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Videojuegos. AMLO... ¿Contra los videojuegos?

En los últimos días el presidente ha dado de qué hablar cuando refirió a que jóvenes han sido reclutados por el crimen organizado por medio de plataformas de videojuegos.

Óscar Fernández

Óscar Fernández @OscarFdz94

Viernes 22 de octubre de 2021

Cualquiera que haya crecido en los años 2000 con acceso a internet recordará la legandaria frase de "los Nintendos, Segas, Super Nintendo, Play Station... Whatever". La frase la esgrimió el predicador evangélico Josué Yrión en uno de sus sermones alrededor del año 2003, cuando declaró que Disney era una compañía satánica por promover la homosexualidad y que "jugar en la máquina del Nintendo" producía que los niños tuvieran que usar anteojos "por la línea magnética" que había en la tele, la cual causaba epilepsia, esto último en una referencia distorsionada del incidente de 1997 de Pokemon, cuando la serie introdujo al pokemon Porygon y cuyo capítulo provocó 700 hospitalizaciones por convulsiones de niños con epilepsia.

Sin embargo, en esta ocasión no es un excéntrico predicador evangélico estafador quien está en una cruzada contra los "Nintendos", sino un jefe de Estado. El pasado miércoles 20 de octubre, el presidente López Obrador instó a los mexicanos a tener cuidado con los videojuegos luego de exponer el caso de dos menores de edad que fueron "enganchados" por el crimen organizado a través del juego en línea Free Fire.

“Vamos a enviarles un mensaje a las familias: madres, padres, niños, adolescentes, sobre el riesgo de los juegos electrónicos, del Nintendo, todo esto que resulta muy violento y que sin duda afecta, daña”, dijo.

De la mano del subsecretario de Seguridad Pública, Ricardo Mejía, explicaron que uno de los chicos había entablado amistad con un miembro de la delincuencia, quien lo agregó a sus redes sociales y eventualmente ofreció "trabajo".

El blanco del ataque de AMLO fueron en realidad diversos juegos de disparos en primera persona (FPS por sus siglas en inglés: First Person Shooter). Grand Theft Auto, franquicia donde los protagonistas realizan misiones que conllevan actos vandálicos y delincuenciales; Gears of War, serie que enfrenta a la humanidad con extraterrestres en otro planeta; Call of Duty, la popular franquicia de juegos inspirados en la Segunda Guerra Mundial y en suscesivos conflictos bélicos; el ya mencionado Free Fire, así como Fortnite, juegos en línea de plataformas móviles. Son sólo algunos de los mencionados juegos por el presidente.

Pero lejos de repetir como predicador evangélico los "peligros" de los videojuegos, la problemática que señala el presidente va más allá de una supuesta violencia. Su discurso poco se distingue de aquellos sectores que se escandalizaron en su momento en Estados Unidos durante la masacre de Columbine de 1997 y que quisieron culpar al juego Doom de la misma, así como del cantante Marylin Manson.

Los videojuegos, como cualquier forma de entretenimiento, tienen diversos géneros: disparos, horror, aventura, juegos de rol, etc. No podemos poner en el mismo saco al colorido y sonriente Mario que salta por muchos mundos para salvar a la Princesa Peach de las garras de Bowser, al valiente Link que pelea contra Ganon para resguardar la trifuerza, al comandante Shepherd que atraviesa la galaxia en su nave espacial, al melancólico Joel Miller que defiende a Ellie de la horda de zombies, etc.

De la misma forma que no pondríamos en el mismo saco a Odiseo con Sherlock Holmes, el Dr. Frankenstein, Pierre Bezújov de Guerra y Paz, la titular Lolita de Nabokov, Frodo Bolsón y Harry Potter en la literatura, o, en el entretenimiento fílmico, al dictador Adenoyd Hinkel de Chaplin, Samara Morgan de El Aro, Charles Kayne y al elenco de Monty Python.

Resulta ridículo poner la culpa en la "violencia" de una forma de entretenimiento y no en el hecho de que la descomposición social ha llegado a tal grado que varias conductas están normalizadas. Sobre la base de obtener ganancias de temas controversiales, hemos visto un incremento en los narcocorridos en el género de la banda norteña, así como series exitosas de Netflix como la de Pablo Escobar y la del Chapo.

Asimismo, la falta de supervivencia de los padres a sus hijos en el contenido ocioso que consumen es resultado de la falta de tiempo libre, puesto que las jornadas laborales en México son extenuantes, las condiciones muy precarias y el salario no alcanza a cubrir las necesidades básicas. No es novedad señalar que México es el país que más horas de trabajo tiene y que menores salarios da entre los países de la OCDE.

Traducido a términos reales: México es el país donde más se explota y donde se extrae más riqueza sobre la base del trabajo asalariado. Los empresarios mexicanos son los que más se enriquecen de extraer plusvalía de la clase obrera.

Con semejante escenario, ¿cómo es posible que los padres puedan estar al pendiente de qué ven y oyen sus hijos e instruirlos en las indicaciones del decálogo de seguridad virtual de López Obrador?

Necesitamos acabar con este sistema de miseria

Para que los padres de familia pasen más tiempo con sus seres queridos, es necesario que planteemos una escala móvil de salarios y una escala móvil de horas de trabajo, con un salario mínimo equivalente al costo de la canasta básica y ajustado periódicamente conforme a la inflación.

De esta manera podríamos poner por delante jornadas laborales de seis horas y con aumentos salariales, eliminando la precariedad del empleo y el paro en sectores como la juventud, las mujeres y la comunidad LGBT. Medidas parecidas fueron implementadas en Islandia, donde se redujo la jornada laboral sin recortar los salarios, pero con la limitante de que no se hizo extensivo por tratarse de un experimento, que de todas maneras demuestra en los hechos la falsedad de que reducir las horas de trabajo es perjudicial para todos. Lo es únicamente para los capitalistas porque quieren aumentar sus ganancias a costa de los demás.

Solamente un gobierno que responda a los intereses de los trabajadores y jóvenes es que podemos conquistar más tiempo de ocio para convivir, contrastar las formas de entretenimiento que hay y —¿por qué no?— disfrutar también de una tarde familiar de videojuegos, mundos que nos inmerzan en universos de fantasía para dar rienda suelta a nuestra imaginación y creatividad.


Óscar Fernández

Politólogo - Universidad Iberoamericana

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