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Nacional. Abajo el telón

Fin de la comedia progresista. Al final, solo hay peronismo duro y puro. La crisis del FpV bonaerense y el 2016 que podría pretender Clarín en provincia de Buenos Aires.

Eduardo Castilla

Eduardo Castilla X: @castillaeduardo

Jueves 6 de agosto de 2015

Fotografía : flickr

“Quien esté con otra tendencia diferente de la peronista, lo que debe hacer es irse” (Juan D. Perón, Enero 1974).

“En el fondo se está hablando siempre de peronismo” (Karina Rabolini, Agosto 2015).

Julián baila chacarera en el programa de Tinelli. Igual que los “presidenciables”, empatiza culturalmente con el conductor. En otro extremo de la ciudad, Aníbal mastica bronca. “La Corpo” ya eligió, como pide siempre la presidenta.
La crisis de la interna peronista en la provincia de Buenos Aires evidencia que, tras 12 años de kirchnerismo, lo que queda es peronismo puro y duro (muy duro). Lo que viene, de la mano de Scioli, parece ser lo mismo.

Historias

El peronismo funcionó, durante sus primeros 30 años, “bajo la disciplina del General Perón”. Su desaparición profundizó el enfrentamiento entre sus alas izquierda y derecha, en el marco del ascenso obrero y popular abierto a partir del Mayo cordobés.

El golpe “resolvió” esa tensión por derecha, manteniendo vivo al aparato partidario y a la burocracia sindical de los Lorenzo Miguel y José Rodríguez, mientras masacraba a la vanguardia obrera y estudiantil que, en parte, había militado en la Tendencia.

El peronismo que emergió post dictadura necesitó “renovarse”, aunque desde 1989 mutara en una fuerza neoliberal que atacó de manera abierta a su propia base social. El kirchnerismo, caída revolucionaria de De la Rúa en 2001 mediante, brotó como una suerte de segunda “renovación”, mucho más duradera que la primera, pero cuya culminación es, en términos temporales, la emergencia de un peronista conservador como Scioli, candidato único a la presidencia del FpV.

La figura de Scioli, con chances reales de acceder a la presidencia, podría ser la base de la reconstrucción de la unidad del peronismo. Esta definición no objeta que ese camino, igual que el Odiseo retornando a Itaca, esté lleno de gigantes, malvadas sirenas y algún que otro obstáculo más.

Scioli podría así venir a cerrar una brecha abierta durante los últimos años del ciclo kirchnerista. Los mismos vieron a un peronismo dividido, aunque alineado mayoritariamente con el poder estatal nacional, más por la “caja” que por convicción política o ideológica. Un gobierno que supo perdonar los “pecados” feudales en pos de sostener apoyos políticos y permitir así sellar un pacto.
Sin embargo, ya desde el conflicto con las patronales del campo, se abrió una brecha en el peronismo, que se amplió a partir de la ruptura de Moyano en el 2012 y el apartamiento de Massa, un año después en el centro neurálgico de la política nacional, la provincia de Buenos Aires.

El espacio político de ese peronismo de oposición, según los sondeos que se conocen, se acerca hoy a los 15 puntos y gobierna una provincia de peso estratégico como Córdoba y algunos municipios del Gran Buenos Aires. Un dato no menor para la gobernabilidad, sin mencionar el peso social de un sindicato como Camioneros.

La apuesta estratégica de Scioli parece ser la reconstrucción de esa unidad del peronismo bajo su férula. El hombre, “al que más de uno subestimaba”, se puede convertir en el factor que permita superar las disonancias que el kirchnerismo, en su faceta “dura”, construyó. En la perspectiva de una economía que necesita de ajustes para recomponer la rentabilidad empresarial, la necesidad de unificar al peronismo y, en particular, a la burocracia sindical, aparece como estratégica para enfrentar el descontento y la resistencia que puedan emerger en el movimiento obrero.

La presencia de la izquierda trotskista, en franjas menores pero importantes de esa clase trabajadora, aparece como un “problema” a resolver en esa perpectiva.

Enlaces

En estas semanas Karina Rabolini vino actuando como una suerte de puente hacia los sectores más díscolos del último período, como De la Sota o Rodríguez Saá, y se encargó de ensalzar al mismísimo Randazzo. En el nuevo formato de la unidad peronista hay lugar para todos.

La operación de reconstruir el peronismo tomó forma “teórica” hace pocos días. En una amable entrevista con La Nación, Karina dijo que la cuestión de los “ismos” (menemismo, duhaldismo, kirchnerismo) “no sé ni quién lo pone ni para qué. Existe el peronismo (...), es una manera de redactar ciertas cosas... pero en el fondo se está hablando siempre de peronismo”.

Para Daniel, la ideología no existe. Dicho sin pelos en la lengua, el sciolismo no existirá. Será peronismo sin ambages. Música para los oídos de gobernadores, intendentes y burócratas sindicales que mantienen sus cargos desde hace décadas, que cohabitaron con Menem, Duhalde, Néstor y Cristina, y que alguna vez, cuando alguien osó investigar el accionar de la Triple A en el último gobierno antes del golpe, empapeló la CABA con la consigna “No jodan con Perón”.

Crisis

Por estos días, ese plan tiene su gran “tropiezo”: la crisis abierta en el oficialismo de la provincia de Buenos Aires salpica hacia todos lados, incluido hacia la candidatura de Scioli.

No es para menos, se trata de poner en juego una enorme cantidad de poder económico y social. Los así llamados “barones” del Conurbano lo son, precisamente, por su carácter semi-feudal en términos políticos. La sola idea de forzar una interna en ese distrito ya implicaba abrir potencialmente una crisis a gran escala. Las acusaciones de Lanata y Lanatta contra Aníbal no hicieron más que llevar la temperatura a las nubes.

Clarín trabaja en esmerilar la figura de Fernández todo lo posible. Si éste se impone en las PASO del FpV, reforzar su (ya) alta imagen negativa podría colaborar a que el principal distrito electoral del país pasara a manos de la oposición política. Si Felipe Solá o María Eugenia Vidal se convierten en los padres de la derrota peronista en la provincia de Buenos Aires, desde esa enorme “trinchera” se podría construir una oposición fuerte hacia 2017 y 2019, ligada mucho más estrechamente a la “Corpo”.

El escenario (más difícil) de un triunfo de Domínguez en la interna oficialista, pondría en carrera hacia La Plata al candidato más pejotista de todos, ligado a los barones del Conurbano, sin mucho kirchnerismo puro en sus listas y, sobre todo, sin Martín Sabbatella, el “enemigo público n°2” de Clarín. Argentina para Scioli o Macri, la provincia de Buenos Aires para Clarín. He ahí la consigna.

Perspectivas

Las tensiones que se han desatado no tiene un líder que las pueda aplacar. Cristina está en retirada. Sus discursos se limitan a intentar capear la crisis, pero no tiene la fuerza suficiente para imponer orden en el caos bonaerense.
Scioli hizo lo que mejor supo hacer estos años: llamarse a silencio y desaparecer de la escena. No resulta inexplicable. Es candidato gracias a la inercia y a la subordinación. Aunque sus spots de campaña quieran mostrar algo parecido a un líder, siempre su lugar fue el de la espera y la contemplación. Su “mérito” reside en haber sabido esperar a la sombra del poder político de turno. Pero eso no construye un líder. Si logra avanzar en la unificación del peronismo será por debilidad ajena, no por fortaleza propia.

Frente a ese escenario, la debacle del kirchnerismo “duro” aparece patente. La izquierda trotskista, y en ese marco la que se propone la renovación del FIT, pueden fungir como una alternativa política que aporte a prepararse para nuevas y mayores batallas contra un (aun eventual) peronismo unificado.


Eduardo Castilla

Nació en Alta Gracia, Córdoba, en 1976. Veinte años después se sumó a las filas del Partido de Trabajadores Socialistas, donde sigue acumulando millas desde ese entonces. Es periodista y desde 2015 reside en la Ciudad de Buenos Aires, donde hace las veces de editor general de La Izquierda Diario.

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