Miles de jóvenes que trabajan en los call center de forma precarizada sufren el permanente hostigamiento patronal, nulos derechos sindicales y todo tipo de enfermedades laborales. El caso de PyD S.A.
Jueves 30 de junio de 2016
Me desempeñé como operador telefónico durante 3 años en PyD S.A. y de forma tercerizada trabajé para el diario La Nación. Pero el día 27 de junio fui despedido de forma injusta y discriminatoria. Durante esos 3 años sufrí todo tipo de hostigamiento por parte de los jefes, como así también lo sufrían mis compañeras y compañeros. Siempre exigiendo más y más rendimiento. En los sectores de venta la presión es aún mayor y si no les rendís terminás en la calle, como material descartable. En una empresa de más de 250 empleados no teníamos ningún tipo de derecho sindical y el Sindicato de Comercio es cómplice de esta situación, no solamente en PyD sino en la mayoría de los call centers donde prima una férrea dictadura patronal que se ejerce con total impunidad.
No todo en el microcentro son shoppings, teatros con marquesinas luminosas y gente de traje que pasea por Florida, también están estos verdaderos reductos de súper explotación
A los sueldos de miseria que se cobran se suma la insalubridad del trabajo: con computadoras no acondicionadas para estar 6 o más horas trabajado que ocasionan problemas en la vista, los headset que provocan inconvenientes auditivos, las sillas que ocasionan problemas en la espalda y la obvia tensión de vender o atender clientes como si fuéramos una máquina, que lleva el estrés al máximo provocando daños psicológicos y emocionales en muchos compañeros. El maltrato de los jefes para con los operadores es constante, los sueldos se liquidan mal y siempre te roban algo de esa manera. Al igual que mis compañeros y yo, miles de jóvenes son sometidos a condiciones brutales de trabajo en estos lugares sin siquiera tener derecho a reclamar.
No todo en el microcentro son shoppings, teatros con marquesinas luminosas y gente de traje que pasea por Florida, también están estos verdaderos reductos de súper explotación, donde miles de jóvenes trabajadores somos invisibilizados por los dirigentes sindicales y dejados a nuestra propia suerte sin más. Toda esta situación es un enorme negocio tanto para las empresas tercerizadas como para las que contratan sus servicios, en mi caso el diario La Nación, que amasan sus fortunas a costa del fraude laboral que ejercen contra los trabajadores. En PyD ni siquiera aportaban las cargas sociales en tiempo y forma, dejando a muchos compañeros sin obra social. Con el ajuste macrista en curso las condiciones empeoraron y la empresa comenzó a inventar causas contra los que más reclamamos o nos hacemos respetar ante su prepotencia. Aperciben, suspenden y despiden con una impunidad escandalosa.
Los call center, símbolo indiscutido de precariedad laboral en el mundo, florecieron en la Argentina durante el kirchnerismo como única opción para cientos de miles de jóvenes que son sometidos a diario a estas infames condiciones. Estas patronales exploradoras y parasitarias también comenzaron el ajuste y la reducción de personal está a la orden del día. Los miles que poblamos esos box en cientos y cientos de oficinas en los edificios de la ciudad de Buenos Aires existimos, somos trabajadores y estamos hartos de la vista gorda que hacen los dirigentes sindicales como los de Comercio o Telefónicos. La bronca se acumula en las calles porteñas; es el grito que ni los Cavalieri ni los Iadarola quieren escuchar: somos los jóvenes trabajadores que estamos hartos que las patronales jueguen con nuestros salarios, nuestra salud, nuestro empleo y nuestro futuro.