Pequeños focos de infecciones que contienen restos de saliva de la gente y que provoca la muerte de algunos animales como aves o ardillas por ingerirlos.
Miércoles 16 de agosto de 2017
Cada noche, cientos de trabajadores recorren las principales calles y avenidas de la ciudad enfrentando a la plaga negra.
La administración capitalina, a través de la Autoridad del Centro Histórico, coordina brigadas de trabajadores, quienes tienen suerte lo hacen con sistemas de alta tecnología (holandesa-alemana) denominados “terminators”, quienes no la tienen retiran una a una las gomas de mascar embutidas en el suelo estando de rodillas armados con cuñas de acero, estopa y gasolina.
“Estudios realizados han reportado 40,000 tipos de bacterias depositadas en los chicles de la calle Madero, incluyendo E. coli, Proteus y salmonella. Las aves también comen el plástico desechado y se estrangulan”, dijo. Rosa Isela Martínez, directora de la próxima campaña por la concientización de la relación del chicle y la Ciudad de México.
Aunque desde 2011 se ha registrado un decremento en el retiro del número de chicles en el andador Madero, el gobierno capitalino ha declarado que el costo en el retiro de cada chicle en el pavimento oscila entre 0.70 y 2.50 pesos. La frecuencia de limpieza es de hasta tres veces a la semana -en los cruces de Palma, Isabel la Católica y Bolívar-, por ejemplo.
Incluso armados con los Terminators, los removedores de chicles enfrentan a la plaga negra bajo precarias condiciones laborales.
Tienen que soportar jornadas de limpieza nocturnas y extenuantes. Las brigadas están integradas por 12 trabajadores o menos, quienes equipados con guantes y cubre bocas no especializados, son los encargados de limpiar los 9 mil metros cuadrados del corredor Madero y los 27 mil metros cuadrados de la plaza de la república, en donde se calcula que se levantan más de un millón de chicles al año.