El New York Times recomienda avanzar con las investigaciones sobre corrupción y alerta sobre los riesgos de eliminar los planes sociales creados por el PT, que llevaron a Dilma al poder.

André Augusto Natal | @AcierAndy
Sábado 3 de septiembre de 2016
El diario norteamericano The New York Times (NYT) dedicó un editorial este jueves (1) para “aconsejar sabiamente” al golpista Michel Temer luego de la destitución (impeachment) de Dilma Rousseff. El diario recomienda a Temer que continúe las investigaciones sobre corrupción y que incluso frente a la necesidad de “recortes dolorosos” en el país sea cuidadoso al replantear los programas sociales creados por el PT, que llevaron a Dilma al poder.
Esta preocupación del New York Times si bien es generalizada en el ámbito de las finanzas internacionales, este diario fue el primero en expresarlo con tanta claridad. El imperialismo quiere un ajuste más rápido y profundo del que el PT venía realizando en su gobierno. Sin embargo, no cuenta con una figura con la legitimidad de las urnas y cuyo programa cuente con aprobación de masas. Por el contrario, Michel Temer tiene el estigma del golpe inscrito a fuego en la frente e intentará poner en práctica un programa político que fue derrotado en las últimas elecciones de 2014.
En esta aritmética, el diario yanqui aconseja a Temer que al mismo tiempo que implementa los ataques mantenga una especie de “dilmismo, sin Dilma”, principalmente la reconfiguración de los programas sociales y no su abandono, tal como anunció Temer refiriéndose a los cinco principales programas petistas, entre los cuales se encuentra el plan Bolsa Familia. Pero vale preguntarse si el proceso de impeachment “siguió todo el protocolo constitucional”, ¿a qué se debe la preocupación por mantener los programas del gobierno anterior? ¿No sería natural para la población aceptar a un “vice” que se hace cargo después del impeachment presidencial?
Ni el imperialismo logró ocultar que fue un golpe
El NYT destaca que desde que Temer asumió el cargo, en mayo pasado, la economía brasilera “mejoró modestamente”, en medio de las expectativas de los mercados por nuevas reformas, que incluyen privatizaciones y una agenda de ajuste fiscal. “Mientras el equilibrio del presupuesto requerirá recortes dolorosos, Temer debe ser prudente para reprogramar los programas sociales que dieron popularidad al Partido de los Trabajadores”, afirma el editorial. “Hasta que los brasileños puedan elegir a un nuevo presidente en 2018, podría honrar el proceso democrático del país al permanecer razonablemente fiel en dirección de la plataforma que ellos habían respaldado”.
El diario The Wall Street Journal no se contentó, a pesar de defender el golpe institucional con todas sus fuerzas, con la declaración oficial de Temer “empresarios e inversores de todo el mundo nuestra disposición para proporcionar buenos negocios, estabilidad política y seguridad jurídica”, planteando en una nota que Temer no es lo suficientemente neoliberal”.
The Economist navega por las mismas preocupaciones del NYT sobre la popularidad del golpista. Demuestra que parte significativa de la población renunció a los planes de salud privados por la austeridad de la situación económica y el alto desempleo, lo que hace que millones dependan de los planes públicos que Temer desea recortar. Va más allá, al predecir que incluso con los dos principales ataques propuestos por el gobierno - congelación durante 20 años del gasto público y la reforma del sistema jubilatorio - el gobierno brasileño sólo lograría un superávit primario en 2021, y la deuda pública alcanzaría más de 90 % del PIB. Plantea una analogía entre Temer y Sarney. “El nuevo presidente tiene un apoyo un poco mayor al de la destituida Dilma. Su tasa de aprobación está por debajo del 20%, el PMDB está tan involucrado como el PT en los escándalos de Petrobras. La mitad de los brasileños quiere la oportunidad de votar por un nuevo presidente. [...] Esforzándose por ser el próximo Itamar Franco, puede sufrir el destino de José Sarney, un vicepresidente que fue inesperadamente promovido en 1985 luego del régimen militar. Sarney propuso una serie planes de combate a la inflación, que sólo empeoró las cosas. El resultado de la turbulencia fue alentar un político populista en 1989, Fernando Collor”.
Diferentes visiones sobre la destitución
La cadena estadounidense CNN dio gran importancia a la noticia en su site y afirma que la votación del miércoles (31) pasado puso fin a un “proceso polémico que se prolongó por meses”. También afirma que la decisión es “un gran revés” para Dilma, pero “no puede ser el fin de su carrera política”.
El británico "Guardian" afirma que Dilma enfrentó por más de 10 meses las acusaciones por la imposibilidad para proveer previamente fondos a programas sociales y por emitir decretos presupuestarios sin la aprobación del Congreso antes de su reelección en 2014. “La oposición alegó que eso constituía un ’crimen de la responsabilidad’. Rousseff lo niega y alega que las acusaciones - que nunca se formularon a las administraciones anteriores que hicieron lo mismo – fueron forjadas por los adversarios incapaces de aceptar la victoria del Partido de los Trabajadores”.
La revista alemana “Der Spiegel”, en lugar de la caída de Dilma, destaca el ascenso de Michel Temer. “El hombre a la sombra asume”, plantea el título del reportaje. El texto cuenta que Temer, poco después de ser confirmado en la Presidencia, tomará un avión para representar a Brasil en la reunión del G-20, en China. “Con esto, se determina una lucha de poder sin precedentes en Brasil y, dependiendo de la perspectiva, el país estaría dirigido por un salvador o por un traidor. La izquierda lo maldice como golpista, después de haber sido vice de Dilma y volverse en su contra. Para los hombres de negocios, que esperan que saque al país de la crisis, él genera esperanza”, dice el texto.
Ya en la Cumbre del G-20, a la cual Temer viajó a toda prisa para pedir a las potencias del mundo que compren todo el país, analistas de la propia burguesía obervan el declive de la influencia política de Brasil en los asuntos mundiales. “Temer será recibido amablemente en la cumbre del G-20, pero está claro para todos que él es un “pato rengo” [como son llamados los presidentes de Estados Unidos hacia el fin de sus mandatos]. Dice que no competirá [en las elecciones] de 2018, es visto como un celador con débil mandato", afirma Riordan Roett, especialista en América Latina de la Universidad Johns Hopkins. “Hay mucho para ser construido o reconstruido luego de las próximas elecciones. Temer puede ser capaz de avanzar en cambios microeconómicos, pero las decisiones estructurales profundas necesitarán un jefe en el poder Ejecutivo con mandato nacional”.
Enfrentar la lucha de clases
Los diarios mundiales tratan de hacer política lanzando hipótesis estratégicas sobre el nuevo gobierno. ¿Será Temer capaz de cumplir las funciones para las cuales está llamado? ¿Cómo enfrentará las previsibles convulsiones sociales frente a la aplicación de ataques más duros de los que ya venía implementando el PT, con el estigma del golpe en la frente?
El imperialismo y las altas finanzas, sedientos por ataques y por la entrega de los recursos nacionales al capital extranjero a una velocidad e intensidad mayores de las que el PT venía realizando, entienden que las medidas impopulares no se implementarán sin una fuerte resistencia de masas. La burguesía esta sin fuerzas morales para disciplinar la lucha de clases. El panorama estratégico para el que se preparan es que será difícil estabilizar la lucha de clases con un PT debilitado y un débil bonapartismo de derecha que no cuenta con la legitimidad de las urnas.
Los primeros días del golpe ya muestran que el gobierno quiere instalar en las calles, mediante fuerte represión policial y la utilización de las Fuerzas Armadas, la correlación conquistada en el parlamento y en el Poder Judicial. Difícilmente logrará “pacificar jurídicamente” al país cuando se intente poner en práctica los ataques más estratégicos, como las reformas del sistema jubilatorio y laboral. No por anda las editoriales de los diarios financieros se defienden afirmando que el impeachment está lejos de resolver la crisis política brasilera, en un país atravesado por la crisis orgánica y el surgimiento de nuevas formas de pensar en sectores de masas.