A cambio, se mantienen las fronteras abiertas para las relaciones comerciales. Es decir, los tráilers cargados de insumos y mercancías terminadas continuarán cruzando la frontera entre ambos países. Pero la salud de las y los migrantes está en riesgo tanto en EE.UU. como en México.

La Izquierda Diario México @LaIzqDiarioMX
Viernes 20 de marzo de 2020
De acuerdo con el secretario de Relaciones Exteriores Marcelo Ebrard, el catálogo de actividades esenciales acordadas con el secretario de Estados de EE.UU. Mike Pompeo incluye comercio y transporte de mercancías, movimientos logísticos, paso de trabajadores que tienen autorización para moverse entre un país y otro, compra de medicamentos y servicios de emergencia.
"No se cierra la frontera, podría haberse e cerrado si no tuviéramos este trabajo, coincidimos, converse con Mike Pompeo que ha tenido una intervención relevante en este asunto”, declaró el canciller.
"Cuidar que el comercio entre México y Estados Unidos, que no tenga afectación mayor de la que ya estamos viviendo, no se van a afectar la actividad comercial entre los dos países… no estamos hablando de cierre, simplemente se va a restringir, se va restringir para el caso de turismo y recreación esencialmente", aclaró. Pues su preocupación es mantener lo más posible las garantías para los negocios capitalistas y garantizarle al gran capital su disposición para darle las mejores condiciones para restablecer la normalidad de la explotación apenas pase la contingencia sanitaria.
Sin embargo, ante la deportación de los migrantes que lleguen en estos días desde México a suelo estadounidense -que según Ebrard son unos 1250, de los cuales 1100 son mexicanos- se recibirá a los connacionales y las personas provenientes de El Salvador, Guatemala y Honduras que hayan solicitado asilo en EE.UU., no a personas de otras nacionalidades.
En los hechos, el canciller Marcelo Ebrard admitió que México opera como tercer país “seguro”: recibe a las personas salvadoreñas, hondureñas y guatemaltecas que solicitan asilo en Estados Unidos y a quienes el gobierno de Trump les impide esperar la resolución ahí.
Esto se suma al despliegue de la Guardia Nacional -integrada por militares en su mayor parte, junto con marinos y policías- que funciona como la Border Patrol mexicana y se ha dedicado a hostigar, perseguir y encarcelar en condiciones inhumanas a hombres, mujeres y niños que huyen de la violencia y la pobreza en Centroamérica.
Así, en el marco de la pandemia, la subordinación del gobierno de México a Estados Unidos se mantiene. Pero ahora la situación de las y los migrantes se endurece aún más. Si en México no los capturan las redes de trata el crimen organizado, la posibilidad de internamiento en las estaciones migratorias -prisiones que destacan por condiciones de hacinamiento, falta de atención médica y alimentación nutritiva- constituye una amenaza terrible no sólo a sus derechos humanos en general, sino a su salud.
Es fundamental que la clase trabajadora y los sectores populares se solidaricen con las y los migrantes, y todos juntos exijan acceso al conjunto de los servicios de salud, garantía de una vivienda digna y alimentación, así como la suspensión de toda deportación y detención de migrantes. Esto de la mano de exigir al gobierno de López Obrador un plan efectivo para enfrentar el Covid-19, que pasa necesariamente por afectar los negocios capitalistas.
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