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Red Internacional
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Correos de Chile. Carta de una mujer “correana” a todas las trabajadoras

Se acerca un nuevo 8 de marzo, y en Correos Chile, como en muchos otros lugares de trabajo, el sindicato entrega un par de bombones a cada afiliada y los supervisores nos saludan. No fue hasta hace algunos años que, en medio de la jornada laboral, me cuestioné la raíz de que a nosotras las mujeres se nos celebrara un día. Comencé a leer del tema, pero me encontré con una fecha que no era de “celebración”. Fue así como junto a una colega supe que lo que se “celebra” el 8 de marzo, no es el día de la mujer en general, sino que es la conmemoración de una masacre en manos de los patrones de una fábrica textil, en la cual quemaron vivas a 146 mujeres trabajadoras que habían encerrado porque se estaban manifestando por demandas laborales. Esto, parte de la historia de nosotras las mujeres trabajadoras, nos había sido “ocultado”.

Flor Vargas Operadora postal, Correos de Chile

Sábado 5 de marzo de 2016

Comenzamos a ver que nuestras vidas de trabajadoras, madres solteras y mujeres precarizadas, mantiene mucha relación con la de muchas mujeres que han marcado nuestra historia y que aún no lo sabemos porque nos han sido negadas sus luchas; mujeres que vivieron en carne propia el abuso, la explotación y la opresión en sus lugares de trabajo y en sus casas. Si bien, hoy tenemos derecho a voto y una serie de cosas que nos podrían decir en la televisión o en estudios, la verdad es que estamos muy lejos de tener las mismas condiciones que nuestros compañeros hombres.

En particular, mi vida ha estado más marcada por las desigualdades que por las igualdades. Siendo mujer y mapuche, trabajadora postal, madre soltera, he tenido que dejar a mis hijos solos, ganando el sueldo mínimo, buscando una y otra forma para llegar a fin de mes, sin plata para poder pagar por alguien que me los viera, tener que soportar que te enrostren y humillen frente a tus compañeros de trabajo, por no poder quedarte a hacer horas extras, o por tener “baja producción”, sabiendo que no es así, comprendiendo que las negativas a las insinuaciones de los supervisores cuestan caro y una debe pagar ese precio. A nosotras se nos exige una alta producción, una disciplina intachable con los horarios, y cualquier permiso depende en última instancia de la voluntad de tu jefatura, que es hombre y disfruta poniéndote el pie encima, y que además, te exige que lo trates como amigo, que le permitas tocarte la cintura, hablarte cerca.

¿A qué voy con esto? A que para nosotras las mujeres trabajadoras, aún falta historia que escribir. De partida, nuestros cuerpos no nos pertenecen, le pertenecen a quienes hacen las leyes, que pueden decidir entre nuestra vida o muerte, nos hacen sentir vulnerables frente a cada situación, y nos enseñan desde muy pequeñitas a competir con nuestras pares, a depender de un otro, a ser muy dóciles y de buen trato, a que a diferencia de los niños, podemos llorar, pero no podemos enojarnos, gritar y decir no cuando queremos decir no. Nos hacen creer que nuestra vida se realiza cuando somos madres, cuando hay muchas mujeres que no quieren serlo, y que estamos destinadas a postergarnos, a que si nos hacen algo que pasa por encima de nuestra voluntad y abrimos la boca para expresarlo, algo debimos haber hecho mal, es decir, incluso cuando somos violentadas y oprimidas, debemos sentirnos impotentes y culpables.

Las mujeres “correanas” nos acercamos a una negociación colectiva. Nosotras como operadoras postales tenemos mucho que pelear, y creo que las carteras también, no está bien que no nos garanticen salas cunas íntegramente, no está bien que las colegas carteras no tengan baños habilitados para sus necesidades, no está bien que los supervisores quieran tocarnos la cintura, abrazarnos, y si decimos que no, nos traiga consecuencias laborales. Ya es momento de que levantemos la voz de las “correanas”, para lograr trabajar dignamente, con mejores condiciones en todos los sentidos, pues lo merecemos, y se lo debemos a nuestra historia de mujeres, y sé que aunque cueste, muchos compañeros hombres se sumarán a nuestras luchas.
Desde una “correana”, un saludo fraternal a todas las mujeres trabajadoras, que este 8 de marzo, conmemoramos un día más de lucha, como todos los de nuestra vida.