El periodista Israel Vázquez Rangel fue asesinado a balazos este lunes en el municipio de Salamanca, Guanajuato, mientras realizaba una cobertura. De acuerdo con los reportes, el comunicador fue atacado mientras cubría una nota informativa, mientras vecinos llamaron a las autoridades, estas respondieron una hora después.

La Izquierda Diario México @LaIzqDiarioMX
Lunes 9 de noviembre de 2020
Israel Vázquez, reportero de un medio local, preparaba una transmisión en vivo sobre el hallazgo de una bolsa con restos humanos cuando fue atacado a balazos por dos desconocidos; la policía llegó tras el ataque a pesar de que hacía más de una hora que los vecinos habían llamado.
El reportero de información general y temas de seguridad recibió al menos cuatro impactos de bala por la espalda, y falleció mientras recibía atención médica, confirmaron directivos del medio independiente. Laboró para el portal El Salamantino.
Por medio de redes sociales, “El Salmantino” condenó el asesinato del comunicador y exigió a las autoridades dar con los responsables del crimen. Testigos y vecinos de la zona denunciaron que a pesar de informar a las autoridades, estas tardaron más de una hora en llegar al lugar.
Según cifras de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, en lo que va del 2020 se han cometido 12 asesinatos de periodistas. Del año 2000 a la fecha, según el organismo, 165 trabajadores de la comunicación han sido asesinados, posicionando a México entre los primeros países con más crímenes cometidos de este tipo.
Sobre los responsables, son dos principalmente: el crimen organizado y las autoridades de distintos niveles de gobierno. Este entramado ha hecho posible que en México, hablar por los intereses de los de abajo o preguntar de más, está penado con la muerte, la tortura o la desaparición forzada. Lo que hace al país uno de los más peligrosos para comunicadores.
Por la vía de los hechos, la impunidad envía un mensaje de miedo y silencio. Los grandes medios de comunicación en manos de empresarios replican contenidos a modo mientras precarizan a sus trabajadores, que son quienes exponen sus vidas en la labor de campo y quienes desde redacciones e imprentas operan en realidad estos recursos que deberían ser puestos al servicio de la necesidad colectiva. Criminalizando la protesta, los medios de comunicación juegan parte del aparato represivo que sostiene el estado actual de las cosas.
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