El escenario todavía es fluido, se está terminando de configurar y creo que difícilmente se asiente en el proceso que va desde las Primarias hasta las elecciones generales. Lo cierto es que el Gobierno intentó cerrar la crisis por arriba, es decir la disputa abierta que se expresó luego del resultado de las Primarias entre Cristina Kirchner, La Cámpora y el sector más afín con Alberto y una parte del gabinete y los gobernadores, que se alinearon con el presidente. Pero la resolución de ese enfrentamiento, o el cierre parcial si se quiere, se da empoderando a una parte del peronismo más conservador. Manzur es una expresión muy muy clara, con sus lazos con la Iglesia católica, con la derecha israelí, con su trayectoria no sólo en lo que hace a las posiciones anti aborto sino, también, en haber sido el responsable de garantizar el apoyo de los gobernadores, del peronismo a las leyes macristas. Elegir a Manzur como jefe de Gabinete no es para avanzar en la separación de la Iglesia del Estado, ni en tocar el interés de los más poderosos. De hecho, una ley que está bloqueada hoy en el Congreso y que va a perder estado parlamentario si no se trata rápidamente, es la ley de etiquetado frontal. Pero difícilmente avance con Manzur, que expresa el interés de las azucareras de su provincia. Lo mismo Julián Domínguez en lo que hace a los grandes propietarios agrarios: no es para avanzar sobre los que se quedan con el grueso de la renta de la tierra. Es un gabinete que se ha corrido a la derecha del gabinete que había antes. El gabinete económico no se tocó y que lo que se modificó fue para poner personajes del peronismo más rancio y conservador. Con lo cual las expectativas de una parte muy importantes de los votantes de 2019 de Alberto Fernández de que con este gobierno se iban a hacer cambios progresivos y va a revertir la herencia macrista sufrieron un nuevo golpe y una nueva desilusión. Lo que se verifica es que el señalamiento que hicimos durante la campaña presidencial del 2019 respecto de que era imposible conciliar asumir la deuda de Macri y pagarles a los acreedores privados el FMI, con la aspiración popular de llenar la heladera es lo que se ha quedado completamente verificado. Existe esa incompatibilidad estructural en querer conciliar esas dos cuestiones. Hay que decir también que no es que la oposición de derecha creció. El voto que perdió el Gobierno no fue hacia Juntos, salvo en una muy pequeña medida. La mayoría del descontento se expresó bien no yendo a votando en blanco, o incluso, votándonos a nosotros, al Frente de Izquierda. El Frente de Izquierda hizo una elección muy importante, constituyéndonos en tercera fuerza nacional y en la Provincia de Buenos Aires; en Jujuy con Alejandro Vilca, con casi el 24 % de los votos; con una gran elección de Myriam Bregman en la Ciudad; de Nico del Caño en la Provincia, en algunos municipios con resultados muy buenos. Vamos a desarrollar esta campaña señalando la necesidad de que haya diputados y diputada de izquierda, una bancada de la izquierda en el Congreso para enfrentar lo que se viene, para enfrentar el pacto con el FMI y para pelear por un conjunto de salidas favorables al pueblo trabajador. Además, vamos a insistir con nuestro planteo de la necesidad de reducir la jornada laboral a 6 horas, sin afectar el salario, con un mínimo que cubra la canasta familiar. Para repartir el trabajo entre ocupados y desocupados, frente a un planteo que la gran patronal y distintos candidatos están enarbolando, que es una reforma laboral que prive de derechos a los que por ahora los mantienen. El Gobierno rechaza de palabra la reforma laboral. Pero ya la vienen implementando de hecho, en numerosos sectores. Ya sea los que fueron privados y no recuperaron sus derechos. Por ejemplo, la gran mayoría de la juventud trabaja hoy sin aguinaldo, sin vacaciones, sin derecho a indemnización, sin derecho a la sindicalización, con distintas formas de fraude laboral. Desde las apps de reparto a domicilio hasta a quienes están en distintas áreas, incluyendo el Estado, tienen que pagar el monotributo, encubriendo la relación laboral. O directamente con una relación laboral absolutamente informal. Y, además, los propios burócratas sindicales alineados con el gobierno son los que van incorporando parte de esta pérdida de derechos en los convenios. Por ejemplo, salió que un aliado del gobierno -quien está al frente del Smata, Ricardo Pignanelli- está pactando en la empresa Toyota un convenio. El Gobierno ha sido campeón en mantener esto, más allá de que ahora de palabra, por una conveniencia electoral, cuestione lo que presentaron Martín Lousteau y otros. Estos proyectos, además de ser inconstitucionales, no tienen ninguna verificación en los hechos.Tratan de instalar un discurso de que la informalidad y la desocupación son por culpa de la existencia de convenios con niveles de protección laboral. Pero eso es falso. En primer lugar, en el convenio que ellos ponen como eje de la Uocra, donde hay una alta tasa de informalidad que supera el 50%, cuando en otros convenios la tasa de informalidad es casi cero, a pesar que tienen la indemnización y otros derechos consagrados. No hay ninguna relación entre el nivel de flexibilización laboral y falta de informalidad o creación de trabajo. En los 90 se flexibilizó brutalmente y el desempleo creció en forma exponencial. De cara al 14 de noviembre, el desafío táctico obviamente es poder consagrar una bancada de izquierda a favor de la clase trabajadora, lo más amplia posible. Donde la posibilidad de la entrada, en la Ciudad de Buenos Aires, por primera vez en más de 20 años de un diputado o diputada de izquierda como Myriam Bregman está cerca. Pero hay que redoblar la campaña. Lo mismo en Provincia de Buenos Aires, donde aspiramos a renovar las bancas Nicolás del Caño y Romina del Pla, que encabezan las listas. Así como también la posibilidad de entrar a varios Concejos Deliberantes y nuevamente a la legislatura provincial. Y la entrada en Jujuy, donde es el otro gran desafío, además de provincias donde vamos a dar pelea como Mendoza, Córdoba y otras donde hemos tenido muy buenos resultados, como Neuquén y Chubut, por mencionar algunas. El Frente de Izquierda tiene ese gran desafío, sabiendo que las bancas no son un fin en sí mismo. Para nosotros son un medio para apoyar y aportar a la organización y la lucha independiente de la clase trabajadora, para estar acompañando en las calles la lucha del pueblo trabajador por sus demandas por el salario, contra los despidos, en las luchas socio-ambientales, en las luchas del movimiento de mujeres y por una salida más estratégica, que es terminar con la dominación de la burguesía, la clase responsable que nos ha llevado a esta decadencia nacional. Y lograr conquistar un gobierno de las y los trabajadores, que empiece a revertir toda esta situación para superar la anarquía del mercado capitalista actual, que lleva a estas irracionalidades que estamos viendo no sólo en nuestro país, sino en el mundo. Para lo cual necesitamos construir una fuerte militancia, que sea un mayor a la que la que hoy tenemos. En los barrios, en las fábricas, en los lugares de estudio, de trabajo, con la capacidad de aportar a la movilización del conjunto de la clase trabajadora. Porque el programa de la gran burguesía ya lo sabemos: es imponer esa reforma laboral reaccionaria y aumentar los niveles de explotación de la clase trabajadora. Ellos se mueven sólo en función del aumento de su ganancia. Hay que prepararse para esos choques. El Frente de Izquierda y el PTS estamos en función, en la propia campaña electoral, de favorecer ese proceso de organización independiente y movilización de la clase trabajadora, de todos los sectores populares.