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TEATRO // RESEÑA. “Casa Expandida”, una frontera fuera de nuestra propia perspectiva

Durante los viernes de agosto y septiembre a las 22:00, en el Centro Cultural "Rojas" se presenta la obra "Casa expandida" de Jessica Pinkus.

Natalia Rizzo

Natalia Rizzo @rizzotada

Viernes 26 de agosto de 2016

Foto CC Ricardo Rojas

Casa Expandida es nueva pieza de la compañía escénico vocal El Pulso. El punto de partida de la obra sin duda es La Casa, una residencia que se muestra viva en cada forma que van expresando los personajes que conviven allí: dentro; con; a pesar y gracias a ella. Incluso sobre-viven fuera, en los márgenes escarbando o cuestionando los limitantes de lo que intentan componer como una No Frontera.

El Pulso es un espacio de experimentación, formación y creación escénica promovido y dirigido por Jessica Pinkus. En las anteriores producciones de la compañía, era más notorio el desarrollo de la composición escénica a partir de las potencialidades de la voz, en el caso de la Casa Expandida nos encontramos con la voz como un elemento más, dentro de un complejo entramado de disciplinas artísticas que dan vida a una sucesión de actos con un alto despliegue de contenido visual.

Foto CC Ricardo Rojas

Un ciclo de escenas compuestas por seis intérpretes y una exquisita escenografía colmada de objetos pregnantes, que revelan imágenes de mucha profundidad conceptual, desde donde se esparcen interrogantes que no se cierran en formas perfectas y conocidas de nuestro imaginario, sino que se abren a una infinidad de posibles interpretaciones. Una obra que cuestiona hasta nuestra propia capacidad de ver e interpretar/nos.

Reminiscencias a Cortázar y Poe: el relato de casas humanizadas

Cuando pensamos en obras cuya figura estrella es una casa, podemos fácilmente recordar Casa tomada de Cortázar, o bien La caída de la casa Usher de Poe, quizá hasta podemos pensar en el habitáculo múltiple que es el hotel de Norman en Psicosis de Hitchcock. Pero la referencia de la obra de Pinkus podría pensarse de manera más directa, al relato de las dos primeras en el punto donde el espacio-casa es el factor constitutivo del relato narrativo y no el marco, aunque complejo y lleno de significantes -como lo es el caso del Hotel de Bates- donde transcurre la historia. Hallamos referencias al realismo mágico de Cortázar en la composición de imágenes y en la evocación de la casa como sitio seguro y la frontera como un interrogante hacia la libertad.

En La caída de la casa Usher la casa es lo humano que se desmorona, en Casa Tomada, la casa se va humanizando de a poco y así va expulsando a los hermanos que vivían en ella. En Casa Expandida, lo humano está dentro de los cuerpos, pero la casa toda, con ellos dentro, es el cuerpo de la obra, a su vez es la matriz que sustenta y sostiene a los sujetos. Los reinventa, al tiempo que los mata de dolor y los hace renacer con belleza extrema. La casa vive en ellos.

El simbolismo estructural: un espacio dinámico


La casa, los cuerpos

Las voces de los artistas afloran en el canto colectivo, como la voz de la casa, así “ella” comienza a hablar. Los cuerpos transitan, bailan, se desplazan en el espacio, así “ella” comienza a moverse. Se encuentra un límite cuando todo comienza a desmoronarse. Aparece la enfermedad y tiene forma de casa. Afuera de la caverna está la luz que es en esencia libertad. Libertad que permite volver a la cueva, acurrucarse y allí es cuando el habitáculo momentáneamente se transforma en hogar.

Aquél que abraza su guitarra y es arrastrado sobre una silla que a su vez es tirada por cuerdas. Una persona que se divide en mil imágenes. Otra que da vueltas sobre sí misma y dibuja la circunferencia en la que su trayecto queda inscripto. La columna vertebral de la casa hecha de sillas que se apilan torcidas como paredes, transfiere a los cuerpos escoliosis. Un centenar de bolitas de vidrio se esparce musicalmente sobre el suelo que cruje, a la par que se nos desparraman las ideas que interpretan todos esos gestos sublimados.

Conviven y se enfrentan: la objetualización de los cuerpos con la subjetivación del objeto inerte. Una relación compleja que se muestra dócil e inexperta, en un equilibrio que se bandea entre ambos extremos constantemente. Donde nace el objeto de lo humano, vuelve a resurgir nueva y dolorosa, sabia, la casa en un nuevo rasgo de subjetividad. Antes que todo se desmorone, todos vuelven a su estado original y luego vuelven a transformarse, así sucesivamente. Cada vuelta del ciclo, es una escena diferente, una imagen que se expande con el preciosismo de las formas y la profundidad de las ideas.

Foto CC Ricardo Rojas

Ficha Técnica:
Viernes de Agosto y Septiembre a las 22hs
Sala Biblioteca. Av. Corrientes 2038. Entrada: $80
Idea: Jessica Pinkus
Intérpretes: Ramón Ferreri, Marianela Linsalata, María Luz Morcillo, Emilio Pappolla, Rosario Varela, Nadia Villanueva
Diseño de vestuario: Paula Taratuto
Diseño de escenografía: Leni Méndez
Diseño de luces: David Seiras
Realización de vestuario: Florencia Dawoser
Realización de video: Dante Martinez, Carla Vivansen Rivet
Música: Emilio Pappolla, Nadia Villanueva
Ilustrador: Nadia Villanueva
Producción: Compañía Escénico Vocal El Pulso, Analía Panigutti
Dirección: Jessica Pinkus
www.companiaelpulso.com.areb:


Natalia Rizzo

Artista Visual, nacida en 1980, oriunda de Villa Luro. Es profesora Nacional de Bellas Artes y realizó la Maestría en Artes Electrónicas de la UNTREF. Miembro de Contraimagen y del equipo de diseño e ilustración de Ideas de Izquierda.

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