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Red Internacional
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Ajuste en la Universidad, ¿cómo lo enfrentamos?

Subejecución del presupuesto, recortes, paritarias a la baja e inflación: el combo para atacar la educación pública. ¿Como lo enfrentamos?

Juan Rojo

Juan Rojo LID Córdoba

Viernes 20 de julio de 2018

Desde hace unas semanas se puso sobre la mesa la situación crítica en la que se encuentran las Universidades Públicas. Con casos más graves que otros -como los que atraviesan las universidades del Conurbano Bonaerense o la Universidad Nacional de Comahue-, lo que podemos ver es una brutal política de recorte que se puede profundizar aún más.

El ajuste actual tiene 4 pilares. Uno es la subejecución del presupuesto, es decir, se gasta menos de lo presupuestado sin explicar por qué. Otro es el recorte directo, que ronda la cifra de mil millones de pesos, sumados al anuncio de recortes por 3 mil millones del CIN a principio de año. A esto se le agrega una paritaria docente que pretenden cerrar a la baja, cuando ya la inflación superó en Julio a la irreal proyección del 15% que hizo el gobierno (y hoy se calcula en más de 30%). Por último encontramos un presupuesto general escaso, que a su vez se ve afectado por la inflación y la devaluación del dólar, lo que encarece los gastos que deben realizar las universidades para materiales e investigaciones.

El estado de situación es alarmante. Según estudios del Instituto de Estudios y Capacitación (IEC), la deuda con las universidades asciende a 13 mil millones de pesos, con un recorte de 1056,4 millones en lo que va del año, que se reparte entre la Secretaria de Políticas Universitarias y otros programas universitarios. Las áreas más perjudicadas son Proyectos Especiales (Extensión), Infraestructura e investigación de docentes universitarios.

Hasta ahora, para lo único que el gobierno gira dinero es para el pago de salarios, retrasando el pago de becas, aportes a investigaciones y gastos de infraestructuras. Esto pone en situación de parálisis a gran parte de las tareas universitarias, sin olvidar que, en lo que respecta al pago de sueldos, se sigue insistiendo y extorsionando a los docentes con un aumento del 15% y en cuotas. Es por eso que los gremios docentes se han pronunciado por el No comienzo de las clases en el segundo semestre, medida que empieza a ser analizada por los rectores de las diferentes universidades, incluso por aquellos que comulgan con la administración macrista como el de la Universidad Nacional de Córdoba, Hugo Juri. Cabe recordar que Juri es presidente del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) y que ya había avalado un recorte de 3 mil millones cuando asumió, lo cual nos lleva a pensar que no le molesta demasiado el ajuste sino quedar pegado a semejante ataque.

El rol del movimiento estudiantil, desafíos y perspectivas.

Los números que hemos expuesto dan una dimensión del ajuste. Se puede agregar que las subejecuciones de presupuesto no son algo nuevo: en los dos años anteriores, promedia 700 millones subejecutados por año.
Frente a esta realidad, y al reclamo docente en curso, el movimiento estudiantil no puede permanecer al margen: hay desafíos planteados para intervenir. Hoy, muchas corrientes estudiantiles podemos coincidir en que existe un ataque a la educación pública y en que, si este ataque pasa, los recortes irán en aumento; pero enfrentarlo no puede ser en base a declaraciones. Los estudiantes debemos poner sobre la mesa la discusión sobre que prácticas y qué perspectivas son necesarias para actuar. ¿Las conducciones de los centros de estudiantes se van a limitar a expresar su descontento, o van a generar espacios de organización para que el conjunto de los estudiantes se involucren en esta pelea? ¿Van a descansar en la idea de que lo único que queda es esperar al 2019 o van a hacerse cargo del aquí y ahora?

El primer desafío que tenemos es dimensionar el ataque y analizar cómo enfrentarlo. Para esto, podemos tomar numerosos ejemplos que muestran un camino: la lucha de los trabajadores de Telam, la de los estatales en Chubut, la gran pelea de los docentes neuquinos que pudieron romper el techo salarial, el freno de cierres de hospitales de los trabajadores de la salud en la zona sur de Buenos Aires, la pelea que está llevando adelante el movimiento de mujeres por el derecho al aborto. ¿Qué tienen en común? En todos los casos hubo una perspectiva de intentar ganar la opinión pública, popularizar los conflictos, generar una alianza con la sociedad para fortalecer el reclamo, lo cual también se puede lograr en defensa de la educación pública. En segundo lugar, la organización y la lucha debe contar con un plan de medidas concretas. Por eso, la discusión es si el movimiento estudiantil va a intervenir con sus propios métodos y va a ser una fuerza capaz, no solo de frenar el recorte, sino de impulsar mejoras educativas. Todas las conducciones estudiantiles que no persigan este objetivo no merecen ser llamadas como tal; serán, a lo sumo, administradores de servicios mientras los números se achican.

El segundo desafío que tenemos es el de separar la paja del trigo. Hoy, al reclamo docente se suman los rectores de las universidades nacionales que no quieren quedar pegados, pero sabemos que son ellos los responsables de venir aplicando los ajustes, y los que los van a llevar adelante. Por eso, toda pelea en defensa de la educación pública va a ser necesariamente contra esos rectores y decanos que no van a impulsar ningún espacio de discusión sobre esta situación, y que responden a una u otra variante política de las que esperan respuestas en 2019, tanto del lado del macrismo como del peronismo, con quien hoy el gobierno negocia los recortes en el presupuesto.

Todo esto es importante para pelear por una perspectiva clara. Defender la educación pública es el primer paso; pero el horizonte es conquistar una educación pública de calidad, que permita la inclusión de todos los hijos de trabajadores y que produzca conocimientos para toda la sociedad, no para ponerlos al servicio de los empresarios. A la par que defendemos la universidad de este ajuste, tenemos que pelear por un aumento real del presupuesto, por el no pago a la deuda externa -a fin de que esa plata pueda ir para educación y para las necesidades del pueblo trabajador-, y por derogar las leyes de mercantilización de la educación, empezando por la LES menemista y sus leyes derivadas, leyes que muchos de los rectores que hoy reclaman frente al ajuste no tocaron y profundizaron.