En los últimos años, a nivel global, el cambio climático ha sido parte de la agenda de varios países. Esto ha traído debates científicos, económicos y políticos, teniendo como resultado el reconocimiento de que los efectos del cambio climático sobre la población no son iguales. Son los sectores populares los más vulnerables, pero principalmente las mujeres y niñas que conforman el 70% de los pobres del mundo.
Lunes 3 de octubre de 2016
Según la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el cambio climático es “aquel cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad natural del clima observada durante períodos de tiempo comparables”, cambio que de forma natural se da en el planeta, pero que por el uso excesivo y descontrolado de hidrocarburos, se ha agudizado.
Este cambio se ve en el aumento de la temperatura promedio del planeta, que trae consigo inundaciones, sequías, incendios, entre otros eventos meteorológicos, que afectan principalmente a los sectores pobres. ¿Por qué? Por sus condiciones de vida tienen que establecer sus hogares en lugares no apropiados, ni seguros y son los primeros en padecer la falta de agua o
recursos debido a una emergencia o catástrofe.
Las mujeres, las niñas y los niños son 14 veces más propensos a morir durante un desastre, de acuerdo con el informe Equidad de género en la gestión integral del riesgo, publicado por el Instituto Nacional de las Mujeres en 2013. Pero los gobiernos se quedan sólo en declaraciones: no actúan ante las catástrofes ni las previenen.
Las mujeres ante el cambio climático
Históricamente a las mujeres se nos han impuesto roles y tareas, como lo es el hacerse cargo de las tareas domésticas, por esto somos nosotras las que debemos preocuparnos de alimentar a nuestras familias, proveer de agua, tener lo necesario para poder cocinar como recolectar leña o comprar carbón.
Por esto ante algún evento meteorológico, las mujeres son las primeras en buscar cómo abastecer a su familia de agua y alimentos. Según la Encuesta Nacional de Uso de Tiempo 2002, reflejó que en México la participación de las mujeres en el acarreo del agua es el doble que la de los hombres. Y no sólo eso, por ser relegadas a tareas del hogar ni siquiera saben nadar, ejemplo de esto es el tsunami asiático del 2004, donde más del 70% de las víctimas eran mujeres y niñas, según el informe Igualdad de género, empoderamiento de las mujeres y cambio climático, de ONUMUJERES.
Declaraciones gubernamentales: gatopardismo oficial
Durante el 2015 se llevaron a cabo importantes eventos a nivel mundial sobre cómo combatir el cambio climático. Por un lado, 193 países pertenecientes a la ONU firmaron la Agenda 2030 para el Desarrollo sostenible, que contiene como uno de sus objetivos la búsqueda de la equidad. México también fue firmante: con bombo y platillo Enrique Peña Nieto cínicamente regresó diciendo que peleo porque la equidad no se eliminará de la agenda.
Posterior a la firma de la Agenda 2030, se celebró la COP21 (Conferencia de las Partes) donde decenas de figuras presidenciales se reunieron para concretar los compromisos para combatir el cambio climático y las medidas que cada gobierno estaba dispuesto a adoptar, entre ellas lograr la equidad.
En realidad, todo letra muerta: el control de emisiones contaminantes no se realiza, ya que implicaría que los gobiernos se enfrentaran con las empresas, pero en realidad administran los países al servicio de magnates y grandes corporaciones.
La ONU ha hecho una campaña mundial para dar a conocer el “trabajo” que los gobiernos están haciendo para combatir el cambio climático, poniendo muy por enfrente la política de equidad y fin a la pobreza.
Pero los que firman y dicen estar a favor de la equidad son responsables de imponer a las mujeres salarios más bajos que a los varones por las mismas tareas, doble y triple jornada laboral, legitimando una y otra vez a través de su aparato ideológico –iglesias, escuelas, publicidad, medios masivos de comunicación- que sobre las mujeres recaigan las tareas de reproducción de las familias.
Son también los gobiernos los responsables de mandar cascos azules por todo el mundo, que son los mismos que violan a mujeres y niños.
En México no es diferente: mujeres, niñas y niños se llevan la peor parte ante los huracanes, inundaciones y deslaves, los índices de feminicidio van en aumento, las desapariciones de jóvenes y niñas son el pan de cada día, y mientras Peña Nieto se alza el cuello diciendo que está por la equidad, es responsable de la violación de mujeres en Atenco y presidente de uno de los países más peligrosos para ser mujer.