Dos muertos, un empresario local, Jesús García, y Roberto Castrejón, líder de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), alineada con el Partido Revolucionario Institucional (PRI).

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Miércoles 8 de mayo de 2019
Un hombre abrió fuego cerca de las 10.15 en el zócalo de Cuernavaca, capital del estado de Morelos. Fue al mismo tiempo en que Gilberto Alcalá, secretario estatal de Desarrollo Social, daba una conferencia de prensa en el lugar. Además de los dos fallecidos en la balacera, hay al menos tres heridos, de acuerdo con las autoridades. El sospechoso fue detenido luego de intentar darse a la fuga.
Entre las personas lesionadas se cuentan un periodista y comerciantes que estaba realizando una manifestación en el centro histórico de Cuernavaca. Varias personas que estaban en el lugar de los hechos corrieron a buscar refugio al escuchar la balacera.
Tras escuchar los disparos, varias personas corrieron para buscar refugio, como ha quedado registrado en distintos vídeos difundidos en redes sociales tras el ataque. Entre los lesionados hay un reportero y comerciantes que habían salido a manifestarse en el primer cuadrante de la ciudad.
Morelos, ubicado en el centro de México, es una de las entidades que encabeza los índices de violencia letal en los últimos años. En 2019, tan sólo de enero a marzo, se han registrado 236 homicidios dolosos, según cifras oficiales.
La balacera en Cuernavaca es una expresión más de la violencia estructural que se vive en México. Por años, altos funcionarios de gobierno y de las fuerzas represivas mantuvieron vínculos con el crimen organizado. Feminicidios, homicidios, y distintas expresiones de violencia se han extendido, como parte de un profundo proceso de descomposición social fomentado por las políticas neoliberales y todos los partidos que gobiernan al servicio de los empresarios.
En este contexto, la descomposición social y la violencia son las excusas para mantener la militarización de México, ahora legalizada, bajo la forma de la Guardia Nacional. Una estrategia de seguridad que sólo sirve para garantizar en parte los negocios capitalistas, mientras el pueblo pone los muertos.