Compartimos la intervención del dirigente ferroviario y militante de CCR-Revolutión Permanente en Francia durante el Acto internacional contra el racismo y la violencia policial transmitido en simultáneo por la Red Internacional de La Izquierda Diario.
Sábado 11 de julio de 2020 17:16
YouTube
"La rebelión contra el racismo y la violencia policial en los EEUU, fue para mí una muy buena noticia"
Saludos a todas y todos, me llamo Anasse, soy ferroviario en la región parisina y parte de una generación de obreros hijos de inmigrantes y que vive en los barrios populares.
Toda mi familia viene de Marruecos, mi abuelo fue uno de esos soldados que sirvieron como carne de cañón para los intereses de Francia en sus guerras imperialistas.
Mi padre también fue ferroviario, de esos que llamaban "Chibanis", y que, porque eran extranjeros, siempre fueron tratados como trabajadores de segunda, con derechos, condiciones de trabajo y salarios inferiores a los de los ferroviarios franceses.
Crecí en los suburbios parisinos, eso quiere decir que el racismo y la violencia de la policía la conozco desde que soy joven.
Me acuerdo por ejemplo cuando tenía 13 años y como los policías nos trataban a la salida del colegio, controlando nuestras pertenencias y poniéndonos contra la pared sin razón, salvo para humillar a los jóvenes de los barrios populares desde niños.
También fui afectado, como muchas familias de nuestra clase, por el Covid-19, a través de la muerte de un familiar. Es por eso que la rebelión contra el racismo y la violencia policial en los EE.UU., en el contexto de la pandemia y de la crisis sanitaria a escala mundial, fue para mí una muy buena noticia. Más aún, esa rebelión cambio el estado de ánimo de millones de trabajadores y de jóvenes en EE.UU. y en otros países.
"En Francia vimos el retorno a formas de autoorganización que no habíamos visto desde hace muchos años"
En Francia, hemos vivido una secuencia política particular. Este año vimos una lucha de clases intensa contra la reforma de las jubilaciones, dirigida por el sector de transporte durante 60 días, y el regreso a formas de autoorganización que no habíamos visto desde hace muchos años.
Esta secuencia tuvo lugar en Francia, pero también a escala mundial a causa de la crisis sanitaria histórica que, más allá de los problemas sanitarios y la tasa de mortalidad en los barrios populares, mostró de manera importante las desigualdades sociales y raciales, reforzó también los antagonismos de clase, entre una burguesía en cuarentena y una parte de la clase obrera y de la juventud precaria en primera línea.
El rol central del proletariado nunca había sido tan visible a una gran escala. La burguesía no pudo invisibilizar a los héroes de la clase obrera, como a los trabajadores de la limpieza, las cajeras, los de Uber Eats -plataforma en línea de pedido de comida:NdE-, y aún más los trabajadores de la salud o de los servicios públicos.
Pudimos ver, al comienzo de la cuarentena, a diferentes sectores que no habían estado a la vanguardia últimamente que hicieron huelgas para pedir el cierre de empresas no esenciales.
A pesar de que la crisis económica se intensifica en Francia, y que hemos conocido más de 500.000 desocupados durante el primer trimestre, y anuncios de planes de despidos masivos en las grandes empresas, no fue en el terreno del movimiento obrero organizado donde hemos visto las primeras verdaderas explosiones sociales. Estas han llegado desde Estados Unidos, tras la muerte de George Floyd, que ha suscitado un sentimiento de bronca, con una intensidad importante en todo el mundo, y en Francia particularmente con la emergencia de una generación que combina una juventud racializada de los barrios populares, y una juventud de las grandes ciudades, que se rebelan la violencia policial y el racismo de Estado.
Durante semanas hemos sido testigos de cómo los miembros del gobierno y los periodistas al servicio de las clases dominantes nos explicaban que lo que ocurre en Estados Unidos no tiene nada que ver con la situación en Francia, y que sería una vergüenza hacer una comparación con el «país de los derechos del hombre». Ellos se olvidan conscientemente de una parte del pasado de Francia, la parte de las masacres en las antiguas colonias, desde Santo Domingo hasta Argelia, y que han dado a Francia un conocimiento en cuanto a la represión se refiere, que ha exportado a otros países, especialmente a América Latina, además, claro, de utilizarla en sus propios barrios populares.
No por nada, el eslogan Black Lives Matter ha encontrado también un eco rápido en el combate por la "Justicia y Verdad para Adama Traoré", el comité encabezado por Assa Traoré, hermana de Adama, que se ha convertido en la imagen del anti racismo no solo en Francia sino que también ha sido reconocida en otros países e incluso homenajeada en el BET Awards. Ella ha reunido decenas de miles de personas para denunciar la violencia policial y el racismo de Estado, así como el lazo estrecho entre la muerte de su hermano y la de George Floyd muerto por asfixia en manos de la policía.
"La institución policial, como el gobierno de Macron, hacen frente a un nivel de desconfianza por abajo importante"
Desde hace 40 años no habíamos conocido fenómenos tan importantes sobre la cuestión antirracista. Incluso es la primera vez que un colectivo totalmente independiente del régimen y del Estado, llega a movilizar tanto, con alianzas nuevas que se han construido desde hace solo 4 años. Para ilustrar la situación, por ejemplo, la próxima marcha conmemorativa por Adama Traoré se ha hecho con organizaciones de la juventud por el clima y la última en 2019 junto a los chalecos amarillos. Nosotros mismos desde hace 4 años desarrollamos lazos sólidos y de confianza a su lado, especialmente con una manifestación común en 2018 llamando conjuntamente a que la clase trabajadora y los barrios populares se unan al movimiento de los chalecos amarillos desde el inicio, alrededor de lo que se ha conocido como el Polo San Lázaro (Pôle Saint-Lazare).
Aunque por el momento las consignas de disolución de la Policía no se hayan planteado aún, como hemos podido ver en los Estados Unidos, está claro que la última secuencia de represión importante contra los chalecos amarillos o también contra los trabajadores de los transportes públicos, en donde muchos son racializados y vienen de barrios populares, ha permitido que el curso hoy en Francia esté mucho más a izquierda, planteando estas cuestiones en el sentido del sistema institucional y no como en el pasado, como si se tratara de violencia o de racismo individualizado.
"Tanto la institución policial como el gobierno de Macron se enfrentan a un nivel de desconfianza por abajo importante"
La crisis orgánica aquí se intensifica y tanto la institución policial como el gobierno de Macron se enfrentan a un nivel de desconfianza por abajo importante. Las últimas elecciones municipales lo han vuelto a confirmar con una derrota nunca vista antes por un partido en el poder, que ilustra el odio que su gobierno inspira en las clases populares y la dificultad a la que tendrá que hacer frente en los próximos enfrentamientos de la lucha de clases.
Pero la crisis del macronismo no debería terminar favoreciendo a proyectos reaccionarios como el de Marine Le Pen y su partido. En otro nivel, la alternativa que buscan a construir los viejos partidos de la izquierda institucional como Europa Ecología-Los verdes y el Partido Socialista sobre la base de sus buenos resultados en las municipales, no llevará más que a nuevas decepciones para los trabajadores. Es en este sentido que desde Revolución Permanente, batallamos por que el NPA, que viene de conseguir que uno de sus principales portavoces obreros, Philippe Poutou, sea elegido en el consejo municipal de Burdeos, se convierta en una herramienta para la construcción de un verdadero partido revolucionario de combate en Francia, integrando diversas tradiciones de la extrema izquierda, así como una parte de la vanguardia que ha emergido en la lucha de clases que atraviesa el país desde 2016.
El rol de los revolucionarios en el periodo que viene es poner más que nunca la urgencia de arrancar el poder de las manos de la burguesía, por una transformación social, a fin de terminar con el capitalismo, el racismo y el patriarcado. Pero para eso nos hace falta, por un lado, luchar contra las políticas capitalistas que buscan oponerse a los proletarios de los diferentes países, haciendo del inmigrante o del obrero del país vecino el chivo expiatorio del que sólo los capitalistas son los responsables.
Pero nos hace falta también luchar contra las políticas de las direcciones sindicales burocráticas que dividen las luchas, aislando a los trabajadores en un corporativismo y una lucha puramente economicista. Nosotros debemos luchar por la emancipación de todos los trabajadores y de la humanidad, contra el racismo, la opresión y la explotación. Es por esto que peleamos por que las organizaciones del movimiento obrero, empezando por los propios sindicatos, tomen en sus manos la lucha contra el racismo sistémico y la violencia policial. Solo así podremos construir alianzas entre la juventud y los trabajadores, a menudo precarizados de los barrios populares y los trabajadores de las grandes concentraciones obreras para arrancar el poder de las manos de los capitalistas y poner las bases de una nueva sociedad sin explotación ni opresión.
Es en este sentido que tenemos que luchar por la unidad de nuestra clase, en cada país, y a nivel internacional. Hemos visto a qué punto las fronteras impuestas por la burguesía no son las de la lucha de clases. Hemos tenido el ejemplo de la situación en los Estados Unidos con la muerte de George Floyd, pero lo hemos visto también con el movimiento de los chalecos amarillos en Francia que ha abierto la vía a una nueva ola de luchas en Chile, Ecuador, Líbano o Argelia.
Esta reunión internacionalista se hace eco de esta realidad de una lucha de clases cada vez más internacional y que pone la necesidad de construir una organización mundial revolucionaria que lleve a cabo un programa ofensivo para defender la supervivencia de nuestra clase y para definir, como diría Trotsky, "quien debe ser el dueño de casa" y arrancar el poder a este puñado de parásitos capitalistas, que cuando no explotan a los proletarios, los dejan morir durante las epidemias, como en las guerras o catástrofes climáticas causadas por ellos mismos, por sus intereses.
El próximo periodo va a estar marcado por una crisis económica de magnitud, combinada con una crisis sanitaria todavía presente, así como a las experiencias de la lucha de clases reciente, todavía bien frescas en la memoria colectiva de nuestra clase. Nosotros no dudamos de la intensidad que tendrá la lucha de clases en Francia y también a nivel internacional, en el próximo periodo. Es entonces estratégica y políticamente que debemos prepararnos, no solo para luchar sino sobre todo para arrancar victorias que preparen el derrocamiento de la burguesía a nivel mundial. A esta tarea apasionante e indispensable para nuestra supervivencia los invitamos a participar.
Y en el nombre de Revolución Permanente deseamos dirigir nuestros saludos revolucionarios al conjunto de telespectadores de este acto internacional de la FT.