur.
Para el historiador Luis Vitale: “Los liberales nunca se diferenciaron básicamente de los conservadores, porque ambas fracciones política de la burguesía estaban comprometidas en la tenencia de la tierra y en una política común relacionada con la economía de exportación. El liberalismo contribuyó de ese modo a reforzar nuestra condición de país dependiente, favoreciendo la penetración creciente del capitalismo extranjero. Los roces circunstanciales de los intereses de los terratenientes y comerciantes, no autorizan a caracterizar de “progresista” a un movimiento liberal que de hecho jugó un papel antinacional, de espaldas al país y con la vista puesta en “La City” londinense, donde se transaba nuestra materia prima y se imponen los precios de los artículos manufacturados que el capitalismo dependiente criollo estaba obligado a importar”. Si bien es cierto que con los años, José Miguel Balmaceda será una de las primeras posturas críticas a que las riquezas se quedara en manos extranjeras, una mayoría dentro del PL se terminaría plegando al sector reaccionario que en 1891 llevarían a la guerra civil.
El libro no da una respuesta clara de porque el Partido Liberal empieza a perder terreno dentro del siglo XX, pero claramente la conformación de la burguesía chilena a comienzos de siglo iba a fortalecer a otras clases permitiéndoles su desarrollo y extensión dentro de la sociedad, como lo fue el proletariado.
Es así como el programa de los trabajadores se iba diferenciando por su composición de clase al de los liberales, dado que estos últimos representaban principalmente a las alas de la burguesía nacional. Esto abrió bastantes roces entre trabajadores y el gobierno, que tuvieron su expresión en distintos procesos huelguísticos, uno de los más importantes fue el que comenzó entre Arica y Antofagasta, y que luego se extendería hasta Concepción, transformándose en la primera huelga general en América Latina (1890). Su principal demanda era el aumento de salarios, a lo cual el gobierno de Balmaceda responderá con una fuerte represión.
El Partido Liberal en el escenario político
Su posición política dentro del congreso nacional es reformista. Tanto en los proyectos de educación como la gratuidad, no buscaron fortalecer la movilización en las calles de miles de estudiantes que exigían ponerle fin al mercado en la educación, sino que prefirieron la reforma gradual de la Nueva Mayoría con algunos retoques (la gratuidad no es un derecho, sino una beca), el “cambiar algo para que nada cambie”. En el proyecto de carrera docente, busco como fortalecer un proyecto que más del 95% de los profesores ya había rechazado en la consulta nacional.
Por otro lado, plantea el bajar las millonarias dietas parlamentarias, o el congelamiento de los altos cargos del estado, pero lo plantea de forma insuficiente. De hecho su planteo sigue dejando millonarias sumas a toda una casta parlamentaria y gubernamental que al llegar al congreso, rápidamente pasan a tener una vida completamente distinta a la que viven miles de trabajadores, y la gran mayoría del pueblo. Es por esto que nos resulta tan fácil comprender que quienes están en el parlamento, legislan finalmente para los empresarios, quienes muchas veces son los que financian sus campañas. La necesidad de que cada parlamentario gane como un trabajador, la vienen presentando candidatos obreros en Antofagasta, militantes del Partido de Trabajadores Revolucionarios. En Argentina, diputados del PTS ya cobran como un trabajador sin que se haya validado la ley, pero lo donan a fondos de huelgas de los trabajadores para fortalecer su lucha.
A nivel mundial, el Partido Liberal forma parte de la Internacional Liberal. De hecho, Vlado Mirosevic ha saludado, y se ha reunido con importantes referentes del Liberalismo en Europa. Uno de ellos es el presidente Emannuel Macron en Francia, que el 12 de septiembre ya tuvo una primera huelga general por la reforma de mercado laboral, en donde Macron a través de decretos, vino a golpear fuertemente a los trabajadores y al código del trabajo. Hoy, su reforma del impuesto sobre la fortuna (ISF) es un símbolo de su política ultra liberal, y pro empresarios.
¿Humanizar el capital, o la conquista de un nuevo tipo de sociedad?
Mas allá de nuestras diferencias con el proceso de la revolución cubana y su posterior burocratización, los troskistas rescatamos lo que fue, una de las revoluciones más profundas en América Latina, expropiando a la burguesía, y al capital imperialista norteamericano. Una nota del diputado Vlado Mirosevic titulada “Fidel: no te recordare”, afirma que esta época dejó atrás el “lenguaje hostil contra la “democracia burguesa””, rechaza todas las dictaduras menos la del capital.
Esto se suma a una de las ideas centrales de su estrategia política: “defender el mercado, y enfrentar el economismo”, lo manifiesta diciendo que: “El libre mercado sigue siendo el sistema más capaz de generar riqueza global”, y continua “una cosa es ser pro mercado, como yo me identifico, y otra cosa es ser pro empresa. Los primeros queremos que existan reglas o derechamente regulaciones que protejan al propio mercado de los monopolios(...)”
En el “Imperialismo, fase superior del capitalismo”, Lenin escribe que la esencia económica del imperialismo es el capitalismo monopólico, “pues el monopolio, que nace única y precisamente de la libre competencia, es el tránsito del capitalismo a un orden social-económico más elevado.” La contradicción capital-trabajo queda por fuera de la óptica de Vlado, es decir, que exista el robo legal por parte de quienes manejan los medios de producción, a través de un plus valor no remunerado al trabajador.
El desarrollo de los medios de producción, y la tecnología, no se ha traducido en el rebaje de las horas de trabajo, y a partir de esto, buscar acabar con la cesantía repartiendo las horas entre ocupados y desocupados, sin rebaja salarial. Solo se tradujo en nuevas formas para regular los salarios. Llevarlo a cabo implicaría afectar las grandes ganancias de los empresarios.
Vlado se dice antineoliberal, pero no anticapitalista, y esto demarca una infinidad de límites a la hora de pensar la sociedad que queremos construir. ¿Se puede ser antineoliberal, sin ser anticapitalista? Para entender esto, tenemos que aclarar que el neoliberalismo, fue la propuesta de una fracción de la burguesía, que ganó posiciones, hasta hacerse hegemónica. Es decir, mientras exista burguesía y las contradicciones entre el capital y el trabajo sigan abriendo el paso a diversas crisis tanto económicas como políticas, existirá un gran sector de la burguesía pro imperialista dispuesta a descargar la crisis en los hombros de los trabajadores, a través de reajustes o el recorte de diversos servicios sociales, como también la precarización laboral que se expresa en el referente que tiene Vlado, Emannuel Macron. Mientras el otro sector de la burguesía hará lo mismo, pero de forma “más regulada”. Estas dos posturas, no son alternativas para los trabajadores, ni para los sectores más precarizados de esta sociedad.
El limitado y vetusto programa del liberalismo, ya ha sido superado más de una vez en la historia. En donde fueron los mismos trabajadores quienes empezaron a construir un nuevo tipo de sociedad, sin explotados ni explotadores, pero no pudieron darle jaque mate al capital. No podemos partir de cero, las lecciones, errores y aciertos forjan perspectivas que hoy organizaciones como el Partido de Trabajadores Revolucionarios salen a dar. Una estrategia de ruptura con el capital, un programa independiente de los trabajadores sin variantes empresariales que nos asemejen a las propuestas liberales.
Es posible conquistar a través de la fuerza y la organización ese otro tipo de vida, un gobierno de los trabajadores y el pueblo, en donde la planificación y organización de la sociedad y su economía, sea definida sin las reglas que nos impone la burguesía, la cual jamás querrá ver afectadas sus ganancias, y no se restara de responder cuando las vea amenazadas, como tantas veces lo han hecho a lo largo de la historia. Para esos combates tenemos que prepararnos construyendo un partido revolucionario y socialista, que nos sirva de herramienta para llevar a cabo estos grandes desafíos.
Ante un sistema que nos ofrece un destino de guerras y barbaries, creemos que es posible conquistar otro tipo de sociedad, en donde nuestra vida valga mucho más que sus ganancias. Es necesario fortalecer esta perspectiva para acabar con este sistema de explotación y opresión, y dejar al hambre, la pobreza, la cesantía, las guerras, como cosa del pasado, y abrir un camino que nos lleve del reino de la necesidad al reino de la libertad.