Publicamos a continuación un texto de opinión sobre una reciente polémica de Rolando Astarita contra un artículo de Guillo Pistonesi del PTS.
Sábado 3 de octubre de 2020 15:14
Leandro Germán es sociólogo y militó muchos años en el Partido Obrero. Desde su cuenta de Facebook reflexiona recurrentemente sobre la política de la izquierda en la actualidad. Recientemente publicó una crítica a un artículo de polémica de Rolando Astarita en respuesta a un artículo de Guillo Pistonesi del PTS. Aquí va:
Este artículo de Astarita contra el PTS es un acto flagrante de deshonestidad intelectual. Astarita afirma que la nota del PTS que él critica (la pego en los comentarios), escrita por Guillo Pistonesi, señala que el gobierno de Alberto es progresivo frente a la derecha, y que por eso la critica. Astarita no entrecomilla la palabra “progresivo”, pero no porque no sea una cita (Astarita no aclara que no es una cita) sino porque no lo cree necesario, porque procede como si citara, es decir, como si estuviera tan claro que está citando que las comillas se hubiesen vuelto innecesarias. Ahí radica su mala fe. Si uno revisa el artículo del PTS, en cambio, la afirmación de que el gobierno de Alberto es progresivo (en sí mismo o frente a la oposición de derecha) sencillamente no aparece, y no aparece porque no existe. La argumentación del artículo del PTS es otra (y hasta es sobre otra cosa: menos sobre el gobierno de Alberto que sobre su oposición), no que el gobierno de Alberto, como le adjudica Astarita, sea progresivo.
Sin demasiada gracia ni talento (Astarita tiene talento para pocas cosas y gracia para ninguna), el crítico se pregunta, a cuento de nada, pero como si siguiera un razonamiento habilitado por el propio artículo del PTS, si la “consigna” de que el Central deje de acumular Leliqs podría llegar a ser “movilizadora”. Pero el artículo del PTS no habla de movilización ni de consignas, menos de consignas movilizadoras. Y, por supuesto, no habla de las Leliqs. Es un nuevo acto de mala fe de Astarita.
Astarita le atribuye al artículo del PTS la exigencia de que “Alberto cumpla con sus promesas”. El artículo del PTS, en cambio, jamás lo hace. Lo que sí hace es contrastar declaraciones públicas con acción de gobierno, pero eso es lo que hace todo el mundo, en Argentina y en todos lados, y se hace contra la derecha, contra la izquierda y contra el centro, porque es un recurso típico de la política y de la argumentación política, lo que no es lo mismo que exigir que se cumpa con “las promesas”, consigna ingenua, porque además, las promesas remiten directamente a un programa electoral que la propia izquierda se ha cansado de criticar y que supone “promesas” diversas ante auditorios que no lo son menos. Astarita cree que está discutiendo con el viejo MAS en los primeros meses del gobierno de Menem. Es una forma ritual de discutir. Astarita ritualiza su propio proceder argumentativo, como si la política tratara únicamente de constantes. Es él mismo quien le saca filo a la crítica. Así, la polémica se vuelve fatigosa.
Astarita llega al colmo de la deshonestidad política cuando afirma que del artículo del PTS se desprende una justificación del congelamiento salarial o el ajuste a los jubilados, temas sobre los que el artículo del PTS no trata. El artículo trata de otras cosas, y se puede tener acuerdo o no con el modo en que las trata, pero ni en el peor de los escenarios hay margen para deducir una justificación de las peores políticas del gobierno o para disculpar al propio gobierno por ellas. La deshonestidad máxima, con todo, llega cuando Astarita, haciéndose el gracioso, acusa al PTS de justificar la corrupción del kirchnerismo. No hay nada en el artículo del PTS que permita inferir cosa semejante.
Astarita cree que sólo a los gobiernos de centroizquierda o “progresistas” se los acusa de “ceder”. Pero se equivoca, en eso y en ver en la acusación el expediente de una disculpa. También los gobiernos “liberales” o derechistas de Menem y la Alianza (no hablemos ya del de Duhalde, derechista pero no liberal) fueron acusados por la izquierda de ceder ante diversos actores (los bancos, EEUU, el propio menemismo en el caso de De la Rúa, el mundo entero en el caso de Duhalde, etc.). Recuerdo ahora el trance de Menem cediendo a la presión estadounidense para que desactivara el proyecto misil Cóndor o a De la Rúa cediendo a la presión de todas las patronales del país para que elevara la edad jubilatoria, algo que no estaba en sus planes originales (sus “promesas”) y que comportó resistencias al interior del propio gobierno y en lo que quedaba de sus aliados, o arbitrando los medios para que los jueces que le respondían en la Corte dispusieran la libertad de Menem en la causa armas. Es un recurso de la política para socavar la autoridad del adversario; ni siquiera el más interesante, razón por la cual la crítica lo es aún menos y es hasta un paso en falso cuando se supone “sesuda”. Astarita no tiene en cuenta que las exigencias para quien hace política son las mismas que para quienes la comentan.
Astarita dice que hay que distinguir entre democracia burguesa y fascismo, pero que dentro de la democracia burguesa, es prácticamente todo lo mismo. El gobierno de Alberto es un gobierno de mediación. No lo dice el artículo del PTS pero es lo que creo. El error de Astarita es creer que de esta caracterización de la izquierda se deriva otra caractarización, a saber: la de la progresividad de ese mismo gobierno. En el deslizamiento entre una cosa y otra, no es la izquierda la que habla sino el propio Astarita. El artículo del PTS refuta expresamente que el gobierno de Alberto sea un gobierno “en disputa”; eso solo le alcanza para delimitarse de la izquierda kirchnerista y para aventar el peligro de “conciliacionismo” que tanto preocupa a Astarita, pero al crítico, semejante definición no le merece ninguna reflexión. Astarita sabe que el gobierno de Alberto no es la “primera opción” de la clase capitalista local e internacional. Comparte esta caracterización con la izquierda, pero dice disentir con la idea, que atribuye a esa misma izquierda, de que un gobierno que entra en conflicto con la clase capitalista sea “progresivo”. Aquí las comillas son del propio Astarita, como si estuviera citando. Pero, de nuevo, la cita no existe. Pero es el propio Astarita el que deja la puerta abierta para considerar progresivo a un gobierno en conflicto con la clase capitalista cuando declara que “no está demostrado que necesariamente (sic) un gobierno, o partido político, que choca con las patronales, o con el FMI, sea progresivo en relación a mejorar la situación de las masas trabajadoras”, es decir que podría serlo. ¿Entonces? Astarita no se da cuenta de que es lo único cierto e inteligente que ha dicho en todo el artículo.
Astarita dice que el artículo del PTS define “alineamientos y matices”, como si alineamientos y matices fueran la misma cosa. No. El artículo del PTS define matices, no alineamientos.
Finalmente, Astarita demuestra que sabe poco de historia (incluso de historia reciente) cuando coloca a Alfonsín, en 1983, a la derecha de Luder. Alfonsín estaba a la izquierda de Luder, al menos en lo relativo a la cuestión más candente de la época. No en vano fue votado por toda la intelectualidad progresista del período, mucha de la cual provenía de la izquierda revolucionaria de la década anterior. Eso significa que Alfonsín no era la “derecha”, y no sólo en lo “práctico” sino también en lo “teórico”, lo cual no significa que la “derecha” fuera entonces Luder, porque no alcanza con estar a la derecha de alguien (en esta caso, de Alfonsín) para ser la “derecha”. Luder y Herminio Iglesias, además, no reclamaban ninguna “amnistía para los milicos”, como dice Astarita, porque la (auto)amnistía ya había sido dictada por el gobierno de Bignone y Nicolaides. Luder y Herminio, en todo caso, la aceptaban como irreversible, y Alfonsín no (derogarla fue una de sus primeras medidas). El que consideraba que Alfonsín estaba a la derecha de Luder era el PC, a quien Astarita critica en otro apartado de su nota, pero no a propósito de su voto en 1983. Llamativo.
Astarita es hoy un marxista solitario, pero discute del mismo modo deshonesto en que lo hacía cuando dirigía la Liga Marxista y era un trotskista (aunque en vías de dejar de serlo) no tan solitario. Son métodos, que por supuesto no son sólo de Astarita, que hay que extirpar de la izquierda.