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Red Internacional
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Colusión. Caso colusión: no les basta con la explotación

Después de conocerse el escándalo empresarial que ha copado los medios, queda en evidencia hasta donde está dispuesto el empresariado para satisfacer sus ambiciones. Pero detrás de esto hay más: la realidad de los trabajadores y trabajadoras de CMPC Tissue.

Ulises Núñez

Ulises Núñez Trabajador industrial

Viernes 30 de octubre de 2015

CMPC Tissue, más conocida como “La Papelera” en Puente Alto -la compañía más grande y número uno a nivel nacional en el rubro de los higiénicos- nuevamente está involucrada en un escándalo. Recordemos que en época de dictadura, en la planta de celulosa ubicada en laja, secuestraron, detuvieron, asesinaron e hicieron desaparecer a trabajadores y dirigentes sindicales de izquierda, un caso que aun no se resuelve.

Hoy la empresa está siendo investigada por el caso colusión junto con la compañía SCA, ex Pisa. Se trata de un verdadero cartel para incrementar sus ganancias, las que alcanzaban los 400 millones de dólares entre ambas compañías, copando el 90% del mercado en este rubro.

Las investigaciones del ente responsable revelan que se hicieron un sinfín de acciones y métodos para llevar a cabo el acuerdo. Reuniones en un cuartel de bomberos, comunicación vía celulares con chips de teléfono prepago, envíos de documentos personalizados como partes de matrimonio fijando aumento de precios y porcentajes correspondientes para evitar comunicarse vía mail, entre muchas otras maniobras. Todo esto, con el fin de incrementar sus utilidades.

Utilidades que también incrementan en base a la explotación de sus trabajadores y de la mano de los dirigentes sindicales pro empresa, como es el caso de CMPC Tissue.
Esta compañía, está instalada en más de diez países de América, contando con cerca de 18.000 trabajadores. Las condiciones laborales, no son lejanas a la realidad de millones de trabajadores en el mundo.

A pesar de ser un monstruo de las forestales, en La Papelera sólo le otorgan colación a los del turno de mañana, a quienes en algunas secciones les llevan el almuerzo prácticamente al puesto de trabajo, sin interrupción de labores. Se come cuando se puede. Los operarios y ayudantes pasan en algunas ocasiones hasta doce horas de turno en la planta, cubriendo puestos por la baja dotación; la empresa prefiere pagar horas extras para no contratar personal; los turnos rotativos no permiten un descanso adecuado, lo que provoca roces entre compañeros por discusiones insignificantes.

Pero todo esto y mucho más se aplica con la colaboración de los dirigentes sindicales, quienes les llaman autómatas a los compañeros que trabajan horas extras para poder incrementar los bajos salarios que reciben gran parte de ellos.

Las asambleas, 1 o 2 al año, son de muy baja asistencia, porque la lógica de la dirección es sumamente autoritaria. Nada se les consulta a las bases del sindicato, todo se informa como ya concretado, hay cero democracia, y quienes alzan la voz muchas veces son despedidos. Por lo mismo, la participación de los socios es casi nula, lo que les ha servido para prácticamente silenciar al organismo sindical. De esta forma, las negociaciones se realizan entre la empresa y el presidente del sindicato, quien además ocupa un cargo en gerencia.

Así es como funcionan muchas empresas y dirigentes sindicales, en desmedro directo de las trabajadoras y trabajadores, cada vez más explotados y consumidos por el capitalismo, haciendo que tengamos que devolver los sueldos de hambre, pagando por los productos que nosotros mismos producimos.

Hasta qué punto está dispuesta a soportar la clase obrera, corrupción, colusión, burocracia sindical, explotación y opresión, para organizarse y darle una salida de clase e independiente de las variantes patronales a los abusos del empresariado?