El día de ayer tanto El Mercurio como Diario Financiero, apuntaron sus editoriales a disminuir la indemnización por años de servicio a los trabajadores: una nueva bandera de lucha del capital contra el trabajo.

Pablo Torres Comité de redacción La Izquierda Diario Chile
Jueves 29 de noviembre de 2018
Abaratar costos atacando conquistas
Para El Mercurio, “perjudicial para el buen funcionamiento del mercado laboral es la indemnización por años de servicio”. ¿Por qué? “El alto costo de terminar una relación laboral inevitablemente limita la creación de puestos de trabajo formales.” Es decir, el derecho que tienen los trabajadores que son despedidos de una empresa, de obtener una indemnización según la cantidad de años que trabajaron, es el culpable del desempleo. Por tanto: hay que abaratar ese costo, facilitando el despido, y teniendo más libertad para contratar, a menor costo claro está (menores salarios y derechos).
Para el vocero del gran capital Diario Financiero, la legislación laboral es “el aspecto peor evaluado de nuestro país en los rankings de competitividad y libertad económica (…) el ítem que es considerado como más restrictivo son los elevados costos del despido, reflejados en la política de indemnizaciones por años de servicio.” Nuevamente, el culpable del bajo crecimiento es la “rígida” ley laboral, y en especial “los elevados costos del despido”. Conclusión: “hay que modificar” esa “norma antiproductividad”, bajando los costos del despido, quitando derechos laborales.
Ya la semana pasada el Ministro de Hacienda y también el de Trabajo anunciaron cambios en este sentido. Anteriormente, de ello aconsejó la Comisión Presidencial de Desarrollo Integral, donde junto a la derecha también está la DC representada con un staff de sus mejores economistas neoliberales, como Alejandro Foxley y Eduardo Aninat, o la renunciada DC Soledad Alvear.
Si ya la dictadura había atacado este derecho con un tope a 11 meses de indemnización; ahora algunos hablan a sólo 5 años tope, otros a menos. Aunque se fortalezca el seguro de cesantía ya las empresas tienen el derecho a “descontarlo” de la indemnización.
El objetivo aquí del capital contra el trabajo es abrir paso cada vez más a “despido libre”, sin tener que responder a derechos laborales; y bajo esa vía, poder bajar el costo de conjunto de la mano obra de los trabajadores.
Consensos para un nuevo ataque del capital contra el trabajo
Ya no solamente se trata de profundizar la flexibilización laboral y disminuir derechos a sectores que pueden integrarse al mercado a un costo mucho más barato para el empresariado (la juventud que estudia y trabaja con el Estatuto Laboral Juvenil; y la mujer con tele-trabajo).
Se trata de avanzar en un ataque mayor del capital sobre el trabajo para bajar costos, reduciendo salarios y derechos laborales, y así aumentar las utilidades empresariales. Junto al ataque a las indemnizaciones, la “modernización” es flexibilización nueva de la jornada laboral ordinaria, que afectará a los actuales trabajadores; y agregará un ataque anti-sindical favoreciendo los grupos negociadores y probablemente los servicios mínimos contra el derecho a huelga, si es que no se anima a volver a los “reemplazos” o rompe-huelgas legalmente contratados, que hasta hace muy poco permitió la legislación laboral.
De implementarse una agenda laboral de conjunto, sería una declaración de guerra del capital contra el trabajo.
¿Qué hará la CUT y los sindicatos?
Algunas centrales pequeñas que cumplen un rol además de divisionista directamente pro-empresas, como la Central Autónoma de Trabajadores (CAT), la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) y la Central de Trabajadores de Chile (CTCh), vienen trabajando junto a la Corporación de la Producción y el Comercio (CPC) de la gran patronal, donde ya acordaron regular nuevamente los grupos negociadores (en aquellos lugares donde los sindicatos tengan menos del 50% de afiliación o donde no exista sindicatos, o sea en la gran mayoría de los lugares de trabajo), una política abiertamente anti-sindical.
La CUT que se restó de estas mesas pro-patronales, salió a manifestarse en contra de la disminución a la indemnización por años de servicio, y se ha pronunciado en contra una nueva reforma laboral. Sin embargo, con un discurso “opositor”, en la práctica ha sostenido una política de tregua con el Gobierno y dejado pasar ataques como el salario mínimo, el Estatuto Laboral Juvenil y tele-trabajo. No han jugado ningún rol en las luchas contra el cierre de empresas y los despidos, mantienen aisladas las luchas como el paro portuario en Valparaíso, y acaban de firmar un acuerdo completamente mísero de reajuste del sector público de 3,5%, es decir, 0,6% real considerando la inflación, en momentos que existían fuerzas para movilizarse y derrotar el ajuste del gobierno. Ni qué decir con el asesinato de Camilo, donde la CUT directamente no llamó a nada, en vez de buscar la alianza de la clase trabajadora con el movimiento mapuche y la juventud.
Cuando movilizan, lo hacen testimonialmente y como medidas aisladas de presión para negociar y descomprimir, no para abrir un camino a la auto-organización y movilización independiente de las y los trabajadores. Lo vimos el 8 de noviembre, con un supuesto “paro nacional activo” sin organizar nada en la base, sin campaña ni asambleas y sin ningún plan de lucha que terminó en una manifestación testimonial de algunos miles para buscar una alianza parlamentaria (con los mismos que le vienen votando las principales leyes a Piñera). Esta misma política es la del Frente Amplio que ahora dirige el Colegio de Profesores con una política de tregua y diálogo social, mientras divide las luchas docentes (ahora ni siquiera se movilizaron por el reajuste).
Según la burocracia de la CUT, actualmente representan cerca del 70% de los trabajadores sindicalizados del país, de acuerdo a la última votación del gremio (fraudulentamente con padrones inflados y sin voto universal) consideraron 700.000 trabajadores. ¿Dónde está esa fuerza para organizar un plan de lucha y movilización para derrotar la reforma laboral que se viene? Para la burocracia, sólo está en el papel inflado y como base de maniobra para mantener sus cargos y privilegios.
Hace falta construir una corriente militante y revolucionaria en los lugares de trabajo, exigiendo un plan de lucha a la CUT y organismos sindicales para derrotar las reformas de Piñera y unir las filas de la clase trabajadora con un programa independiente. Una corriente que apoyándose en la juventud y mujer trabajadora pueda revolucionar los sindicatos y recuperarlos de la mano de la burocracia, para transformarlos en verdaderos organismos de lucha que se propongan derrotar estos planes y no herramientas pasivas de diálogo social y de colaboración de clases.

Pablo Torres
Dirigente nacional del Partido de Trabajadores Revolucionarios (PTR). Autor y editor del libro Rebelión en el Oasis, ensayos sobre la revuelta de octubre de 2019 en Chile, Edición Ideas Socialistas, 2021.