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Actualidad. Carta abierta a la juventud ante la desaparición de Santiago Maldonado

Reproducimos el escrito de Dara, estudiante secundaria de Caseros, Tres de Febrero.

Viernes 15 de septiembre de 2017 19:49

En los últimos días, sobre todo a raíz de la desaparición forzada de Santiago Maldonado y con la provocación ocurrida después de la marcha enorme del 1/9 se multiplicaron comentarios dolorosos, punzantes, que demuestran cómo el estado de alienación afecta a nuestra clase y se ve en aquellos a los que no les interesa involucrarse en las luchas ajenas, y, por sobre todo, aquellos a quienes no les interesa el otro. Son los que están opinando desde la comodidad de su casa, sin pasar necesidades, o incluso muchas veces sufriéndolas también, repitiendo lo que se dice por los medios de comunicación, queriendo callar nuestra voz escribiendo en las redes sociales, pero principalmente, denigrando.

¿Es posible que en "la era de la comunicación" estemos cada vez menos comunicados? ¿Será que las tecnologías estarán afectando tanto como para no poder mirar al alrededor y no ser humanos? Y eso es producto de que los medios de comunicación, que buscan comer las mentes y generar egoísmo, competencia. Desde las redes se busca dividir, y dividir, y dividir, como método de manipulación por la clase dominante. Mientras nosotros sentimos el fervor en la piel. La pizca de humanidad esta totalmente derrochada sobre nosotros, y nos unimos en el mismo grito para tirar por los aires este sistema. Porque detrás de todas las injusticias y desigualdades virtuales que vemos, está el sistema capitalista que nos busca dividir. Lo importante es sentir lo injusto y el deber del cambio latente.

Se llega al punto de tratar de "negro villero" "zurdito de mierda" a aquellos que tenemos una lucha demasiado importante, porque es la lucha de todos los trabajadores, y que se debería valorar. Valorar porque tenemos un ideal. Dígannos soñadores, utópicos, quilomberos, zurdos, que queremos bajar al gobierno, que no saben para qué vamos o qué hacemos. A todos los alineados, les digo, sí, sabemos lo que hacemos. Sí, nos mueve el deseo de querer cambiarlo todo. Nos mueven las ganas de que nuestros hijos, nietos, bisnietos, y las próximas generaciones vivan sin opresiones. Buscamos terminar con las divisiones que nos imponen de género, de clase. Buscamos una sociedad en la que valga la vida humana.

Somos aquellos quienes se les caen las lágrimas. De felicidad, de tristeza. Aquellos que manifestamos en palabras lo que nos pasa, y ponemos el cuerpo en las causas dignas, peleando por todas las libertades y que queremos hacer conscientes a toda la humanidad y organizarla para luchar. Y se que cada vez somos más.

Por eso somos los chicos secundarios que están tomando los colegios en contra de la reforma educativa: ¡Basta de trabajo precario para los jóvenes! Somos los que nos movilizamos por la aparición con vida de Santiago Maldonado, al grito de ¡No queremos más desapariciones forzadas, el gobierno es responsable! Somos las chicas que difunden las fotos de otras chicas desaparecidas, nos indignamos de bronca por cada nuevo femicidio, las que peleamos por el aborto legal, al grito de ¡Vivas y libres nos queremos!

Y es un claro mensaje para que los que ahora no lo ven, lo hagan en un futuro y también a la clase dominante. También para el gobierno que esté de turno. Porque no vamos a bajar los brazos hasta modificarlo todo. Y si no es ésta generación, será la próxima. O la próxima. Pero el chip revolucionario siempre quedará. Somos trabajadores, estudiantes, desocupados, nos marca lo humano, nos diferencia del resto que luchamos por todos nosotros.

Por todas estas razones y aún más en este momento es que decidí militar en el PTS con sólo 18 años. E invito a los jóvenes que están leyendo esta carta abierta, a que lo hagan. Porque nunca bajaremos los brazos. A aquel que está leyendo esto, y aún no está involucrado, lo invito a militar, a sumarse a la pelea de construir el partido para la revolución y para cambiarlo todo, porque si las masas nos ponemos de pie, los opresores se caen, y ahí no tendrán más opción no tendrá a quién oprimir. Ya no tenemos nadie ni nada que nos pare, ya nadie apagará nuestro grito.