Una ola de descontento recorre varios sindicatos alemanes, después de que se produjera el desalojo de un grupo de refugiados que estaban ocupando la sede central de los sindicatos en Berlín. En diferentes sindicatos se han expresado muestras de apoyo a los refugiados, en contra de la dirección sindical.

Wladek Flakin Berlín
Viernes 17 de octubre de 2014
El 2 de octubre, la dirección de la Confederación Sindical Alemana (DGB según sus siglas en alemán) llamó la policía para desalojar a más de 20 refugiados que habían ocupado la casa sindical en Berlín durante ocho días. El desalojo fue brutal.
Los refugiados reclamaban el apoyo político de la gran confederación, que tiene seis millones de afiliados, en forma de reuniones con los ocho sindicatos que forman parte del DGB, y también el derecho de afiliarse a los sindicatos. Pero la dirección burocrática rechazó todas las demandas, diciendo que no podía hacer nada, y ordenó el desalojo.
En las semanas siguientes, distintas estructuras sindicales han expresado su indignación frente a esta represión escandalosa. Una petición "No en nuestro nombre" ha sido firmada por cientos de sindicalistas. Otro llamado más radical, reclamando la dimisión inmediata de Doro Zinke, presidenta del DGB en la región de Berlín-Brandenburgo, consiguió también cientos de firmas.
"De los refugiados podemos aprender cómo se lucha por sus intereses y sus derechos" escribe la juventud del sindicato ver.di (servicios) en la ciudad de Ratisbona en una carta abierta al presidente del sindicato.
De hecho, los refugiados en distintas ciudades de Alemania han desarrollado luchas muy duras en los últimos dos años, con marchas, ocupaciones y campamentos. Los jóvenes sindicalistas quieren que todos los asalariados, con o sin documentos legales, se organicen juntos. Los jóvenes cierran su carta declarando: "Un sindicato en el que los refugiados no pueden organizarse, no es nuestro sindicato!"
La juventud de ver.di en la ciudad de Hannover demanda también la dimisión de todos los responsables del desalojo. Incluso la dirección del sindicato GEW (maestros) en Berlín condenó el operativo policial como "fatal" y "una señal equivocada" – esto es importante, ya que el GEW es uno de los ocho sindicatos del DGB. Pero la dirección del DGB defiende aún la represión – incluso se niega a retirar la denuncia de allanamiento contra los refugiados. Zinke ha llegado a declarar que no hubo heridos en el desalojo – a pesar de que las manchas de sangre en el suelo y las tres ambulancias en la calle están bien documentadas!
"Los compañeros de los países africanos necesitan nuestra solidaridad" dice un trabajador en el sindicato IG BAU (construcción) quien fue detenido en el marco del desalojo. ¡Él también tiene una denuncia de su propio sindicato!
En este contexto se juntaron más de 70 personas para una asamblea de sindicalistas y refugiados el lunes en Berlín.
"Yo tenía miedo de que se nos iba a olvidar después del fin de la ocupación" dijo Mahamadi Congo, refugiado de Burkina Faso, en francés. "Pero ahora veo que hay personas dentro de los sindicatos que luchan por la justicia y defienden nuestros derechos". En la reunión participaron trabajadores de cinco de los ocho sindicatos del DGB.
Antes del desalojo la burocracia colocó una pancarta en el edificio que decía: "¿Apoyar a los refugiados? Sí. ¿Ocupar nuestra casa? No." Muchos sindicalistas criticaron el "cinismo" de esta pancarta. Turgay Ulu, un refugiado de Turquía, preguntó en turco: "¿A quién se refiere con ’nuestra casa’? ¿No es la casa de todo el pueblo trabajador?"
La asamblea votó una resolución reclamando el derecho de los trabajadores sin papeles para organizarse en los sindicatos. También se planifica una gran charla pública sobre este tema en los próximos meses.
Los refugiados se plantean participar en más luchas sindicales, por ejemplo en la lucha contra despidos en la fábrica de bombillas Osram. "Podemos aprender mucho de los refugiados" dijo un trabajador.
Otro trabajador dijo que no solo se trata de apoyar a los refugiados, paralelamente al trabajo sindical cotidiano. "Ellos son nuestros compañeros, y los sindicatos son para todos los trabajadores, sobre todo para los más oprimidos."

Wladek Flakin
Periodista freelance e historiador. Vive en Berlín y es redactor del portal Klasse gegen Klasse.