El Juzgado de lo Social número 4 de Zaragoza ha sentenciado que la empresa Alumalsa, fundición de aluminio, tiene que indemnizarle con 7864,40 euros a una trabajadora en concepto de daños y perjuicios.
Lunes 15 de enero de 2018

Los hechos ocurrieron en 14 de abril de 2016. La CNT en Alumalsa explica en un comunicado que la trabajadora tenía su camiseta rota a la altura del pecho, así que se dirigió a su encargado a pedirle una nueva. Éste le dijo ‘igual estamos esperando a eso, a que te la quites’.
Además, no era ni la primera ni la última vez: el mismo supervisor ya había lanzado a la trabajadora comentarios similares en el pasado, que la sentencia misma recoge. Ante esta situación, tanto la afectada como el delegado sindical de la CNT en la empresa denunciaron lo ocurrido ante la Inspección de Trabajo, lo que a su vez provocó que la DGA demandase de oficio a Alumalsa, al tiempo que los servicios jurídicos del sindicato se adhirieron a la demanda, en representación de la trabajadora.
Tras denunciar en Inspección la empresa reprimió a la trabajadora despidiéndola. Por este segundo motivo hay un segundo juicio pendiente de celebración.
La experiencia vivida por la trabajadora de Alumalsa no es por supuesto ni la primera ni la última situación de acoso sexual y hostigamiento en el trabajo. Éstas situaciones se repiten con frecuencia, hombres que aprovechan su situación de poder para lanzar comentarios sexistas y acosar a las mujeres.
En la mayoría de los casos contando con la banalización, si no es la complicidad del resto de hombres, dándose situaciones en las que se le resta importancia a tratos vejatorios desde los cargos de poder. Y en que las víctimas, como en éste caso deben esperar años para ver como se resuelve judicialmente las agresiones sufridas y tratar de sobrevivir con la situación que un machista le generó, produciéndose en algunos casos fallos que muestran la impunidad del acosador.
Vivimos bajo un sistema patriarcal en el que las mujeres soportan el machismo y la más alta precariedad laboral. Los datos muestran un panorama claro: en el estado español en el mes de Noviembre de 2017, de todos los nuevos parados, el 96% eran mujeres. A ellas se les reservan los trabajos más precarios, muchas veces sin contrato o contratos basura y en el que el despido o el fin de obra está a la orden del día: como los trabajos de cuidados, limpieza, hostelería, servicios o atención al público.
Ante esta situación, es necesario unificar las demandas de la clase trabajadora para que a igual trabajo haya igual salario: basta de que las mujeres cobren menos por hacer lo mismo.
Los sectores en mejores condiciones deben asumir las demandas de las trabajadoras más precarias, pedir la supresión de categorías laborales inferiores para el mismo trabajo, el reparto de las horas de trabajo para acabar con las bolsas de desempleo, terminar con los contratos en negro, el fin de los recortes en ayudas a la dependencia y la socialización del trabajo doméstico, para que el trabajo de cuidados y las labores del hogar no lo asuma en su mayor parte la mujer trabajadora, doblemente explotada.
Toda una serie de demandas que obligan a repensar el papel de los sindicatos. Sólo así se puede recuperar el poder para la clase obrera, con unas demandas básicas de solidaridad que sean exigidas a cada comité de empresa, en cada centro de trabajo y que recuperen los sindicatos para las personas trabajadoras.