Después de años de discusión, dos de los proyectos emblemáticos de Bachelet se discutieron para su aprobación en el Parlamento, y resumen el curso de estos años del segundo Gobierno de Bachelet. La gratuidad se aprobó en Diputados, el aborto sigue su discusión, resultando adversos a las demandas populares, revelan un desplazamiento a derecha que deja, sin embargo, intactas las demandas motoras de movilizaciones.
Nicolás Miranda Comité de Redacción
Martes 18 de julio de 2017
Las discusiones y votaciones de los dos proyectos emblemáticos
Las discusiones y votaciones, resumen estos años del segundo Gobierno de Bachelet.
La discusión sobre educación superior y gratuidad, ingresada en julio del 2016 y ya aprobada en la Comisión de Educación y en la de Hacienda pasó a la votación en la sala de la Cámara de Diputados, en este largo proceso, se fue desplazando cada vez más a derecha: de la promesa de gratuidad universal el 2020, a un proyecto que falsamente la proyecta para… ¡el 2075!, sujeta a discusión presupuestaria según crecimiento del PIB, pero sobre todo, manteniendo la estructura de funcionamiento en base a la demanda (tipo voucher), además, manteniendo subsidios millonarios a las Universidades-empresa privadas. En resumen, manteniendo el mercado educativo. La educación, a lo Piñera, como un “bien de consumo” pero más regulado y con beneficios adicionales. Aunque con tensiones internas, más decididamente en el caso de la DC, la Nueva Mayoría de conjunto quedó al desnudo: promesas engañosas para corregir los aspectos más irritantes, pero lejos de las anunciadas “reformas estructurales”.
No solo la Nueva Mayoría, se fue desplazando a la derecha, sino que la propia derecha se afirmó en su rechazo a toda demanda popular. En los debates de las primarias, Kast aclaró que para ellos, el rechazo a la gratuidad es “una cuestión de principios”, Piñera, con posibilidades de ser re-elegido se declaró en contra de la gratuidad, pero respetando los sectores que, hasta ahora, han accedido a ésta.
La discusión sobre la despenalización del aborto en tres causales (riesgo de la vida de la madre, inviabilidad fetal y violación), saldrá a medias. Un sector de la Nueva Mayoría como Walker de la DC, y Carolina Goic, adelantaron que votarían en contra de la tercer causal, y dejaron en “libertad de conciencia” a su bancada.
En resumen, una convergencia entre la derecha y la Nueva Mayoría hacia la derecha, con matices entre ambos conglomerados, contra las demandas populares. Por eso es que las “contribuciones” de SQM y otras empresas, son a ambos lados de las alianzas mayoritarias que administran la herencia de la dictadura.
Resultados y proyecciones
Esta convergencia y desplazamiento a la derecha, se ve tensionada por las elecciones, y explica en parte que Piñera lleve la delantera: la Nueva Mayoría no aparece como una alternativa real a la derecha, sino que, al revés, le allanó el camino. Explica también, la crisis o dificultades de la campaña de Guillier: que no tiene, como le critican los propios, “un relato” propio. Más todavía, cuestionan la (supuesta) izquierdización que le imprimiría la vocería de la diputada PC Karol Cariola, por lo que le pusieron de escoltas a los jefes de bancada del PPD y el PS, laguistas, sello de garantía del “realismo (con) renuncia”.
Sin embargo, las demandas populares siguen así sin respuesta e intactas, como motores de movilizaciones y nuevos fenómenos políticos. Que en las encuestas (aunque interesadas), Beatriz Sánchez sigue adelantando a Guillier en las preferencias para las elecciones, son un indicador distorsionado de esto.
El muro de contención que se prepara con una eventual vuelta de Piñera al Gobierno, será de frágil constitución, y, con los ataques anunciados, una “retroexcavadora al revés”, será fuente de nuevas y mayores tensiones.