El gobierno de Manuel Velasco Coello en Chiapas gasta más de 100 millones de pesos en recepción del Papa Francisco, grandes intereses se esconden en esta visita al estado con mayor diversidad y conflictos religiosos.

Sandra Romero México | @tklibera
Martes 16 de febrero de 2016
La visita del Papa Francisco a México no corre a cuenta de la Iglesia, ni del Vaticano, los gastos son cubiertos con presupuesto federal y de los estados que visita, más sumas no especificadas otorgadas por empresarios y colectas entre la población católica.
En Chiapas el gasto reconocido es de 100 millones de pesos. Esto es el equivalente a alfabetizar a 150 mil personas de las 500 mil que no saben leer ni escribir en el estado con mayores índices de analfabetismo.
Sin embargo, esto no es prioridad para Velasco Coello, como si lo es fortalecer el credo católico en el Estado con mayor diversidad religiosa y menos población católica del país.
Bajo una perspectiva “turística” y “empresarial” diversos funcionarios del gobierno estatal alentaron esta visita del Papa como una actividad de alta derrama económica, que estiman será tres veces mayor al gasto generado. La suma estimada por las Cámaras de Comercio, con la gira en seis estados del país, es de dos mil 500 millones de pesos.
Sin embargo, el mayor beneficio para el gobierno de Velasco Coello, será ampliar la influencia ideológica del catolicismo en el Estado y de paso atentar contra el Estado laico con miras electorales.
Intolerancia religiosa, impunidad y miseria
Lamentablemente en Chiapas existe un conflictivo entorno social religioso hace más de 40 años, un escenario propiciado por los gobiernos en turno, agravado con la militarización y la cerrazón de gobiernos federales que se han negado a cumplir las demandas de la lucha indígena y campesina, al mismo tiempo que reprimen al magisterio.
La enorme pobreza y conflictos agrarios, que contrastan con la gran riqueza cultural y de recursos naturales, no son el escenario de una armónica diversidad religiosa, sino de confrontaciones religiosas que derivan en división social, desplazamientos, expulsiones, apropiaciones de tierras y viviendas, asesinatos y enfrentamientos.
En San Cristóbal de las Casas, donde estuvo el Papa, se pueden ver hasta cinco templos de religiones distintas en una misma colonia. Pero la intolerancia religiosa influida por intereses políticos y económicos, ha sido motivo constante de conflicto y expresiones que llegan hasta a las urnas electorales, por el respaldo “bajo la mesa” que otorgan los partidos a una u otra comunidad religiosa.
Esto lo sabe el gobierno. Velasco Coello, rodeado por escándalos de corrupción y desvío de recursos durante su gestión, actúa en forma similar a sus predecesores y minimiza las pugnas comunitarias, mientras en realidad las utiliza en beneficio político y fomenta la violencia e impunidad.
El mejor ejemplo de esto es el llamado Ejército de Dios, grupo evangélico de cientos de personas, agrupadas bajo una estructura militar, desde donde dicen defender la “democratización” del estado y “consolidar su defensa de la fe”. En los hechos son un grupo paramilitar que opera en Los Altos de Chiapas y goza de impunidad para restar influencia al EZLN, basados en el terror y la violencia.
Chiapas es además un estado donde amplios sectores de la población, en particular las comunidades indígenas, sufren la militarización. Con mayor número de muertes por aborto clandestino, prohibido y condenado por la Iglesia. Y donde las leyes regresivas alentadas por el gobierno, el PRI y el Partido Verde, las criminalizan si deciden interrumpir su embarazo.
Discurso del Papa en Chiapas, ¿cierra heridas?
El Papa llega a Chiapas con un discurso alentador para muchos católicos y amplios sectores de la población, reconoce la opresión, los “anhelos de vivir en libertad, sin opresión, ni maltrato o degradación” y llama a los jóvenes a creer “en sueños imposibles”.
Reconoce también la exclusión social y las tradiciones en un estado de gran diversidad indígena, mientras cuestiona a los “mareados por el poder, el dinero y las leyes del mercado”.
Este discurso social, como planteamos aquí, representa una franca intención por fortalecer la fe católica, ante una evidente disminución de credibilidad, claramente expresada en Chiapas. Esto sumado a los escándalos por corrupción, pederastia y otros en escenarios políticos de lado de gobiernos y contra el pueblo.
Pero es imprescindible contrastar la realidad con la retórica del Papa, pues los aspectos de la realidad que su discurso cuestiona, son responsabilidad de la misma clase política que lo recibió en Palacio Nacional, cuestionada por las desapariciones en ayotzinapa y por la militarización del país. Para resolver los padecimientos populares en Chiapas y otros estados, hay que cuestionar a las instituciones y los gobiernos, pero además algo que no dirá el Papa: organizarse y luchar.