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Red Internacional
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FÚTBOL. Adiós a Amadeo Carrizo, el hombre que revolucionó el arco

Esta madrugada falleció el legendario arquero de River y de la Selección Argentina. Tenía 93 años. Lo despide con gran cariño todo el mundo del fútbol.

Augusto Dorado

Augusto Dorado @AugustoDorado

Viernes 20 de marzo de 2020 14:00

Amadeo Carrizo homenajeado en el Monumental en abril de 2014, en un partido de River frente a Atlético Rafaela. Foto: diario La Nación.

Fue un emblema de River pero más lo fue de todo el fútbol argentino. Modelo para arqueros de todas las generaciones que le siguieron, querido por su manera de ser sencilla pese a su grandeza deportiva, Amadeo Carrizo nos dejó esta madrugada y se llevó con él un pedazo importante de la historia de nuestro fútbol. También nos dejó un legado.

A nivel del deporte más popular del mundo, encabezó una revolución: fue el primer arquero en animarse a salir del área, a anticipar cambiando el rol de “portero” por el de líbero. Una innovación táctica que marcó un antes y un después y que -de alguna manera- también era una señal de fútbol ofensivo para su equipo y para el rival. Tan profunda fue esa revolución que una institución conservadora por antonomasia como suele ser el Senado Nacional (el mismo que rechazó leyes sociales como el derecho al aborto libre, seguro y gratuito en pleno siglo XXI) que estableció en su homenaje la fecha del famoso “día del arquero”: cada 12 de junio, fecha de nacimiento de Carrrizo.

Fue un 12 de junio de 1926 que este prócer deportivo nació en Rufino, provincia de Santa Fe. Su debut en la Primera División del fútbol argentino ocurrió un 6 de mayo de 1945, en una victoria de River (el club al que quedaría asociado para siempre) por 2 a 1 ante Independiente (cuadro del que era hincha). Tenía 19 años y se adueñó del arco del club de Núñez hasta diciembre de 1968. Paradojas del destino, al irse de River recaló en Millonarios de Colombia antes de su retiro. Es el futbolista que más partidos jugó en River: en 513 ocasiones lo aplaudieron a rabiar y corearon su nombre las tribunas. Desde 2008 una de ellas lleva su nombre -el sector que está bajo la platea General Belgrano del Monumental- y desde 2013 fue nombrado presidente honorario del club que lo vio brillar (salió 7 veces campeón) y que puede exhibir incontables anécdotas para fundamentar porqué Amadeo se transformó en leyenda.

Amadeo Raúl Carrizo, que hizo que el mundo se olvide de ese puesto condenado a la estática de “los 3 palos”, también tuvo su merecido paso por la Selección: estuvo en el arco argentino entre 1954 y 1964, incluyendo el Mundial de 1958 en Suecia. Eran años en los que la celeste y blanca tenía serios problemas para afianzarse, pero pudo darle un título (la Copa de Naciones de 1964 en Brasil), y ocupar ese arco ayudó a que todo el fútbol argentino disfrute y le tribute cariño al “gran Amadeo”.

Héroe de los niños que lo vieron jugar -todos querían “ser Amadeo”-, era tan popular que lo apodaron como la radionovela más escuchada del país: Tarzán, por su admirable estampa (medía 1,88) y su estado atlético. Dejó entre sus “herederos” futbolísticos a otro que hizo historia, pero en el “arco de enfrente”: el Loco Gatti. También inspiró a grandes arqueros de otros lares como René Higuita.

Pese a la lejanía generacional, Amadeo es un recuerdo cercano para muchos: en el caso de este cronista, cada tanto aparecía en anécdotas familiares. La noticia de la “gira eterna” de Carrizo, obligaba a una llamada al viejo: “Cada vez que me rateaba del colegio, me escapaba a ver los entrenamientos de River. Ahí conocí a Delém (había muchos brasileños en River y Boca en esa época), pero era impresionante verlo a Amadeo. ¡Tenía las manos más grandes que la pelota! Era un adelantado, Gatti aprendió de él. Le pegaba bárbaro a la pelota y arriesgaba. A veces lo complicaba, por ejemplo, Menotti le agarró la mano y me acuerdo un partido en que le hizo dos goles… Pero fue uno de los mejores de la historia, el último sobreviviente de La máquina de River… Yo creo que estuvo a la altura del ruso Yazhim”, contaba Julio Dorado, que aunque no pudo hacer hincha de River a alguno de sus hijos, sí logró transmitir muy bien el amor por el buen fútbol.

Parecía que iba a estar para siempre ahí, pero hoy se nos fue Amadeo. El arquero que se hizo grande saliendo del área grande, para recordarnos que el fútbol es un arte y es un juego. El tipo que revolucionó el arco y que ya era leyenda muchísimo antes de decirnos adiós.