Jueves 30 de octubre de 2014
Foto: 8300 web
El 5 de noviembre de 2011 Daniel Solano desapareció en un boliche de la localidad de Choele Choel, en Río Negro. Hacía un mes había migrado desde Salta para trabajar en la empresa EXPOFRUT. El día de su desaparición, con 27 años, había salido a bailar y fue señalado por personal del boliche “Macuba” para sacarlo del local.
Efectivos policiales se lo llevaron y nunca más se lo volvió a ver. El mismo día había recibido su magro pago de $ 870. Tal vez por ser el único entre sus compañeros que había terminado el secundario y por ausencia del sindicato UATRE, se puso a la cabeza de la organización de un paro contra las condiciones laborales infrahumanas de la empresa y para reclamar el salario que no se estaba pagando, ya que se lo quedaba la empresa Agro Cosecha, a través de la cual EXPOFRUT tercerizaba el trabajo.
Gualberto Solano, su padre, recorre las calles de Choele Choel. Desde que llegó al pueblo aquel 10 de noviembre de 2011, vive en una carpa exigiendo justicia y buscando a su hijo. “¿Dónde estás, chango?” se lo escucha decir con desesperada esperanza. Acaso el orgullo de un hijo obrero de la fruta que quiso organizar a sus compañeros explotados igual que él, en las empresas más negreras que conoce el Valle de Río Negro.
La tenaz decisión de la familia Solano de luchar por su aparición marcó la presencia de una incógnita que dejó atrás el mito de un pueblo seguro y tranquilo. Por supuesto que para muchos sectores, cada estencil de su rostro, cada signo de pregunta, es la imagen que molesta. Las huelgas de hambre, las movilizaciones, el acompañamiento de organizaciones de DDHH y algunos sindicatos, hicieron posible la repercusión del caso. El cuestionamiento alcanzó a la institución policial, el sistema judicial y las empresas de cosecha y empaque de fruta de la zona por las condiciones laborales de los alrededor de 10 mil trabajadores golondrinas que migran por año al Valle Medio y Alto Valle.
Hay 22 policías imputados, 13 procesados y 7 en prisión preventiva acusados de la desaparición de Daniel. Sin embargo el entramado que denuncia el abogado de la familia Solano, Sergio Heredia, implica a quien fue jueza de la causa y cuñada de quien fue gerente de la empresa, la Dra. Marisa Bosco y a María Cecilia Constanzo (delegada de la Secretaría de Trabajo de Choele Choel) la primer abogada de la familia puesta por la empresa, quienes durante el primer tramo de la investigación encubrieron a la empresa diciendo que Daniel se había ido a Neuquén e instigaron a su padre a volver a Salta. También está implicado personal de la bailanta Macuba y las empresas Agro Cosecha Argentina y EXPOFRUT, acusadas de estafa y trata de personas.
Era el tercer año que Daniel migraba al sur, desde su comunidad guaraní Misión Cherenta en Tartagal, siempre con promesas de grandes salarios y condiciones que nunca se cumplían. Al hacinamiento en las gamelas y el robo de salario a través de la tercerización, se suma un régimen en el cual los trabajadores compran en las despensas de la misma empresa, y cuando se va la lapicera, el salario de bolsillo termina siendo ínfimo y si hay quejas, está la policía para garantizar la continuidad de la estafa. A partir de la investigación de la causa salió a la luz que los policías realizan apremios ilegales en las mismas gamelas donde habitan los trabajadores durante la temporada para disciplinar y evitar las protestas. Por todo esto Daniel se convirtió en un delegado de hecho de sus compañeros y por eso, como en la dictadura, lo desaparecieron.

Laura “Xiwe” Santillán
Profesora de Filosofía, mapuche y militante del PTS Río Negro.