La historia del movimiento estudiantil chileno es un relato de resistencia y lucha constante contra la opresión. Desde los albores del siglo XX, con la fundación de la FECH y su solidaridad con los trabajadores, hasta las movilizaciones masivas de 2011 y 2019, los estudiantes han desafiado el sistema educativo neoliberal y la herencia de la dictadura. A pesar de los avances y retrocesos, la lucha por una educación gratuita y de calidad continúa, y es necesario hacer un balance de las distintas batallas que se dieron en el pasado.
Martes 12 de marzo de 2024

Este lunes comenzaron las clases en distintas universidades, entre ellas la Universidad de Chile. El objetivo de este artículo es trazar de manera concisa la historia del movimiento estudiantil chileno y reflexionar sobre su evolución desde la perspectiva de la Agrupación Anticapitalista Vencer. Además proporcionará enlaces para aquellos que deseen explorar más a fondo los distintos procesos protagonizados por los estudiantes.
Siglo XX: Creación de la Fech, la Reforma Universitaria y la dictadura
En 1906, en medio de condiciones de miseria y opresión, nació la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH). Desde sus inicios, los estudiantes -en aquellos momentos solo entraban hombres- se involucraron activamente en la lucha de clases apoyando a los trabajadores que se enfrentaban a sus patrones y al gobierno.
En 1918, la FECH y la Federación Obrera de Chile (FOCH) unieron fuerzas para convocar la Asamblea de Alimentación Nacional, dando inicio a movilizaciones por el hambre para destacar la crisis social en Chile. Los estudiantes se aliaron estrechamente con los trabajadores en sus luchas. Durante este período, se estableció la Universidad Popular Lastarria, dedicada a brindar educación nocturna a los obreros. Además, estudiantes de medicina inauguraron farmacias gratuitas, mientras que futuros abogados ofrecían sus servicios a los sectores desfavorecidos.
En las décadas siguientes, la FECH se consolidó como un actor clave en la lucha social, especialmente en solidaridad con la clase trabajadora. En los años sesenta, la sociedad chilena se vio inmersa en profundas contradicciones sociales, impulsadas por un capitalismo dependiente del imperialismo y un campo dominado por una aristocracia colonial. Este contexto llevó a una respuesta masiva de campesinos, obreros y estudiantes, muchos de los cuales abogaban por un horizonte socialista o comunista. La FECH vivió batallas internas que expresaban como una caja de resonancia la propia sociedad chilena.
Durante los años 1966 y 1968 se luchaba por la democratización de la universidad, proceso por el que se peleó por la famosa Reforma Universitaria. Inspirados por el movimiento estudiantil en Francia, se buscaba acabar con el autoritarismo y elitismo en la educación. Esto implicó un aumento significativo en la matrícula universitaria y la creación de programas de capacitación profesional para trabajadores industriales y campesinos. La movilización estudiantil logró aumentar drásticamente la representación de estudiantes de origen obrero o campesino, pasando del 5% en 1968 al 30% en 1973.
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2006: La revolución pingüina
El golpe de Estado de Pinochet desarticuló y prohibió la organización estudiantil, que intentó resistir con métodos clandestinos y sufriendo la represión de los militares. La dictadura cercenó toda conquista obtenida por aquellas juventudes combativas, incluyendo la participación democrática en las decisiones de la universidad. A pesar de que los avances puedan parecer mínimos, la dictadura borró de la conciencia colectiva cualquier aspecto progresivo que hoy los escépticos consideran como “imposible”.
Posteriormente, en 2006 la juventud decidió salir a las calles cansada de las políticas neoliberales, especialmente con el lucro en la educación que impedía que la mayoría de la población pudiese entrar a la universidad. Es decir, la juventud se rebeló en contra de uno de los pilares de la herencia de la dictadura y se vio en la necesidad de salir a luchar a las calles y organizarse. Ese año fueron más de 400 colegios los que se movilizaron.
Ese año surgió la Asamblea Nacional de Estudiantes Secundarios (ANES), que era una asamblea abierta donde cientos de delegados de base discutían democráticamente el rumbo de las movilizaciones. Este organismo representaba la máxima organización estudiantil, era interlocutor directo con el gobierno y buscó alianzas con federaciones estudiantiles y de trabajadores. Finalmente el gobierno de Bachelet logró desviar la lucha al crear un Consejo Asesor Presidencial, dejando las demandas sin resolver.
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2011: La lucha por la educación gratuita
Pero los métodos y la organización estrenada en el 2006 por los estudiantes secundarios, inspiraron la lucha del 2011, en donde hubo grandes tomas, paros y marchas que repletaron las calles, además de grandes asambleas en todas las facultades de cientos de estudiantes discutiendo las demandas y estrategias de la movilización.
La principal exigencia fue la educación gratuita de calidad para todos y todas, a pesar de las objeciones de los dirigentes (PC,PS y los autónomos, que son el pre-FA) que decían que la demanda de educación gratuita era utópica y que había que pelear por “demandas más concretas” como arancel diferenciado. Las Federaciones como la Fech y la Confech desempeñaron un papel en desmovilizar y pasivizar, desviando las demandas de la calle a meras maniobras parlamentarias, llevando a que todo desembocara en la beca de gratuidad, que, aunque benefició a un sector de estudiantes, subsidia a empresarios de la educación, desfinancia la educación pública y tiene limitaciones significativas.
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Del 2019 hasta el presente
La rebelión de 2019, iniciada por los secundarios que saltaron los torniquetes, desencadenó un movimiento nacional contra el legado de la dictadura. A pesar del fervor en las calles, la Fech, en manos del Frente Amplio -con su presidenta Emilia Schneidder- no organizó al movimiento estudiantil y buscaron nuevamente la desmovilización.
Asimismo, la FECh fue parte de Mesa de Unidad Social, un conglomerado de organizaciones sociales, sindicales, estudiantiles, etc., que cumplió un rol clave en el desvío hacia la Convención Constitucional. Estas organizaciones se vieron obligadas a llamar al Paro Nacional del 12 de noviembre, el que fue la jornada de protesta y movilización más importante desde la dictadura y que detuvo sectores importantes de la economía. Sin embargo, no quisieron seguir profundizando la movilización y se subordinaron totalmente al llamado “Acuerdo por la Paz” del gobierno. Además, Mesa de Unidad Social dejó de lado la lucha por Fuera Piñera, ya que tras la marcha del 25 de octubre sacaron la consigna del pliego de demandas.
Durante la pandemia en 2020, la Fech se mantuvo pasiva mientras las familias trabajadoras y las comunas populares sufrieron las mayores consecuencias. A pesar de esto, no se impulsó la autoorganización estudiantil para enfrentar la crisis y al gobierno poniendo a disposición los conocimientos que tenemos las y los estudiantes.
Posteriormente, el movimiento estudiantil ha buscado volver a rearticularse, llevando adelante movilizaciones por mejores condiciones de alimentación y de estudio, como lo fue el año 2022 con tomas en el campus Juan Gomez Millas, en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) y en la de Ciencias Físicas y Matemáticas (Beauchef).
Particularmente en JGM se llevó a cabo un proceso de lucha en unidad con las y los trabajadores, y en donde se desarrollaron grandes asambleas con delegadxs elegidxs por facultad que eran mandatados y revocables. En Beauchef la toma fue en apoyo a las colegas de Margarita Ancacoy, trabajadora asesinada en 2017 por tener que entrar a las cinco de la mañana a su trabajo sin ningún tipo de resguardo. Una vez más el movimiento estudiantil mostró el camino de la unidad con la clase trabajadora.
En 2023 la Fech volvió a alcanzar el quórum mínimo tras las últimas elecciones en las cuales ganó la lista del PC y CS -con Catalina Lufin a la cabeza- y donde desde la Agrupación Vencer y la lista Por una Fech desde Abajo logramos sacar más de 1250 votos.
Hasta ahora, la nueva dirección de la Fech ha promovido cierto movimiento y ha apoyado ciertas movilizaciones locales. Sin embargo, de conjunto, su enfoque ha sido evitar que el movimiento estudiantil cause problemas al gobierno de Gabriel Boric, como lo ha hecho con administraciones anteriores. No han retomado la tradición histórica del movimiento estudiantil de organizar asambleas de base para discutir nuestras problemáticas. Además, no han abogado realmente por la ruptura de relaciones por parte de la U de Chile ni del gobierno con Israel y sus instituciones, en respuesta ante el genocidio en Palestina, más que solamente firmando una declaración. Asimismo, se han negado a impulsar la lucha por educación gratuita, de calidad, democrática y no sexista, cambiando la consigna por “Nuevo Sistema de Financiamiento”, sin apelar a que la lucha debe ser por acabar con la educación de mercado.

Benjamín Vidal
Periodista - Universidad de Chile