A propósito del eclipse solar, y el interés público que comienza a despertar la astronomía, resulta necesario preguntarse sobre cómo hacer de la ciencia, un patrimonio del conjunto del pueblo trabajador.
Miércoles 3 de julio de 2019
Desde hace un tiempo, la ciencia ha venido teniendo un impacto mediático del que no figuraba anteriormente, teniendo una muy buena recepción por un importante sector de la población. En el caso de la Astronomía, parece contradictorio, tomando en cuenta la importancia histórica con la cuenta esta disciplina de la física, donde los principales instrumentos y mejores condiciones para su desarrollo se encuentran en nuestro país.
En este contexto es que el premio nacional de ciencias, José Maza, ha actuado como un portavoz de la Astronomía, adjudicándose la asombrosa tarea de llenar la media luna de Rancagua con más de 5 mil personas, hablando sobre diversos temas.
Sin duda, el reciente eclipse solar que fue visto en su mejor perspectiva desde la localidad de Vicuña en la Cuarta Región, ha generado un gran interés tanto en adultos como principalmente en niños, quienes dejan de ver a la ciencia como cuestión lejana e incomprensible, sino como algo emocionante y necesaria de ser comprendida y observada.
La ciencia en la infancia y la juventud
El desarrollo tecnológico y la curiosidad de las nuevas generaciones han posibilitado, romper las limitaciones respecto al conocimiento que puede ser recibido y comprendido por los niños y niñas. Y en cuanto a lo que refiere a la ciencia y en particular, la astronomía, no existe un rango de edad desde que el niño es capaz de comprender conocimientos relacionados a la disciplina, aunque claro está que una madurez a nivel cognitivo, permite una mejor comprensión de distintos elementos.
Sin embargo, este modelo neoliberal expresado en la educación de mercado, privando al conocimiento de su función política y social, y haciendo de los estudiantes meros reproductores de información, resulta desconcertante pensar en una promoción de la ciencia para el conjunto de la población. Basta con ver la brecha educativa que mantienen las y los estudiantes de colegios municipales y particulares, bajo una política sistemática por parte de la derecha y gobiernos progresistas burgueses en desmantelar la educación pública, y volverla una negocio lucrativo, con el cual se llenan los bolsillos.
El rol del Estado en una educación científica
Es en esta situación que resulta indispensable que el Estado se haga cargo del desarrollo en la comprensión científica de niños, niñas y adolescentes, siendo una clara batalla la elitización del conocimiento, marcada principalmente por las diferencias entre clases sociales, que privan a los sectores más pobres y apartados de los espacios de debate, de un conocimiento integral de la ciencia desde pequeños.
Por tanto es necesario pelear por una educación gratuita, 100% financiado por el Estado, sin subsidio a los privados, y gestionada por las comunidades educativas, a través del impuesto a las grandes empresas. Un proyecto educativo orientado a las necesidades del pueblo trabajador, y no de un puñado de empresarios que lucran con la educación de nuestros niños y niñas.
La educación y la ciencia no pueden ser el privilegio de unos pocos, sino el derecho de todos, todas y todes en cultivar nuestro intelecto y utilizarlo con una función social, en una sociedad libre de explotación y opresión, donde la mayor parte de nuestro tiempo sea utilizado en enriquecer nuestras cualidades, y forjar un mundo nuevo.