Después de un mes de iniciada la ofensiva imperialista en Venezuela con la autoproclamación de Juan Guaidó como presidente encargado y luego del 23F, día clave en el proceso de intervención, la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos y ex Presidenta de Chile, Michelle Bachelet se “refirió” a la crisis venezolana.

Juan Andres Vega Estudiante de Derecho de la Universidad de Chile. Militante de Vencer
Lunes 25 de febrero de 2019
A través de su cuenta de Twitter, Noticias ONU indicó que la Alta Comisionada condenó el “uso excesivo de la fuerza contra los manifestantes” ocurridos entre viernes y sábado en distintos puntos de la frontera venezolana, tanto con Colombia como con Brasil. Esto luego de los enfrentamientos entre las fuerzas represivas del régimen de Maduro y los manifestantes antichavistas, que dejaron como saldo cuatro muertos, junto a más de trescientos heridos.
Entre la condena selectiva y la complicidad encubierta
Dentro de las declaraciones de Bachelet se condena la actuación de las fuerzas represivas del Estado Bolivariano, también la participación de “grupos paramilitares armados progubernamentales”.
Sin embargo, resalta la omisión de la intervención imperialista del gobierno estadounidense, su retórica pro intervención militar, ni tampoco de la continua incitación de Juan Guaidó a alzamiento de las fuerzas armadas contra el gobierno de Maduro, es decir, se omite completamente la intentona golpista que se está llevando a cabo con el apoyo del ya mencionado gobierno estadounidense, además de los diversos gobiernos europeos -donde se cuentan Alemania, España, Francia e Inglaterra- y con especial animosidad de los gobiernos derechistas de Sudamérica como Sebastián Piñera, Jair Bolsonaro (Brasil), Mauricio Macri (Argentina) e Iván Duque (Colombia).
Lo que sí resulta claro es que omitir la intentona golpista encabezada por Estados Unidos resulta, en la práctica, un apoyo a dicha maniobra que solamente depara más penurias para el pueblo trabajador venezolano. Omitir los intereses económicos y geopolíticos que se ocultan tras la intervención que se está llevando a cabo en Venezuela es engañar a las grandes mayorías que actualmente se encuentran sufriendo las políticas del gobierno hambreador de Nicolás Maduro y abrir de par en par las puertas a un golpe de Estado en dicho país, es, en síntesis, llevar a las millones de personas críticas del fracaso bolivariano detrás de las banderas de la derecha sudamericana -golpista hasta la médula- que se oculta hipócritamente tras un discurso de “libertad, democracia y respeto de los derechos humanos”.
Contra ingenuidad de la izquierda y la identificación con el chavismo
La situación que vive hoy el pueblo trabajador venezolano cobran importancia para las fuerzas políticas de izquierda a nivel internacional, tanto como en Chile, porque muestran dos claves para todas aquellas organizaciones que intentan presentarse como alternativas políticas para enfrentar a la derecha, los empresarios y sus políticas de hambre.
Por un lado, los límites que presenta la estrategia del “socialismo del siglo XXI, basado en la coexistencia pacífica entre reformas sociales y el sostenimiento de las ganancias empresariales, que ante la continua repetición de crisis económicas en el plano internacional, todos y cada uno de los llamados gobiernos “posneoliberales” -entre ellos el kirchnerismo argentino, el petismo brasileño o actualmente el chavismo venezolano- se han inclinado por sostener las exorbitantes ganancias de la minoría empresarial nacional, a costa del hambre de la inmensa mayoría trabajadora, haciendo recaer sobre éstas todo el peso de las crisis.
Por otra parte, la ingenuidad -que a veces raya en el infantilismo- de gran parte de las izquierdas, referenciadas en los gobiernos posneoliberales, en creer que la derecha, a nivel internacional, respeta -o puede llegar a respetar- “las reglas del juego” democrático y en la “neutralidad” de los organismos internacionales -mal llamados comunidad internacional. Ingenuidad que expresan, en el terreno nacional, sectores del Frente Amplio que claman por la intervención de organismos como la Organización de Estados Americanos (OEA) o de las Naciones Unidas (ONU) a favor de una salida pacífica o democrática.
La crítica situación en Venezuela, que durante las jornadas del 23F se llevó al enfrentamiento físico, muestran la disposición tanto de la oposición de derecha que representa Guaidó, como del gobierno chavista, ha utilizar las armas contra el pueblo trabajador.
Solamente la fuerza organizada de los trabajadores en las calles, mediante sus métodos históricos como la huelga general y la gestión obrera de la industria, junto a medidas de corte anticapitalista como la estatización sin pago de los bancos en una banca única, el monopolio estatal del comercio exterior o la expropiación sin pago y bajo gestión de sus trabajadores de los sectores estratégicos de la economía venezolana, pueden mejorar las condiciones de vida de la inmensa mayoría en Venezuela.