En el marco de los 40 años de la “Masacre de La Plata”, un trabajador envió a la redacción de este diario una carta en forma de homenaje a ocho militantes del Partido Socialista de los Trabajadores asesinados por la Triple A en 1975.
Martes 8 de septiembre de 2015
A cuarenta años de la Masacre de La Plata
Queridos compañeros:
Tengo una mezcla de sentimientos. Tristeza, impotencia, pero más que todo mucho orgullo de que el trotskismo los tenga a ustedes como mártires.
Los conozco por relatos de compañeros de mi viejo de “La Fábrica”. Para mí no son desconocidos.
Realmente cuando me hablan de militar, de luchar, me da vergüenza y, por qué no, un poco de culpa. Porque comparado a lo que hicieron ustedes, hoy militar y luchar es insignificante.
Muchos tendrán a San Martín, a Belgrano, al Che o a Perón como ídolos. Pero para mí ustedes los superaron ampliamente, porque no tenían ejército, dinero ni respaldo alguno. Solos contra todo.
Sé que el tiempo y la muerte idealizan a las personas, que ustedes fueron mortales con defectos humanos. Pero, ¿cómo mirar esos defectos si lo que hicieron ustedes es de Héroes, con mayúscula?
Eran jóvenes, como esta camada nueva, estudiantes comprometidos con la clase obrera. Repartiendo volantes en las fábricas, festejando cada nuevo camarada ganado como si fuera un campeonato, a pulmón y con la sola fe de la pasión revolucionaria.
Enfrente tenían colosales rivales. Al mismísimo Perón, con todo lo que representaba no sólo en Argentina sino mundialmente. A los montoneros, que eran de masas. Al estalinismo, ese mismo PC que fue el mayor aparato contrarrevolucionario de todos los tiempos, en su mejor momento (aunque no lo crean hoy es oficialista). A a la guerrilla, que sacaba a los obreros de la fábricas para llevarlos a los montes; más que heroico un error fatal para la revolución, con el Che que se llevaba a todos puestos con Cuba como un tsunami sudamericano.
Y estaban ustedes, que con las banderas del trotskismo y la clase obrera se fueron ganando su lugar. Primero tímidamente y después los tuvieron como protagonistas en el Villazo y el Rodrigazo. Minoritarios en número pero respetados, porque sus sueños eran grandes. Y la apuesta obrera leninista-trotskista era lo que más molestaba. Porque la burguesía sabía, como lo sabemos nosotros, que la clave está en el movimiento obrero.
Hay muchos partidos que se reclaman herederos del PST. No por nada el PTS nació como reivindicación de aquel partido. Y creo firmemente que lo somos en buena ley.
Es cierto que cuando se estudia con detenimiento al PST, teórica y políticamente, como partido tal vez no estuvo a la altura que debería. Algo que a su dirección se le cuestionó. Pero se sacaron balances y conclusiones que hoy en día, aún en el error, nos orientan para no repetirlo en nuestra corriente.
No se amedrentaron, siguieron sus sueños poniendo el cuero en las épocas de la Triple A, aún después de la masacre de Pacheco. Mujeres jóvenes (que podrían haber soñado con que alguien les solucione la vida), trabajadores y estudiantes que llevaron la palabra compromiso a un nivel máximo.
Ojalá estas nuevas generaciones puedan inspirarse en ustedes y vean, cuando se sientan cansados y atribulados, el sacrificio supremo que realizaron. Los jóvenes buscan con quién identificarse, y qué mejor que hacerlo con ustedes, que aún con miedo no se detuvieron y siguieron adelante.
Nadie elige ser héroe. El destino revolucionario los eligió.
El sábado se entregó un fondo de huelga a los obreros de Madygraf, una fábrica tomada. Un ejemplo de lo que esa década dejó como métodos de la clase obrera. Por esa misma causa ustedes fueron asesinados.
Lamentablemente sus asesinos aún están impunes. A tal punto que en la lucha de Mafissa (esa misma fábrica a la que ustedes iban a entregar un fondo de huelga cuando fueron secuestrados) volvieron a desplegar su aparato represivo con todo el apoyo estatal de Scioli, el heredero de Cristina, que en vez de investigar el rol de esa patronal como partícipes necesarios de la masacre (marcando compañeros y avalando los secuestros y desapariciones) se pusieron codo a codo para enfrentar a sus obreros.
También Julio López puede dar fe de que el aparato represivo está, que hay impunidad y sigue vigente.
Nuestras banderas llevan su sangre bien roja. Son cien ofrendas vivas en total, que todavía reclaman juicio y castigo.
¡No olvidamos, no perdonamos!
¡Juicio y castigo a los responsables de la Masacre de La Plata!
¡Apertura de los archivos de la represión “legal” e “ilegal”!
¡Hasta el socialismo siempre, compañeros!
Carlos, trabajador lácteo