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BRASIL // PERSPECTIVAS. Brasil: Temer y los test ácidos de un neoliberalismo golpista sin hegemonía

Temer planea un duro ajuste contra los trabajadores. ¿Es posible sin que estalle la lucha de clases? ¿Qué bases de apoyo tiene y cuáles son sus mayores peligros?

Leandro Lanfredi

Leandro Lanfredi Trabajador petrolero | Rio de Janeiro

Jueves 19 de mayo de 2016

Dilma ajustó y privatizó tomando decisiones que no se veían en años. El mayor campo petrolero (Libra) del país, en los estertores de las jornadas de Junio de 2013, fue parcialmente entregado a la multinacional Shell y sus socios. Los mayores aeropuertos del país pasaron a manos privadas. El seguro de desempleo, atacado. La educación y la salud dilapidadas. El desempleo en aumento. La conciliación y los acuerdos sistemáticos con la derecha y la apuesta al Supremo Tribunal Federal golpista rindieron frutos nada más que a los ex aliados y su programa de ataques neoliberal. ¿Será posible su implementación sin lucha de clases?

Temer llegó al poder por medio de un golpe institucional que mostró la faceta más reaccionaria del Congreso. Llegó a la Casa de Gobierno (Palacio del Planalto) bajo la promesa de construir “un puente” a un futuro neoliberal, a ser ejecutado con brutal rapidez e intensidad. Reunió un equipo integrado por los hijos de las oligarquías políticas, banqueros y privatizadores. En 30 días, con los aplausos de la central sindical Força Sindical y sus otras aliadas, la Unión General de Trabajadores (UGT) y la Nueva Central Sindical de Trabajadores (NCST) entre otras, presentará un plan que roba el derecho a la jubilación de la juventud y millones de trabajadores. Las empresas estatales están bajo la mira. Hasta el Sistema Único de Salud (SUS) está bajo la mira, ni qué decir de la educación pública.

El golpe fue vendido como la panacea para paliar todos los males económicos. Temer hará de todo para intentar separar los ataques a los derechos de los trabajadores y la ofensiva privatizadora de los agresivos recortes que realizará en el gasto público (incluyendo la salud y la educación) para intentar separar la continuidad/profundización de la grave recesión de sus objetivos más estratégicos. Quiere dividir y aislar. Sin embargo, para que este plan tenga éxito, es necesario que haga un gobierno al estilo de Fernando Henrique Cardoso (PSDB, presidente implementó las reformas neoliberales en Brasil en la década del 90) pero concentrado en pocos meses. ¿Es posible? Aún más, ¿es posible sin que estalle la lucha de clases? ¿Qué bases de apoyo tiene, cuáles son sus mayores peligros?

Presión por el ajuste “express”

La lógica política, teniendo en cuenta su popularidad frente a las masas, presiona al gobierno de Temer a mantener la mesura, preparándose para 2018, en su propio beneficio o la de algún otro político profesional del PMDB (¿Eduardo Paes de Rio?).

El cálculo del apoyo parlamentario, mediático e internacional, impulsa al presidente golpista a una ofensiva de choque y terror. Una “doctrina Bush” no en política externa, sino para enfrentarse con el enemigo interno, el proletariado y los de “abajo”. El slogan de su gobierno como de “orden y progreso” para sustituir al “Brasil para todos” y el irónico “Patria Educadora”, parecen un giro copernicano. Su secretario de Justicia, el alckmista Alexandre de Moraes (PSDB) con sus promesas de represión a los movimientos sociales, se sincronizó con las prisiones ilegales de estudiantes secundarios en San Pablo, es un claro ejemplo de esta orientación.

En el flanco externo, bajo la mira del imperialismo que busca sacar provecho de los ataques, al mismo tiempo que opina críticamente que sería mejor un gobierno respaldado por el voto popular para descargar semejante ofensiva, resultados que además son necesarios no solo para Temer sino también para su Ministro de Relaciones exteriores y presidenciable José Serra (PSDB). Necesita de un “Alca reloaded” y rápido, que demuestre generación de empleos precarios y aumento del flujo de comercio y capitales para mostrar gestión. De lo contrario tanto el imperialismo como una parte de los tucanos (en referencia al PSDB) con vuelo propio, amenazan abandonar el barco frente a la primera dificultad, como ya declaró más de una vez Fernando Henrique Cardoso (FHC).

Bajo la presión de la coalición pro-impeachment que lo llevó al poder, comenzando por los grandes medios y pasando por la Federación de Industrias del Estado de San Pablo (FIESP) y los tucanos, Temer tiene que actuar de prisa. ¿Es posible hacerlo sin desmoronar su apoyo parlamentario, fruto de la presión popular y del temor de los parlamentarios de un fiasco en octubre, cuando se convoquen elecciones municipales?

Bases de apoyo para el neoliberalismo agresivo en los años 90

El PT implementó diversas medidas neoliberales combinadas con medidas mínimas redistributivas (salario mínimo, Bolsa Familia, expansión – en clave precarizada y privatizante – de la Educación superior) en un contexto internacional muy diferente y con bases de apoyo diferentes a las que cuenta ahora Temer. En América Latina era el tiempo de los gobiernos “posneoliberales” en algunos casos, que a diferencia de nuestro país, fueron producto de jornadas revolucionarias y procesos más “calientes” frente a los cuales estos gobiernos eran llamados a contener y desviar.

En los ´90 en plena ofensiva neoliberal mundial, Brasil mendigando a los EE.UU “relaciones carnales” como mantenían Argentina y México, había puntos de apoyos materiales e ideológicos para la ofensiva. Ideológicamente era la época del “fin de la historia”, de los individuos en lugar de las clases sociales. Materialmente, el real (moneda brasilera) supervalorizado permitió la cooptación de sectores de clase media que preservaban sus empleos (a otros un descenso social, agravado en el segundo mandato de FHC) con posibilidades de finalmente viajar a Disney y a las camadas más pobres del proletariado les ofrecía un bono alimentario del plan Real. Este “bono alimentario y de pasaportes” se combinaba también con una situación demográfica particular del país. Según el Instituto Brasilero de Geografía y Estadística (IBGE) en el año 2000 (aún más en 1994), el 29,2% de la población tenía entre 0 y 14 años de edad.

Sirviendo de puente entre esos elementos materiales y los elementos ideológicos y de la relación de fuerzas internacional, estaba la burocracia sindical. La central Força Sindical creció, se ofrecía como un sindicalismo de resultados en oposición a un supuesto sindicalismo ideológico de la CUT. La propia CUT, en su bastión del ABC, incorporaba elementos de Força Sindical y del espíritu de época. Se instituyen las “cámaras sectoriales” para que los metalúrgicos negociasen sus acuerdos, ya no como una rama de conjunto sino rama a rama, fábrica a fábrica. Era el tiempo de la PLR (Participación en los Lucros y Resultados) y otras medidas de Força, secundadas por la CUT. Tiempo de fondos de pensión, de aceptación de la privatización de las empresas por la vía de entrega de acciones a los trabajadores (como en la empresa Vale do Rio Doce). Eran los tiempos en que no sólo Força Sindical sino también la CUT se vestían de Armani e ingresaban en la administración de los billonarios fondos de pensión.

En las intendencias el PT se preparaba para administrar el Estado capitalista. Algunos de esos ejemplos destacados fue la experiencia de gobierno de Erundina (ahora en el PSOL) como intendenta de San Pablo. La gran huelga petrolera de 1995 que constituyó un desafío a la ofensiva neoliberal fue derrotada, aislando las tendencias a la huelga general, por la CUT, dirigida en la época por el actual diputado federal Vicentinho (PT-SP) que declaraba junto a Lula en la TV Globo que los petroleros estaban excediéndose y que debían levantar la huelga. ¿Y hoy, sobre qué bases es posible asentar un agresivo y neoliberal Plan Temer?

¿Qué bases materiales hay para una nueva hegemonía neoliberal? La economía está en recesión, la más grave desde 1930, los mejores resultados inmediatos que un flujo de capitales extranjeros en las privatizaciones pueda ofrecer, no contradice el modo en que la crisis económica afecta la vida de las personas. Desempleo, pérdida de ingresos y de derechos como el de la jubilación.

Esta pérdida viene luego de casi una década de ganancias reales (mínimas) salariales, de familias que vivían a costa del crédito y de cuotas para que sus primeros hijos asistan a la universidad y que vivían con lo justo para que sigan estudiando. Fueron también años, explotados a izquierda y derecha por el petismo, de vuelos nacionales para pobres y negros que lograban visitar a sus familias en el nordeste, de contar con un fugaz y precario derecho al ocio en medio del creciente trabajo precario y rotativo que caracterizaron esos años.

Años de recomposición objetiva de la clase trabajadora, y subjetiva, de ejercitar los músculos en huelgas, que casi sin excepción fueron controladas por la burocracia sindical. Años en los que se dieron las jornadas de Junio de 2013, donde la juventud salió a las calles y la constatación planetaria de que el PT ya no contenía la lucha de clases en el país. La juventud escapaba al control, inundando las calles con jóvenes demandando derechos sociales como transporte, salud y educación. Esta onda impactó en el movimiento obrero que conoció su mayor pico de huelgas desde los años ´80 y que hizo suyo el canto de la juventud, como hicieron los recolectores de residuos (garís) de Río de Janeiro en su huelga contra la burocracia sindical entonando una de los cantos escuchados en las manifestaciones juveniles, “no hay arreglo”, frente a la oferta salarial ofrecida por el gobierno.

Los ajustes implementados por el PT, a la ofensiva mediática, la asimilación del PT de los métodos más corruptos del gobierno capitalista, la Operación Lava Jato y un “partido judicial” emergiendo como árbitro todopoderoso y dando su aval al golpe, permitieron la derrota. Pero aquellos anhelos, esta correlación de fuerzas no ha sido derrotada. Para Temer y sus socios neoliberales y golpistas, será necesario hacerlo. ¿Cómo?

Si desde el punto de vista material no hay “bonos” estratégicos, como máximo alguno coyuntural, en el plano internacional por más que esté surgiendo una nueva derecha, cuyo fortalecimiento nuestro continente pueda ser un punto de apoyo, este fortalecimiento de las instituciones del Estado no supone que se de lo mismo en la correlación de fuerzas entre las clases. Solo basta observar a nuestra vecina Argentina y la resistencia que vienen oponiendo a Macri la juventud y sectores de los trabajadores estatales, aún con todos los límites impuestos por la burocracia sindical del país vecino.

En la actualidad hay menos bases para una hegemonía neoliberal. La central Força Sindical se apura en cumplir su papel de los años ´90. Los medios que avanzaron en esta tarea “contra-civilizatoria” a través de diarios, programas de índole espiritual, persecución policial “a los marginales” y manipulación global pueden ser puntos de apoyo pero aún así contradictorios. Hasta la archigolpista red Globo, debe, de tanto en tanto, ceder a las presiones de defender derechos sociales. Paulinho y otros burócratas de Força Sindical pueden no ahorrar esfuerzos en su golpismo y apoyo a medidas neoliberales pero aun así necesitan mostrar algún rostro en sus acciones de defensa de los intereses de los trabajadores. Acciones que no contarán con “bonos” noventistas ni de consumo ni ideológicos. Pero solo con los Macri, con antipetismo rabioso en los programas de TV y de la revista Veja, y otras similares, no se construye hegemonía.

La CUT que no opuso ninguna resistencia por fuera de declaraciones al golpe, ni antes ni durante el mismo se opuso a los ajustes, fuesen ellos de “su” gobierno, de los tucanos (PSDB) o de las patronales, con su trayectoria “ejemplar” también puede adaptarse al golpe después de un tiempo. Pero ¿puede la CUT no oponer ninguna resistencia, aunque sea controlada, frente al ataque a las jubilaciones y la privatización de sus principales bases sindicales? Además esta oposición controlada, a partir de la emergencia del sujeto incontrolable de la juventud, puede abrir escenarios más duros de lucha de clases que se enfrenten a este neoliberalismo golpista.

Escenario táctico y estratégico, juventud versus ajuste del golpismo y su mano dura

La juventud viene desarrollando una oleada de ocupaciones de Rio Grande do Sul a Ceará. Se enfrentan con el intento de derrotarla por el miedo de la represión, ilegal en San Pablo, y la mezcla de negociación e incentivar bandas que levantan “Desocupa Ya” en Río. Junto a eso los universitarios de las prestigiosas Universidad de San Pablo (USP) y Universidad de Campinas (Unicamp) siguen en huelga, ocupando la Rectoría y la facultad. Los trabajadores de la USP también salen a la lucha uniendo en su potencial la lucha contra los ajustes a la lucha contra el golpe que arrastra el germen peligroso de la alianza obrero- estudiantil.

¿El desarrollo de este sujeto puede poner en jaque este intento de neoliberalismo sin hegemonía? ¿Será posible imponerlo de la mano de las fuerzas policiales y del ministro de Justicia Moraes? Es posible pero no parece ser un escenario de calma para los negocios capitalistas y mantiene, por esta vía más viva la esperanza del retorno del petismo, (también en 2018) como recurso para contener este descontento. Descontento en las calles es también una señal de que la crisis en el frente impeachmista, con pluralidad de intereses, por ahora se mantiene unido a Temer. La juventud y la clase trabajadora deben ir más allá de querer la vuelta de los ajustadores y privatizadores del PT. Hay que pelear por levantar la perspectiva de la lucha por la caída del gobierno de Temer como parte de un cuestionamiento a todo este régimen de balas y sobornos. Por esto desde el Movimiento Revolucionario de Trabajadores (MRT) y desde Esquerda Diário, proponemos que la fuerza de las movilizaciones de la juventud, en defensa de la educación contra los ajustes y el golpe se arranque a los grandes sindicatos y centrales sindicales de su inmovilismo y luchemos por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana.

Traducción: Liliana O. Caló