lid bot

Mundo Obrero. Adultos mayores orillados al trabajo precario: el rostro salvaje del capitalismo

La baja cobertura de seguridad social y los reducidos montos de las pensiones, obligan a los adultos mayores a seguir trabajando, menciona un perfil sociodemográfico publicado por el INEGI.

Soledad Farfalla Maestra de secundaria, Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase

Jueves 10 de diciembre de 2015

En el andén del metro ya es imagen recurrente; otra cara pero el mismo pelo blanco y las mismas manos porosas y huesudas intentando sacar las aguas turbias del trapeador. En el transborde se repite la escena, un cuerpo ligeramente jorobado y aparentemente débil trapea, barre, limpia o despega goma de marcar del suelo; los rostros diferentes, pero las miradas muy parecidas, cansadas, ojerosas, apagadas.

Explotados hasta la muerte

Después de entregarle “sus mejores años” al patrón, Doña Dora es separada de su trabajo y recibe a cambio una mísera pensión que apenas le alcanza para mal comer y cubrir el pago de los fármacos que no le dan en el seguro. Doña Dora es parte del 25% de los adultos mayores que reciben algún tipo de pensión. Sin embargo la realidad de la mayoría de la personas de la tercera edad es diferente.

La vejez trae consigo un enorme listado de degeneraciones en el estado de salud, irremediablemente vendrá con ella la perdida de fuerza, la dificultad para moverse con agilidad e inclusive en muchos casos algún tipo de discapacidad.

Un cuerpo viejo y cansado, sin duda, será incapaz de producir al ritmo que lo hace un cuerpo joven. Y pensando que, bajo este sistema de miseria, el valor de nuestras vidas es directamente proporcional a nuestra capacidad de producción, la vida de los ancianos y las ancianas en el mundo vale poco o nada.

Bajo esta lógica millones de ancianos han sido relegados a ocupar puestos de trabajo totalmente precarizados y con ello condiciones de vida poco dignas.

La tercera edad y el trabajo precario en México

En México hay poco más de 11.7 millones de adultos mayores, es decir, personas que tienen una edad superior a los 60 años. De los cuales el 33.7% trabaja de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del segundo trimestre de 2014.

Laura Toribio, en su artículo “Condenan a la tercera edad a la informalidad” publicado por el Instituto de Investigaciones Jurídicas, destaca: al preguntar “¿Cuáles son los tres problemas más importantes que usted tiene?” El 40.3% señaló económicos, un 37% indicó enfermedades y acceso a la salud mientras que el 25.9% subrayo laborales.

La baja cobertura de seguridad social y los reducidos montos de las pensiones obligan a los adultos mayores a seguir trabajando, menciona un perfil sociodemográfico publicado por el INEGI en 2005.

A nivel mundial, de acuerdo con el informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), tan sólo la mitad de los adultos mayores cuentan con algún tipo de pensión, misma que en el 52% de los casos es insuficiente para cubrir las necesidades básicas de los ancianos que las perciben. En el caso de México la situación es aun más cruda, pues el 75% carece de una pensión, de acuerdo a lo expuesto por Laura Toribio.

Estas circunstancias orillan a millones de ancianas y ancianos a incorporarse al trabajo. Pero, ¿en qué condiciones trabajan? De los 3.9 millones de adultos mayores que laboran, 50% trabaja por cuenta propia –comerciantes, artesanos, realizando labores domésticos a cambio de una retribución, etcétera–; 35.5% realiza un trabajo subordinado, y de estos el 49.2% no tiene acceso a la seguridad social, ni percibe prestación alguna –situación agudizada a partir de 2008 con la reforma laboral–; y un 4.9% labora sin recibir pago.

Del total de adultos mayores que se incorporan al mercado laboral, el 74.3% lo hace en el ámbito informal y de estos 1 de cada 3 percibe hasta un salario mínimo.
Otra brutal expresión de la explotación capitalista, descargada sobre los hombros de las y los trabajadores de la tercera edad.