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Red Internacional
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Contaminación. Aguas Antofagasta arroja agua con fecas al mar: años de omisión por parte de las autoridades locales

Mientras Karen Rojo y Piñera enarbolan su discurso patriótico y xenófobo con el pretexto de "defender el mar", hechos como el derrame de aguas servidas en nuestras playas nos recuerdan que esta "defensa de Antofagasta" no corre para hacerle frente a los empresarios que depredan nuestros recursos naturales y contaminan nuestras vidas.

Patricia Romo

Patricia Romo Profesora del Liceo Domingo Herrera B-13. Integrante de la Agrupación Nuestra Clase Antofagasta.

Domingo 7 de octubre de 2018

Este viernes, el país entero fue testigo de una paradoja y una aberración medioambiental: apenas 4 días después del fallo de La Haya y los actos de “celebración” propiciados por Karen Rojo y Sebastián Piñera en el muelle de nuestra ciudad, la empresa Aguas Antofagasta arrojó aguas servidas sin tratamiento directamente al mar, en la costa del sector sur de la ciudad, en medio de una “emergencia sanitaria”. La Seremia de Salud, por su parte, confirmó el inicio de un nuevo sumario sanitario en contra de la empresa controlada por la patronal colombiana Empresas Públicas de Medellín.

Tras el desborde de aguas con fecas en medio de la avenida la empresa siguió sus procedimientos para este tipo de emergencia, vertiendo las aguas servidas directamente al mar, por la costa de Avenida Grecia, a escasos metros del Balneario Municipal. En respuesta a la molestia las autoridades sólamente instalaron un letrero que señala que la playa “ya no es apta para el baño”.

Aguas Antofagasta es una de las empresas más beneficiadas con el proceso de privatización del agua en Chile, el cual comenzó el año 1988 bajo la dictadura de Pinochet y que fue materializado durante los gobiernos de la Concertación y sellado durante los gobiernos de Lagos y Piñera, quienes terminaron por reducir la participación estatal a un 5%, y asegurando ganancias para las empresas sanitarias gracias al altísimo costo que pagamos cada por este servicio (uno de los más altos del mundo). Estos márgenes de ganancias –decretados en 1988 por Augusto Pinochet- se suman a otro tipo de cobros, como reparaciones y mantenimiento del servicio a los mismos usuarios.

Tras asegurar una licitación por al menos 20 años, la empresa Aguas Antofagasta que desde el 2003 estaba en manos de Antofagasta PLC del Grupo Luksic, fue vendida el año 2015 al grupo EPM por casi 1.000 millones de dólares. Durante todos estos años ha sido de opinión pública el mal servicio sanitario en la ciudad, así como la mala calidad del agua potable y los hechos de contaminación en nuestras playa.

Pese a ello las autoridades locales de gobierno, o incluso la misma Alcaldesa Karen Rojo, han mantenido una excelente relación pública con la empresa, cubriendo su imagen y omitiendo su pésimo funcionamiento. Aún más, dentro de la semana recién pasada la Alcaldesa se encontraba conmovida hasta las lágrimas en el muelle histórico tras el fallo de La Haya, televisado y celebrado a instancias del municipio y el gobierno, con la venida de Sebastián Piñera a los festejos. Sin embargo, frente al caso de aguas servidas en las playas de nuestra ciudad, la alcaldesa sólo se remitió a agendar una reunión con la empresa. Claramente, su “defensa” del mar no corre para hacerle frente a los empresarios nacionales y extranjeros que depredan nuestros recursos naturales y contaminan descaradamente el lugar donde vivimos.

Es en contra de este aprovechamiento empresarial que debemos organizarnos, tal como vienen haciendo los trabajadores ferroviarios contra Luksic, que precariza, despide y contamina a destajo. Reconocido como un ícono de contaminación en la región, Luksic lleva décadas envenándonos con plomo, con su galpón en la ATI, con el derrame de ácido en Michilla, etc. Los trabajadores despedidos de FCAB y sus familias llevan 90 días organizando la lucha y la resistencia contra este magnate, valiéndose de la solidaridad y la unidad entre trabajadores de diversos sectores y estudiantes. Se hace indispensable seguir este ejemplo, aquí, en Quintero y en todo el país: ¡nuestras vidas valen más que sus ganancias!