El film muestra las entrañas de la industria turística, donde por una parte prometen el paraíso a los visitantes y por otra, basan sus ganancias en la explotación de cientos de trabajadores.
Lunes 3 de septiembre de 2018
Explotación laboral en los grandes hoteles mexicanos, absorción por parte de grandes cadenas y explotación laboral, en un tono de humor negro son el telón de fondo de la segunda cinta del director Sebastían Hofmann Tiempo compartido (2018). Aparecen en ella actores y actrices como Luis Gerardo Méndez, Cassandra Ciangherotti, Miguel Rodarte, Andrés Almeida y Montserrat Marañón.
Un animador de un gran hotel tiene una crisis antes de entrar para amenizar juegos de padres e hijos y en medio de una carrera de costales, colapsa. Cinco años después, una joven familia conformado por Eva (Cassandra Ciangherotti), su hijo y su esposo Pedro (Luis Gerardo Méndez), llegan al resort para disfrutar una semana de vacaciones. Todo parece normal hasta que se dan cuenta de que otra familia también tenía reservada la misma villa.
La actitud de Pedro ante el inconveniente es de enojo. El gerente hace primero un trato con Andrés (Miguel Rodarte), quien queda satisfecho, pero el enojado padre de familia echa en cara que el error del hotel al sobrevender las villas algo ilegal. Un empleado responde que no es ilegal si es causa del éxito.
Las dos familias tan distintas tendrán que convivir en la villa una semana. Parece que el destino se ensañará con Pedro, quien siempre recibirá la peor parte.
Por otro lado vemos a Abel (Andres Almeida), el animador que tuvo el ataque, que ahora trabaja en las entrañas del hotel en las lavanderías industriales que tienen. Moverá la pesada carga con algo de dificultad mientras intenta recuperarse lo más pronto para estar en la primera línea cuando el hotel sea absorbido por un consorcio internacional.
La esposa de Abel, Gloria (Montserrat Marañón), se encuentra en ese grupo selecto de ejecutivos que será el encargado de realizar las tareas del nuevo consorcio. Para ello tomarán clases de inglés y recibirán asesoría de un motivador de personal, Tom (R.J. Mitte), mientras el otrora animador ve de lejos y con nostalgia el lugar que pudiera ocupar mientras sigue empujando su carro atiborrado de sábanas y toallas.
Las actividades que hace la empresa más parecen, sin embargo, un lavado de cerebro en donde el trabajador se compromete en dar todo a la empresa. Fidelidad, compromiso, meta, éxito, son palabras que usan los líderes para "empoderar" a los trabajadores y hacerlos que se exijan más... hasta el derrumbe.
Esta película disecciona el discurso motivacional, el manejo de las emociones, de historias personales fuertes que entre más trágicas mejor, cómo explotar las ansias de llegar a la cúspide de la empresa con métodos legales o ilegales, todo por "el éxito".
Pero no todos se creen el cuento. Los trabajadores de las entrañas de "la ballena", como llaman a este monstruoso hotel, saben que sólo existe una manera de salir de ésta: digerido o vomitado. Una excelente metáfora de la explotación que hace la llamada industria sin chimeneas sobre los trabajadores que deja secuelas físicas y psicológicas, además de depredar el medio ambiente.
Mientras Pedro intenta por todos los medios que su familia no se involucre con sus deleznables vecinos, que le parecen tontos y simples, sus charlas sobre tener más hijos o la adulación de la belleza de su esposa son trucos para alejarlos.
Pero a Eva le gusta esta convivencia de familia grande, ve bien que su hijo tenga niños con quién jugar, platica con su nueva amiga sobre los programas de la televisión mientras se pintan las uñas, cree que las cosas deberían ser así siempre.
Tiempo compartido es una cinta con humor negro con tintes de thriller. Sin duda hará reflexionar sobre la industria del turismo tan en boga ahora, la explotación de los trabajadores en los grandes complejos y la labor que hacen los cursos motivacionales en esta cadena de explotación.