El fantasma de las movilizaciones en las calles de Estados Unidos recorre Brasil, y asusta al Gobierno sumido en múltiples crisis.
Miércoles 3 de junio de 2020 00:20
La crisis política que arrastra desde hace una década de la mano de la crisis económica internacional, se combinó con los efectos sanitarios y económicos de la pandemia, lo que ha incrementado las brechas en el régimen político.
La combinación de estos ingredientes y las electrizantes imágenes de la revuelta en Estados Unidos empezó a dar lugar a manifestaciones callejeras contra Bolsonaro. Como respuesta a las manifestaciones antifascistas y antirracistas que ocurrieron este domingo en varias ciudades del país, Bolsonaro pidió a sus seguidores que no salgan a las calles el próximo 7 de junio.
Bajo el enorme impacto de la revuelta negra que se esparció por Estados Unidos como explosión de rabia por siglos de opresión y explotación, del que el asesinato de George Floyd fue “la última gota”, Brasil entró en una oleada de manifestaciones callejeras que ponen de manifiesto la indignación de la población con el agravamiento de la crisis sanitaria, los efectos nefastos de la crisis económica y los repudiables ataques a la democracia de Bolsonaro.
Además, el levantamiento negro en Estados Unidos puso sobre el tapete la brutal violencia policial que asesina jóvenes dentro de sus propias casas, como ocurrió este 19 de mayo en Rio de Janeiro con el joven João Pedro. Con el mismo de Trump, que se escondió en un bunker, Bolsonaro le pidió a sus seguidores que eviten salir a las calles, temiendo las inimaginables consecuencias que pueda tener una revuelta negra en un país donde la mayor parte de la clase trabajadora es negra.
El domingo pasado se vieron manifestaciones antifascistas y antirracistas en San Pablo, Rio de Janeiro, Porto Alegre, Belo Horizonte y Curitiba. Un importante paso, mostrando que incluso en medio de la pandemia, no solo la extrema derecha ocupa las calles. Se destacó la presencia de trabajadores precarios de aplicaciones, que incluso con sus mochilas durante el trabajo, estuvieron en primera línea del combate a los fascistas y a la represión policial en San Pablo.
Esto ocurrió en la misma semana en que Sara Winter, una figura antiabortista del partido de Bolsonaro, reprodujo el ritual de los supremacistas blancos de la Ku Klux Klan. Ya fueron convocadas nuevas manifestaciones en varias ciudades para el próximo domingo (7).
El miedo que tiene la extrema derecha al aumento de la polarización y de la lucha de clases se expresa también en la actitud cobarde de Donald Trump frente a la manifestación en frente de la Casa Blanca. Cortó la luz y se escondió en un bunker. Bolsonaro, como buen lamebotas de Trump, sigue sus acciones.
Está considerando criminalizar como terroristas a los manifestantes y “aconsejando” la postergación de las manifestaciones bolsonaristas que expresarían una vez más la fuerza antifascista ante las minorías que apoyan a Bolsonaro.
Frente a los acelerados ritmos de su propia crisis, el capitalismo muestra su cara más maléfica, pensando y rearticulando el mundo para salvar la economía mientras miles se mueren por falta de cuidados básicos, como los elementos de protección (barbijos, guantes, delantales médicos), camas de unidad de terapia intensiva, servicio de saneamiento básico y alimentación saludable.
Los levantamientos que se vienen expresando por el mundo son la clara representación de que este sistema no da más. Que no se puede callar frente a la miseria, el racismo, el machismo y las barbaries del capitalismo. Hoy más que nunca la disyuntiva de Rosa Luxemburgo se hace presente: “socialismo o barbarie”.