Para el sector cultural, que concentra alrededor de 2 millones de trabajadores a lo largo del territorio, el asesinato del malabarista pone sobre la palestra la vulnerabilidad ante las autoridades y el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio que viven los trabajadores de las artes, en especial quienes desempeñan labores en vía pública.

Yasna Rex Periodista y publicista, Usach. Colaboradora de Cultura
Lunes 8 de febrero de 2021
Fotos: Yasna Rex
Luego del sentido asesinato de Francisco Martínez a manos del sargento Juan González de Carabineros de Chile, diversos colectivos artísticos de Maipú convocaron a un acto cultural el sábado 6 de febrero en Plaza Monumento para condenar el actuar de la institución policial.
“Como artistas maipucinos no podemos estar en silencio y ver cómo el Estado atenta contra nosotros, hoy fue Francisco, mañana puede ser cualquiera. Invitamos a todos, artistas y no artistas a demostrar el descontento. Traer instrumentos musicales, clavas, banderas, carteles, megáfonos”, anunciaba el comunicado emitido por redes sociales que logró congregar a ciclistas, artistas callejeros y agrupaciones musicales en torno a una activa movilización ciudadana.
En una jornada marcada por espacios comunes, donde malabaristas ensayaban sus rutinas frente a la comunidad en diversos puntos de la plaza, y los músicos interpretaban un surtido repertorio de cuecas, títulos de la Nueva Canción Chilena y “El derecho de vivir en paz” de Víctor Jara, que desde el Estallido Social pasó a ser clave en las movilizaciones, los asistentes por medio de expresiones artísticas hicieron de un espacio público uno propio, en honor a Francisco Martínez.
El llamado fue a no soltar las calles, a recuperar las plazas con arte y unión social. “No me puedo quedar en casa viendo las noticias, viendo las mentiras que dicen. Les pido cabros, a los más jóvenes, no suelten las calles, sigan la lucha. Gracias a los jóvenes hemos conseguido cosas. De a poquito estamos saliendo, nos apoderamos de las plazas, las calles”, expresó una mujer, cuyo hijo engrosa la lista de presos políticos del 18 de octubre.
Cecilia Ibarra, bailarina e impulsora del proyecto “Entre la pantalla y la pared”, que busca visibilizar el trabajo de artistas y sus opiniones respecto a contingencias, señala que aún contando con los permisos municipales para las intervenciones suelen ser molestados. “Los artistas en los espacios públicos siempre han sido criminalizados, hostigados, cuando son los que llevan alegría a la calle y sacan de la enajenación de la vida diaria a las personas”.
La calle, según Ibarra, es uno de los escenarios más difíciles y el que menos valor tiene. “Los artistas callejeros son constantemente excluidos de los espacios como los semáforos, las esquinas y los vagones de metro”, sostiene. No cuentan con contratos, muchos boletean. Como trabajadores están al margen de leyes laborales que los protejan y les garanticen estabilidad. “Muchos boletiamos y tenemos trabajos esporádicos, lo que hace difícil imponer o tener previsión de salud, porque es más vital y urgente comer que ocupar esa plata en imponer. La precariedad es un círculo vicioso”, sentencia.
Javiera Márquez, candidata a constituyente por el distrito 8, enfatiza que la actividad permitió el encuentro para condenar la violencia policial y recordar que todavía siguen impunes quienes han cometido violaciones a los derechos humanos. “Hay que denunciar que este proceso constituyente está manchado por la sangre de las víctimas de violencia policial. Denunciamos el control preventivo de la identidad; hay que exigir que se termine con esa ley que viene de la herencia de la dictadura y que se disuelva la policía”, expresó.