Miércoles 21 de julio de 2021
Luego del balde de agua fría que cayó sobre el PCCH producto de las primarias presidenciales que definieron a los candidatos de la derecha chilena y Apruebo Dignidad, se ha hablado bastante de los giros estratégicos de la alianza entre el Frente Amplio y el PC, en donde, por definición programática, el candidato Boric (Convergencia Social) flamea las restauradas banderas de una coalición que huele a lo más puro del reformismo.
Hablamos de la ex Concertación, mixturas de partidos políticos que urdieron, legislaron e hicieron política en el Chile de los 30 años hombro a hombro con el empresariado chileno; a punta de privatizaciones y políticas públicas de un estado subsidiario que cala en lo más hondo del neoliberalismo y desde ahí ejerce un poder basado en el mercado y no desde las necesidades de los sectores más postergados de la sociedad chilena.
Es así que en el programa de televisión abierta "Contigo en la Mañana", en una entrevista hecha al candidato de la coalición Apruebo Dignidad, Boric se refiere a una nueva apertura y giro hacia la ex Concertación en específico a la posible candidata del Partido Socialista Paula Narvaez, aludiendo al rol histórico y “troncal” de la política chilena que ha venido haciendo el PS y sintiéndose parte de la larga tradición de la izquierda chilena en que el PS ha sido partícipe.
Este nuevo guiño y desvío político para ganar la presidencial huele a la generación de nuevos pactos de gobernabilidad desde los sectores más rancios de la política partidaria de los últimos tiempos y el aprovechamiento retórico y de reivindicación de una centro izquierda desgastada dentro de la opinión popular y que justamente no quiere entender que luego de la revuelta popular de octubre del 2019 la sensación y la opinión es justamente reveladora en ese tipo de formas de hacer una política de la mano de los grandes empresarios y de las prácticas legislativas que tienen sumido a las y los trabajadores en el abandono mediante políticas laborales que no hacen más que engordar los bolsillos de los más poderosos.
Así se va desarrollando el empujón que le faltaba a la coalición de Aylwin, Lagos y Bachelet para que no decaiga políticamente luego de que en las elecciones de constituyentes probaran el gran fracaso de toda una gestión impuesta por años en un país que no da rienda suelta al gran cambio impulsado desde el ciudadano de a pie que no quiere más ni la forma ni el fondo de una gobernabilidad basada en la corrupción y en las malas prácticas.